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Venezuela, una crisis con implicaciones internacionales

Venezuela, una crisis con implicaciones internacionales
febrero 25
2019

Se prolonga y se profundiza la crisis política y humanitaria en Venezuela. La revolución bolivariana llegó al límite de sus posibilidades en el momento mismo en que el precio internacional de petróleo cayó. El golpe fue demoledor en virtud de la poco diversificada estructura productiva de este país sudamericano.

En paralelo, la política económica, aplicada desde la época de Hugo Chávez, al optar voluntaristamente por poner bajo el control del poder político las principales variables de la economía, anunciaron desde un principio los problemas de desabasto e inflación. A ello cabe agregar el discurso cada vez más beligerante del régimen y su política de nacionalizaciones. Así, se creó un clima de incertidumbre que destruyó la confianza de los inversionistas.

Con el transcurso del tiempo, las consecuencias son visibles: la más alta tasa de inflación a nivel mundial, desabasto de todo tipo de bienes, desde alimentos hasta medicinas, deterioro de los servicios públicos, amén del incremento de los índices de violencia e inseguridad.

Pero la respuesta del régimen jamás consideró una posible rectificación. Lejos de ello, se mantuvo el rumbo, se redoblaron las acciones en contra de la libertad de expresión y, sobre todo, se desató una feroz represión contra las manifestaciones de inconformidad de la ciudadanía. De hecho, se puede afirmar que el principal sostén del gobierno de Maduro es el ejército, que ha visto aumentar sus prebendas y una amplia gama de beneficios derivados del control que se le ha conferido sobre áreas clave de la economía.

Desde el punto de vista político, Venezuela ejemplifica un patrón típico de evolución de un gobierno populista. La gran popularidad de Chávez, alimentada en una política social clientelar a su vez financiada con los recursos petroleros, le dio solidez al régimen y aun prestigio internacional vía diplomacia petrolera.

El proceso de concentración del poder sorteó los pocos obstáculos legales aún en pie y, en paralelo, se produjo el avasallamiento de las visiones críticas por un discurso oficial que descalificó toda visión alternativa. A partir de ahí, tuvo lugar el asalto abierto a las instituciones: el gobierno bolivariano se hizo del control de la autoridad electoral, al tiempo que subordinó a los poderes Judicial y Legislativo.

La muerte de Chávez, sin embargo, abrió una ventana de oportunidad en 2015, cuando en las elecciones constitucionales de ese año la oposición logró una amplia mayoría en el órgano legislativo (Asamblea Nacional).

A partir de ese momento, el conflicto político y social agregó una dimensión constitucional. Echando mano de las instituciones sobre las que mantenía el control, Maduro intentó desconocer a la Asamblea e, incluso, convocó a elegir una Asamblea Constituyente a modo que le permitiera ignorar a la Asamblea Nacional; ésta ha continuado activa con base en el mandato aún vigente derivado de las elecciones de 2015.

Con este telón de fondo, el diputado Juan Guaidó fue nombrado presidente de la Asamblea Nacional y con base en la Constitución, que establece que, ante la falta del presidente, el líder de la Asamblea Nacional debe convertirse en presidente encargado y convocar elecciones, también se erigió presidente encargado. El argumento de Guaidó es que la elección mediante la cual Maduro fue reelecto careció de legitimidad (por ejemplo, se evitó la participación de los principales liderazgos de la oposición) y que, por tanto, se cumple con el requisito de ausencia del presidente.

Desde luego, no hay en Venezuela una instancia legítima reconocida por las fuerzas en pugna con capacidad para resolver satisfactoriamente el diferendo constitucional. De ahí la relevancia que ha adquirido la postura internacional. En primer lugar, fueron el gobierno de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos y las naciones integrantes del Grupo de Lima (con excepción de México) quienes reconocieron a Guaidó y urgieron a la celebración de elecciones como vía indispensable para resolver la crisis. Posteriormente, algunos miembros prominentes de la Unión Europea (España, Alemania, Francia y el Reino Unido) demandaron a Maduro celebrar elecciones. Esta postura fue oficialmente asumida por el Parlamento Europeo y, en estos momentos, casi todos los miembros de Unión presionan en favor de nuevos comicios.

Esta postura ha sido ratificada por el Grupo de Contacto Internacional (integrado por algunas naciones latinoamericanos que no forman parte del Grupo de Lima, tales como Costa Rica y Uruguay, europeas y la titular de la cartera de relaciones Exteriores de la Unión Europea, Federica Mogherini) que busca establecer canales de comunicación con el gobierno de Maduro para acordar las condiciones bajo las cuales deban celebrarse nuevas elecciones.

De esta manera, un conflicto en sus orígenes doméstico, en la medida en que ha escalado la crisis política, económica y humanitaria, se ha convertido en un asunto de interés incluso geopolítico. El gobierno de Estados Unidos, acérrimo crítico del experimento bolivariano, adoptó una actitud más proactiva cuando el diputado Juan Guaidó saltó a la palestra: la heterogénea y dispersa oposición venezolana apreció por primera vez unida bajo una misma bandera. Esta definición de los campos contendientes permite a Washington, al cobijo de otras naciones y una causa cuya legitimidad es ampliamente reconocida por la comunidad internacional, presionar la salida de Maduro y deshacer las redes de apoyo que su gobierno ha construido con Rusia, China, Irán y Turquía.

Por su parte, Rusia no parece muy dispuesta a renunciar a un aliado ubicado prácticamente a las puertas Estados Unidos y que, además, ofrece oportunidades de negocio y de proyección como factor real de poder. China, en cambio, ve en Venezuela un eslabón más de su estrategia de diplomacia económica. El avance chino en la región ha sido consistente; de ahí que no parezca dispuesto a retroceder en un terreno prometedor como Venezuela.

La crisis política, económica y humanitaria de Venezuela alcanzó grados de polarización que cuestionan la viabilidad de una solución negociada. La alternativa de la permanencia de Maduro, apoyado por las fuerzas armadas, se antoja intransitable para la oposición, en tanto que la propuesta de nuevas elecciones, bajo nuevas reglas y el escrutinio internacional, tampoco parece aceptable para el chavismo. En este contexto, la vía de salida dependerá, por un lado, de la presión ciudadana e internacional y, por otro lado, de la disposición del régimen de seguir siendo sostenido por el ejército en medio de un creciente aislamiento internacional.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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