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Violencia de género, agravio de urgente atención

Violencia de género, agravio de urgente atención
octubre 31
2019

Tras la marcha realizada por numerosas organizaciones feministas, la problemática de la violencia hacia las mujeres está en la mira y requiere acciones inmediatas. 

Entre agosto y septiembre, en varias ciudades del país, se realizaron marchas convocadas por colectivos feministas en contra de la violencia que sufren las mujeres.

Tuvieron lugar actos de vandalismo y violencia, y en la conversación pública se presentaron argumentos de distinta índole. Por un lado, se subrayó que los destrozos al mobiliario urbano fueron una forma efectiva de hacerse oír y que,en última instancia, eran reflejo de una indignación legítima; por el otro, sin desconocer la validez de las demandas, se puso énfasis en que los actos vandálicos y violentos eran contraproducentes y restaban apoyo al movimiento.

En paralelo, se señaló la injerencia de intereses políticos, algunos relacionados con las disputas internas del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). A este respecto, se pueden formular hipótesis acerca de los móviles de quienes,mediante el patrocinio de la violencia, buscaron obtener ventajas políticas.

Hace algunos años, la actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México (CDMX) afirmó que el vandalismo y la violencia en las manifestaciones son, por regla general,promovidos por las propias autoridades. Esta aseveración resultaba eficaz cuando el gobierno local y el federal tenían diferente origen partidario. El problema es que ya no es así, y si se acepta la idea de la provocación con el fin de deteriorar aún más la imagen de Claudia Sheinbaum, los autores materiales deberían buscarse en las filas del partido Morena.

Tampoco debería desdeñarse la posibilidad de que grupos cercanos a alguna “hermandad”policial hayan generado la violencia con el fin de desacreditar un movimiento que, de manera clara, ha señalado la responsabilidad de la propia policía ante la comisión de los delitos contra las mujeres.

Al margen de este debate, no debe perderse de vista el fondo de la problemática,gestado desde hace años. Incluso, se pueden rastrear antecedentes como los asesinatos de las empleadas de maquiladoras en Ciudad Juárez, Chihuahua. Sin embargo,en años recientes, el problema se ha generalizado y está presente a lo largo y ancho de este país. No deja de ser irónico que, desde la aprobación en 2007 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, los delitos contra las mujeres no han hecho más que aumentar.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero y junio de este año se registraron 25,277 casos por delitos contra la libertad y la seguridad sexual (violación simple y equiparada,hostigamiento y acoso sexual, abuso sexual e incesto, entre otros). De igual manera, durante los primeros siete meses de 2019 se acumularon 540investigaciones por feminicidios, lo que representó un aumento de 9.3% respecto al año pasado.

En este marco, deben hacerse notar las atroces cifras relativas a la violencia en contra de niñas y adolescentes. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 1998 y 2018, fueron asesinadas 4,526 niñas menores de14 años; esta cifra se elevó a 26,244 en el caso de las adolescentes de entre15 y 19 años.

Se entiende que no es casualidad que entre los casos más sonados de violación estén los asesinatos y violaciones perpetrados contra adolescentes.

Es importante resaltar que no estamos sólo frente a un problema de seguridad; pues éste es, sobre todo, una cuestión de discriminación y de devaluación de la mujer, cuyos orígenes se hallan en el seno mismo de las familias y se reproducen en los distintos ámbitos de la vida social. Algo falla en nuestras formas de convivencia y socialización, lo que exige adoptar estrategias encaminadas a modificar la manera en que procesamos y afirmamos nuestra identidad ante los otros y relaciones con los demás.

Desde un punto de vista político, un aspecto que vale la pena destacar es la falta de empatía mostrada ante los hechos por parte de la autoridad, tanto local como federal, que puso el acento en el vandalismo y en la provocación y no en las razones mismas de la indignación.

El presidente, hasta ahora, no ha mandado un mensaje de solidaridad y apoyo a las mujeres agraviadas. Sólo hizo un llamado a la autolimitación, al tiempo que protegió a la jefa de gobierno del “fuego amigo” y la respaldó por no usar la fuerza.

Es más, en la mañanera del 22 de agosto, se le preguntó a Andrés Manuel López Obrador sobre la estrategia para combatir los feminicidios y su respuesta escueta fue que de eso se encargaría la Guardia Nacional. No hubo ninguna mención a las demandas enarboladas por el movimiento feminista (por ejemplo,decretar la alerta por violencia de género en la CDMX); tampoco se refirió a la posibilidad de reforzar las instituciones del propio Estado mexicano (como la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres)para que cumplan cabalmente con su mandato.

La problemática se ha visibilizado. Los grupos feministas ya lograron que se les escuche y, por lo pronto, Claudia Sheinbaum accedió a sentarse en una mesa de negociación para analizar propuestas de solución; de igual manera, la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, afirmó que ella y la jefa de Gobierno evalúan declarar la alerta por violencia de género.

Ahora es indispensable que los grupos que luchan por erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres sean capaces de mantener las demandas en un sitio relevante de la agenda nacional. Asimismo, se requerirá de capacidad de diálogo e incidencia sobre las políticas públicas, los programas y las medidas específicas necesarias para combatir este flagelo.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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