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Respuesta social

Respuesta social
octubre 01
2020

En esta ocasión, quiero externar ideas fuera del ámbito empresarial y ubicarme en un contexto social. Finalmente, la interacción entre ambas es amplísima y conlleva una convivencia continua, a veces no tan claramente entendida, pero sin duda están vinculadas por muchos temas. A las empresas se les ha visto como las responsables del control de los contagios que se pudieran presentar en el retorno a las actividades laborales, pero ¿qué carga les corresponde a los ciudadanos? ¿Cuál es la respuesta social ante este retorno?

Coadyuvar con las empresas a lograr cero contagios beneficia a las compañías y salva la vida de las personas».

En términos generales, se observa que se han disminuido las medidas de protección y cuidado por parte de las personas. Ninguna generalización es válida; sin embargo, las propias cifras oficiales –y lo que cotidianamente vemos– nos llevan a la conclusión de que la conciencia del cuidado personal, y más aún, la responsabilidad de no contagiar a terceros, ha venido a la baja. Es en este punto de inflexión donde nace el cuestionamiento: ¿Qué nos toca hacer como sociedad? Son muchas las implicaciones que conlleva contagiarse de COVID-19. Centrémonos en tres de ellas.

La primera es la incapacidad de seguir generando economía, porque tienes que aislarte para evitar contagios o por la necesidad de tener atención médica. Las repercusiones son carísimas, ya sea que tengas el papel de cabeza de familia, contribuyas en parte al gasto familiar o que seas tu propia fuente de ingresos; en todos los casos afecta de manera impactante.

La segunda, tu propia salud. Si resulta que te curas rápido y sin tener síntomas (asintomático), las afectaciones podrían ser menores; pero si llegas hasta la condición de ser intubado, con las consecuencias que ya conocemos, la pasarás muy mal. La cuestión es que no sabemos cómo lo padeceremos sino hasta que llega a ocurrir. No vale la pena correr ese riesgo.

La tercera, y última implicación, es que contagies a otras personas. Aquí las consecuencias llegan a ser gravísimas. Las cadenas de contagio crecen de manera exponencial: los integrantes de una familia de 20 personas se visitaron entre ellos, resultando 16 contagiados y seis fallecimientos en 30 días.

La responsabilidad no es sólo de las autoridades –o de las empresas–, sino que primordialmente debe ser de la población civil. Si es posible, hay que respetar el no salir de casa, pero si es necesario hacerlo, debemos cumplir con todas las medidas sanitarias. Usar cubreboca y gel antibacterial se vuelve fundamental, emplear desinfectante o utilizar guantes si es necesario… ninguna medida sobra. La conciencia individual, la responsabilidad que tomemos de cuidar de otros y de nosotros mismos, es lo único que verdaderamente le puede ganar al virus. Entender y atender todas las recomendaciones que los médicos indican, respetar que otros usen las medidas de protección y entender que lo hacen para cuidar a quienes interactúan con ellos.

Acudir a los centros de trabajo con la conciencia de mantener en un nivel de exigencia muy alto el acatamiento de las medidas y cuidados de protección, es una responsabilidad de todas las personas que ahí laboran. Si todos logramos asumir que lo que está en riesgo es nuestra salud, la vida propia o incluso la de nuestros seres queridos, y bajo esta premisa decidimos no contagiarnos y no poner en riesgo a los demás, los costos económicos, sociales y empresariales disminuirán de manera importante. Entonces, ¿cuál es la respuesta que la sociedad civil debe dar en este momento? Asumir todas las medidas de protección y cuidado dentro o fuera de casa, para evitar que se genere una mayor pérdida de vidas humanas y controlar las dificultades económicas que están surgiendo como consecuencia de la crisis de salud.

M.C.I. y C.P.C. Juan Carlos Bojorges Pérez
Presidente del Colegio de Contadores Públicos de México
jbojorges@colegiocpmexico.org.mx

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