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Venezuela: El ocaso del chavismo

Venezuela: El ocaso del chavismo
febrero 01
2016

La mayoría que obtuvo la oposición venezolana es fruto de las violaciones a los derechos humanos y la crisis económica en las que vive la sociedad, y también es el reflejo del proceso de cambio por el que están pasando otros países como Argentina y Brasil.

Las encuestas ya presagiaban el triunfo de la oposición. Lo que no se previó fue la magnitud del descalabro sufrido por el oficialismo bolivariano. De acuerdo con los datos oficiales dados a conocer por el Consejo Nacional Electoral (CNE), la alianza opositora de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) obtuvo una mayoría calificada de 112 diputados, mientras el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) solo obtuvo 55 escaños. La oposición tendrá una mayoría calificada que le dará amplias facultades para incidir en la orientación de la política venezolana.

De acuerdo con la Constitución venezolana, entre estas facultades vale la pena destacar las siguientes:

  • Someter a referendo aprobatorio los proyectos de Ley que discuta la Asamblea Nacional (artículo 73).
  • Someter a referendo los tratados, convenios o acuerdos internacionales que pudieren comprometer la soberanía nacional o transferir competencias a órganos supranacionales (artículo 73).
  • Admitir todo proyecto de Ley orgánica, salvo el que la Constitución califique como tal (artículo 203) con la participación de las dos terceras partes de los Diputados presentes en la sesión.
  • Modificar de las Leyes orgánicas (artículo 203).
  • Remover a los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, previa audiencia concedida al interesado, en caso de faltas graves ya calificadas por el Poder Ciudadano (artículo 265).
  • Escoger los titulares de los órganos del Poder Ciudadano que sean propuestos a su consideración por parte del Comité de Evaluaciones de Postulaciones del Poder Ciudadano (artículo 279).
  • Tener la iniciativa de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (artículo 348).

Resulta evidente que la concentración de todas estas facultades en manos de la oposición representa una seria amenaza para el presidente Maduro. De ahí sus ambiguas amenazas acerca de lo que podría ocurrir en caso de un triunfo opositor. Sin embargo, la amplitud de la derrota, cuya contundencia merece ser subrayada a partir del hecho de que estos comicios fueron ampliamente concurridos (se verificó una participación de 74.25% del padrón electoral), el Primer Mandatario no tuvo más remedio que reconocer la derrota, si bien no lo consideró un fracaso de su gobierno, calificó el resultado electoral como circunstancial y fruto de la guerra económica que el imperialismo y la reacción desencadenaron sobre el socialismo bolivariano.

Las causas de la derrota del chavismo son ampliamente conocidas. En primer lugar, destaca el clima de inseguridad y violencia en que se halla sumida la sociedad venezolana. A este respecto, basta con señalar que el índice de homicidios dolosos es superior al registrado por países como Brasil, Colombia y México. En segundo lugar, y este es un factor decisivo, la profunda crisis económica que azota a Venezuela y que se expresa en un desabasto generalizado, incluso de bienes de consumo de primera necesidad, una inflación desbocada (la más elevada a nivel mundial), así como en la caída de la inversión y del nivel de actividad productiva.

En tercer lugar, las graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos y las restricciones a las libertades básicas, principalmente la libertad de asociación y la libertad de expresión, hecho que distanció de manera irreparable al régimen de la clase media, los intelectuales y la mayoría de los estudiantes universitarios.

El resultado electoral de Venezuela está enmarcado en un proceso de reflujo de la oleada populista que ganó en varias naciones de América Latina.»

Todos estos problemas se vieron exacerbados por el agotamiento del combustible que había permitido al régimen conservar capacidad de maniobra. En efecto, la caída de los precios del petróleo significó el agotamiento de la fuente de recursos que financió la larga lista de programas sociales de franco corte clientelar y que, hasta hace poco, había sido clave para conservar el apoyo de los sectores más empobrecidos de la población. Así pues, la oposición se alzó con la victoria, pese a lo disparejo de la cancha (por ejemplo, autoridades electorales nombradas a modo por el partido gobernante, dificultades de la oposición para difundir sus mensajes y manipulación de la geografía electoral con el fin de dar mayor peso a las regiones donde el oficialismo es más fuerte).

El resultado electoral de Venezuela se inscribe en el marco de un claro proceso de reflujo de la oleada populista que ganó el poder en varias naciones de América Latina. La derrota de Cristina Fernández en Argentina y las dificultades que enfrenta el gobierno brasileño dan cuenta de la inviabilidad de un modelo que solo funciona cuando los altos precios de los bienes primarios que exportan lo permiten. Tanto para Venezuela como para Argentina y Brasil se acabaron los tiempos de las vacas gordas.

Ahora la pregunta es hacia dónde se encamina Venezuela. De entrada, la duda es si la oposición podrá, desde el Poder Legislativo, modificar el modelo político y económico de la revolución bolivariana. Tendrá grandes facultades formales, pero el ejercicio del gobierno seguirá en manos del presidente Maduro, quien ya anunció que no será tan fácil desmontar la herencia de Chávez. Un ejemplo de lo que puede hacer lo muestra la presión ejercida sobre 12 magistrados para que solicitaran su renuncia anticipada con el fin de permitir a Maduro nombrar reemplazos a modo antes de que se renueve la Asamblea. Y si bien es cierto que la Asamblea podrá, en su momento, revertir estos nombramientos, lo que se perfila en el horizonte inmediato es un juego de gran desgaste entre dos poderes que estarán mutuamente ventando sus respectivas resoluciones.

Bajo estas condiciones, y para decirlo coloquialmente, la oposición se sacó el tigre en la rifa. El desastre institucional y económico es de tal envergadura que la reconstrucción del andamiaje legal y regulatorio, así como echar a andar una economía poco productiva y en gran medida dependiente del petróleo se antoja cuesta arriba. Y a este hecho habrá que añadir que la coalición opositora carece de unidad; de hecho la Mesa de Unidad Democrática está conformada por 20 partidos y agrupaciones políticas distintas. La MUD se coaligó en aras del objetivo común de derrotar al oficialismo, pero definitivamente no posee un programa claro y ni siquiera un consenso amplio respecto a los pasos a seguir una vez que la Asamblea opositora entre en funciones.

Seminario político
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