Veritas Online

Entorno

TLCAN, inicia la renegociación

TLCAN, inicia la renegociación
octubre 01
07:00 2017

Después de que se mostraron las posturas iniciales, parece que será un proceso difícil, en el cual intervendrán diversos factores, entre estos los propios intereses políticos de Donald Trump, los cuales podrían complicar más la negociación.

Inició la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Se avecina un proceso difícil, no solo por su complejidad técnica, sino sobre todo por las implicaciones políticas. Las primeras tomas de posición de los tres países preludian dichas dificultades; de hecho, varios medios han subrayado la actitud beligerante de los Estados Unidos de América (EUA), al tiempo que The New York Times señaló que la negociación empezó con el pie izquierdo.

Al margen de las lecturas a menudo poco matizadas de los medios, lo cierto es que un primer gran obstáculo a sortear se relaciona con los objetivos divergentes que busca satisfacer el gobierno de Donald Trump y los objetivos que persiguen México y Canadá. El ejemplo más claro de estas diferencias lo ofrece el tema del déficit comercial. Mientras EUA, con una retórica que recuerda al mercantilismo del siglo XVII, señala su déficit comercial como prueba de las deficiencias de un acuerdo, cuyas reglas son injustas para la industria de aquel país, México y Canadá insisten en que el propósito de un acuerdo comercial no es equilibrar la balanza comercial, sino incrementar los flujos de comercio e inversión y, principalmente, elevar la capacidad competitiva de la región frente a otras regiones.

No es este el único asunto polémico. Muy ligada con el tema del déficit está la cuestión de las reglas de origen, particularmente en el sector automotriz. En la actualidad, para que un automóvil quede exento del pago de aranceles se requiere que, al menos 62% del valor de sus componentes, sea de origen norteamericano. EUA quiere elevar dicho porcentaje con el objetivo de aumentar la participación de autopartes estadounidenses. México se opone, en tanto Canadá rechaza la idea de imponer reglas de origen para países específicos.

Otro punto de desencuentro es el referente a los mecanismos de solución de controversias. EUA aspira a eliminar el capítulo 19 del Tratado que establece la posibilidad de acudir a un panel imparcial de expertos. La idea es que las controversias en las que puedan verse envueltas las empresas de aquel país se diriman en tribunales norteamericanos y con base en su propia legislación. México y Canadá se oponen y, de hecho, para este último país la vigencia del capítulo 19 es un punto innegociable.

Mención especial merece la cuestión laboral y en particular la relativa a los salarios. Para EUA y, en menor medida también para Canadá, los niveles salariales imperantes en la economía mexicana representan una competencia desleal. No se debe perder de vista que el diferencial salarial entre México y sus dos socios comerciales es brutal. A manera de ejemplo, de acuerdo con datos oficiales, mientras en México el salario básico es de 0.54 dólares por hora, en EUA y en Canadá es de 7.25 y 10 dólares por hora, respectivamente. Ciertamente, los bajos niveles salariales son una importante asignatura pendiente sobre la que hay que trabajar de inmediato. Sin embargo, debe considerarse que un proceso de alineamiento de los salarios en México con los de sus socios comerciales es, por definición, lento y no puede ser decretado a través de un acuerdo comercial.

Se ha insistido mucho, sobre todo por parte del gobierno mexicano, que después de 23 años el TLCAN requiere ser actualizado. Hay toda una serie de temas que, en la negociación original ni siquiera existían. El caso emblemático es el del comercio electrónico. Tal vez sea en este campo donde la negociación enfrente menos obstáculos, ya que muchos de estos temas novedosos fueron acordados en el marco de las negociaciones del Trans-Pacific Partnership (TPP). Resulta paradójico que un acuerdo rechazado por la administración Trump se convierta en referente del proceso de renegociación.

Desde una perspectiva política es necesario matizar y ubicar los posicionamientos de los tres países en su contexto. Es innegable que, como lo han resaltado los medios, el tono del discurso de Lighthizer fue agresivo, al tiempo que enfatizó los temas de mayor discrepancia. Retomó gran parte del discurso proteccionista esgrimido por Trump durante la campaña; de igual manera, se apegó al guion de la negociación hostil que tanto gusta al ocupante de la Casa Blanca. Con todo, no se puede pasar por alto que las intervenciones de Robert Lighthizer, Idelfonso Guajardo y Chystia Freeland tuvieron lugar en el marco del evento protocolario con que se inauguraron las negociaciones y que, por tanto, no fueron parte de las mismas.

Fue una suerte de round de sombra en el que los mensajes tuvieron como principal destinatario al público de cada país. En este sentido, son altamente ilustrativos los datos arrojados por una encuesta reciente de Pew Research: 51% de los estadounidenses adultos considera que el TLCAN ha s ido bueno para EUA y 39% señala que ha sido malo. Pero si estos resultados se desagregan en función de variables como la preferencia partidaria, la raza y la edad, se observa que solo 30% de los republicanos, 46% de la población blanca y 44% de los mayores de 50 años lo consideran positivo. En otros términos, el rechazo al TLCAN es mayoritario entre los grupos que conforman la clientela leal de Donald Trump. Y a ellos fue dirigido el discurso.

México y Canadá insisten en que el propósito del TLCAN no es equilibrar la balanza, sino elevar la combatividad de la región frente a otras”

Se ha señalado que, pese a las diferencias y las dificultades que estas entrañan, la negociación se llevará a cabo con base en criterios más técnicos y racionales. Es probable, pero ello no equivale a desconocer que el temperamento del Presidente Trump podría incidir negativamente en el proceso.

Donald Trump es un presidente abrumado por problemas y responsabilidades que lo rebasan. No ha logrado cumplir ninguno de los principales objetivos que se planteó. No obstante, esta debilidad puede ser peligrosa si, ante la acumulación de errores, escándalos y fracasos, opta por una salida radical que refuerce el apoyo que le brinda su clientela más leal. Y si bien una guerra (por ejemplo, con Corea del Norte o Irán) puede resultar una opción muy costosa, dar por terminado el TLCAN puede ser más barato, en términos económicos y políticos.

 

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

Facebook Comments

Related Articles

0 Comments

No Comments Yet!

There are no comments at the moment, do you want to add one?

Write a comment

Write a Comment

A %d blogueros les gusta esto: