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TPP: Incertidumbres y oportunidades

TPP: Incertidumbres y oportunidades
diciembre 01
08:00 2015

Se prevé que con el Trans Pacific Partnership se reconfigure el orden económico internacional por el peso de los 12 países que lo integran. México tendrá que aclarar los mecanismos específicos y los efectos concretos.

En Atlanta, Georgia, 12 economías con costas en el Océano Pacífico, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos de América (EUA), Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, finalizaron las negociaciones para la conformación del Trans Pacific Partnership (TPP), un histórico pacto comercial que está llamado a convertirse en un referente clave de la reconfiguración del orden económico internacional. Esta afirmación se sustenta en tres razones principales:

[1] El enorme peso de estas 12 economías a nivel internacional: representan 40% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y 25% del comercio de bienes y servicios a nivel global, factores que, de suyo, son argumentos relevantes para convertir a esta zona de libre comercio en el polo dominante del intercambio mundial.

En el caso de México, hay pocas dudas respecto a la aprobación del TPP. No obstante, vale la pena reflexionar en torno a los beneficios y eventuales costos.”

[2] La naturaleza novedosa del acuerdo, pues a diferencia de la mayor parte de los acuerdos de libre comercio, el TPP incluye temas que son cruciales para la economía contemporánea, por ejemplo, la propiedad industrial y una amplia gama de tópicos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación, amén de los temas tradicionales (desgravación arancelaria, compras de gobierno, reglas de origen, etcétera).

[3] Su clara intencionalidad geopolítica, pues resulta clara la vocación de establecer la zona económica más dinámica y competitiva del mundo y así erigir una barrera de contención a la expansión de la economía china. No es gratuito que haya sido EUA, secundado por Japón, el principal promotor de este acuerdo. La apuesta estadounidense es no perder su papel como eje gravitacional de la economía en una fase más evolucionada de la globalización.

Establecida la relevancia estratégica del TPP, lo que todavía no queda claro es cuáles serán los mecanismos específicos y los efectos concretos del acuerdo sobre las 12 economías signatarias. Si en algo han coincidido los críticos del acuerdo es en que no se conocen realmente sus contenidos. La discreción fue una constante del proceso de negociación. Y si bien se puede conceder el beneficio de la duda respecto del exceso de publicidad sobre los avances de las negociaciones, en contraste con otros procesos de negociación, la construcción de acuerdos en el seno del TPP sí fue bastante opaco. A manera de contraejemplo, está la amplia cobertura informativa y los debates en torno a la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sobre todo la fluidez de los mecanismos de consulta con los distintos sectores de la actividad productiva potencialmente afectados.

En este sentido, no es aventurado sostener que, una vez concluidas las negociaciones, el futuro del TPP no está garantizado, pues antes de su entrada en vigor los Congresos de los 12 países firmantes deberán aprobar el acuerdo. Vale la pena apuntar que, según las reglas pactadas, no es indispensable que el acuerdo sea aprobado por los 12 congresos. Es suficiente con las instancias legislativas de aquellos países cuyas economías representen el porcentaje mayoritario del PIB agregado de los 12 socios. Este hecho deja claro que la concreción del TPP depende de que este sea aprobado por el Congreso de su principal promotor: EUA. El problema es que el ascenso del populismo de derecha en el Partido Republicano ha puesto a la defensiva a los precandidatos demócratas que, por razones estrictamente electorales, se han visto precisados a deslindarse del acuerdo, tal como lo ilustra el caso de Hillary Clinton. La interrogante que se plantea es si, por razones electorales, los republicanos estarán dispuestos a sacrificar un acuerdo orientado a consolidar la posición de EUA como motor de la economía mundial a cambio de infligir una derrota política al presidente Obama.

En el caso de México, hay pocas dudas respecto a la aprobación del TPP. No obstante, sin caer en posturas proteccionistas y a reserva de que se vayan conociendo los detalles de lo negociado, vale la pena reflexionar en torno a los beneficios y eventuales costos del TPP para México.

De entrada, se puede señalar que con el TPP se constituye un mercado de más de 800 millones de personas. Sin embargo, México ya tiene tratados de libre comercio con cinco de los integrantes del acuerdo (EUA, Canadá, Japón, Chile y Perú), por lo que, en realidad, el mercado potencialmente nuevo asciende a 150 millones de consumidores. Y, en realidad, las posibilidades de incrementar sustancialmente las exportaciones hacia aquellos países con lo que no se tienen suscritos acuerdos de libre comercio son reducidas; de hecho, el saldo comercial de México con estos países es deficitario. Más aún, Malasia, Singapur o Vietnam se caracterizan por tener economías enfocadas a la manufactura, por lo que competirán de manera directa con México para vender a EUA, al tiempo que, por la parte agropecuaria, la competencia será particularmente intensa con Nueva Zelanda (en el caso de los cárnicos y lácteos) y con Australia (en el del azúcar).

El anterior razonamiento no significa que el TPP carezca de relevancia para la economía mexicana. Es cierto que difícilmente contribuirá a diversificar nuestras exportaciones. Pero el punto a destacar es que las razones estratégicas de formar parte del acuerdo tienen más que ver con la necesidad de no perder presencia en el mercado norteamericano que con las exportaciones adicionales que se podrían canalizar al sureste asiático.

Bajo la óptica geopolítica, para EUA el TPP le ofrece una plataforma de crecimiento y elevación de capacidad competitiva que la que le ofrece el TLCAN. Asimismo, el TPP también representa un factor clave para contrarrestar la creciente influencia económica de China. Todo indica que el nuevo acuerdo implicará la revisión del TLCAN, así como la extensión de las ventajas con las que actualmente cuenta México para ingresar al mercado estadounidense, a países con políticas comerciales muy agresivas; de ahí la necesidad de ser parte de las negociaciones en torno a las ventajas que los futuros socioscompetidores tendrán para acceder a un mercado donde México tiene una presencia significativa.

Seminario político
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