5 minutos de gobierno corporativo

Tabús del líder

Tabús del líder
diciembre 31
2019

Let’s talk about all the good things and the bad things that may be».

SaltNPepa

A veces hay que repensar la forma en que se hacen las cosas. Sobre todo, cuando ni siquiera se realizan por voluntad propia, sino porque los tiempos así lo piden. Recordemos la epidemia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) a finales del siglo pasado, cuando fue necesario un cambio drástico en los tabús de nuestra generación para proteger la salud de todos: se tuvo que hablar sobre sexo en la familia. Conforme pasaron los años, el término sexo se normalizó y ahora se menciona en las noticias, películas, revistas de moda y en las series dirigidas a los jóvenes. La palabra también dejó de ser un secreto o motivo de vergüenza entre mis compañeros y, con el paso del tiempo, entre mis sobrinos e hijos. El esfuerzo tuvo sus beneficios: la educación sexual y la transparencia, tanto en la escuela como en la familia, fue fundamental en el declive de las tasas de contagio.

Supongo que también se debe a la educación recibida en casa. Antes era raro que se hablara de ciertos temas. Era más fácil que un padre dijera profiláctico en una cena de Navidad a que compartiera cuánto se había gastado en el festejo. Esa forma de pensar se mantiene en el trabajo y es más notorio al tratarse de una empresa familiar; sobre todo, si el papá es el fundador y director, y por el que pasan todas las decisiones del negocio. Es decir, cuando es el patriarca hasta en la oficina. Él es quien dice qué hacer, cómo, cuándo y dónde, sin consultar a nadie ni explicar los entramados mentales que lo llevaron a tomar una decisión. Alguien tendría que avisarle que los tiempos cambian.

Uno de los aspectos más delicados en la formación de una empresa y factor clave para su institucionalización es la transparencia en la toma de decisiones. ¿Cómo se pueden tomar las mejores si no son colegiadas? ¿Cómo evaluar a cabalidad el desempeño si hay opacidad? ¿La empresa puede ser eficiente si sólo una cabeza piensa y las demás ejecutan? ¿Qué pasa si el patriarca muere? ¿Quién está capacitado para dirigir el negocio? ¿Por qué entonces nos encontramos con la reticencia de algunos altos mandos a ser más abiertos e inclusivos?

En ocasiones me pregunto: ¿aplicamos este aprendizaje a otros aspectos de la vida? ¿Lo hacemos en el seno de una familia empresaria cuando se toman decisiones en el negocio? Tengo mis dudas».

Los tabús sólo ofrecen una sensación falsa de seguridad. Confidencialidad no es lo mismo que opacidad; recordemos que en esta última también se gestan con facilidad las malas prácticas. Hablar con los hijos y futuros herederos sobre el negocio no debería ser un tema prohibido a ninguna edad. Es saludable hablar de manera franca sobre su funcionamiento: cantidad invertida, gastada y prestada, rumbo a seguir, cambios necesarios, riesgos que vale la pena tomar y por qué. Las familias funcionan mejor si todos los integrantes tienen espacio para opinar y colaborar. El gobierno corporativo brinda ese espacio al crear mecanismos de evaluación, rendición de cuentas y, algo muy importante, retroalimentación.

Ya saben lo que dice el dicho, “dos cabezas piensan mejor que una”, ¡y un consejo de administración puede tener hasta veinte! Rompamos tabús y acabemos con otra epidemia: la muerte de tantas empresas mexicanas.

Mauricio Brizuela Arce
Presidente del Consejo de Administración
y socio director de Salles Sainz Grant Thornton
Mauricio.Brizuela@mx.gt.com

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