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Reforma Electoral: Centralización y Sobrerregularización

Reforma Electoral: Centralización y Sobrerregularización
junio 30
13:03 2014

Incluso cuando las modificaciones a la ley tratan de solucionar los pendientes de antaño, las nuevas facultades de Instituto Nacional Electoral son ambiguas y tienen como premisa la desconfianza.

Aunque con un retraso de dos semanas, el capítulo electoral de la reforma política quedó aprobado antes de que venciera el plazo legal establecido para que las nuevas reglas puedan operar en los comicios del próximo año. Es requisito de ley que todo cambio en las reglas del juego electoral esté debidamente aprobado cuando menos un año antes de la celebración de las elecciones. Toda vez que la reforma constitucional de 2013 movió la fecha de la elección federal al primer domingo de junio, la fecha límite para aprobar las nuevas reglas era el 30 de mayo.

El nuevo entramado legal contiene cambios de fondo en las reglas del juego electoral. Sin duda, algunos de estos pueden ser positivos. No obstante, lo que no queda del todo claro es si, en su conjunto, el nuevo modelo es realmente mejor que el anterior. Al respecto, vale la pena considerar que esta nueva edición de reforma electoral se inscribe en un dilatado proceso incremental de modificación del marco jurídico que norma los comicios.

En este proceso, iniciado en 1977 con la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, se han registrado avances sustantivos como la apertura de opciones democráticas e institucionales de acción política a fuerzas otrora condenadas a la clandestinidad y aún a la lucha violenta; el establecimiento de un sistema mixto, que se traduce en órganos representativos y, durante la primera mitad de los años noventa, el paso de la organización de los comicios de manos de la autoridad gubernamental a manos ciudadanas.

Cabe reconocer sus avances específicos, las dos más recientes reformas (2007 y 2013) poseen el común denominador de ser el fruto del reclamo de las fuerzas políticas derrotadas y, por consiguiente, de una suerte de premio de consolación.

Así, mientras la reforma de 2007 se dirigió principalmente a satisfacer los reclamos perredistas y, por tanto, a regular los aspectos relacionados con el acceso a los medios de comunicación y aun los contenidos del discurso político-electoral (por ejemplo, la prohibición de “campañas negras”), la reforma de 2013, a través de la desaparición del Instituto Federal Electoral (IFE) y su sustitución por el Instituto Nacional Electoral (INE), tiene un sesgo centralizador dirigido a responder las denuncias panistas relativas a la injerencia de los gobiernos locales en los procesos electorales.

La reforma impone al INE desafíos técnicos y políticos mayúsculos. El principal es sobre las facultades de asunción de los procesos electorales locales. La legislación secundaria buscó despejar muchas de las dudas derivadas de la redacción de la reforma constitucional. Fue un acierto establecer que el ejercicio de la facultad de asunción sea un recurso excepcional.

Aún con los avances, las más recientes reformas (2007 y 2013) poseen el común denominador de ser el fruto del reclamo de las fuerzas políticas derrotadas

La idea es que el INE intervenga en las entidades federativas solo ante casos graves (por ejemplo, crisis de seguridad), que pudieran poner en peligro la organización de la elección. Con todo, no puede perderse de vista que, pese a estos criterios orientados a despolitizar la resolución de intervención, la decisión dependerá del criterio del Consejo General y, en consecuencia, siempre tendrá costos políticos.

Con el mismo espíritu que inspiró la reforma de 2007, los legisladores dieron un paso adicional en busca de la equidad en los medios. De acuerdo con lo aprobado por el Congreso, será causal de anulación de las elecciones la cobertura informativa indebida, entendida como un delito consistente en que, en un determinado espacio noticioso, “sea evidente que, por su carácter reiterativo y sistemático, se trata de una actividad publicitaria dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos y no de un ejercicio informativo”.

Más adelante se aclara que “no serán objeto de inquisición judicial ni censura, las entrevistas, opiniones, editoriales y el análisis de cualquier índole que sin importar el formato sean el reflejo de la propia opinión o creencias de quien las emite”. Por un lado, se penaliza lo que se considere un manejo informativo orientado a influir; por otro lado, se refrenda el principio de la libertad de expresión. La ambigüedad es evidente.

Hasta ahora ha prevalecido el criterio de salvaguardar la libertad de expresión. Todo indica que el nuevo INE, a juzgar por la interpretación que de las nuevas reglas ha hecho públicamente el consejero presidente, seguirá privilegiando el derecho a la libertad de expresión. Pero no puede dejar de señalarse que depende del buen juicio de los consejeros electorales y no de reglas claras y firmes en la ley.

Asimismo, y esta es una premisa tácita que atraviesa buena parte del sistema electoral, la sobrerregulación en materia de medios y contenidos de los mensajes políticos deriva de una concepción del ciudadano como menor de edad, incapaz de discernir y elaborar juicios. A fin de cuentas, un común denominador de un sistema normativo que hereda referentes del viejo orden autoritario y paternalista.

El modelo electoral está basado en la premisa de la desconfianza. La sobrerregulación es su signo distintivo. Así, podrá haber avances en una amplia gama de temas e, incluso, un piso más parejo para la contienda. Pero ninguna ley logrará que quien resulta derrotado lo acepte democráticamente y no pretenda cuestionar la validez del proceso, ni que los partidos busquen artilugios para evadir los nuevos controles.

Es un asunto de falta de cultura democrática que ha inscrito al sistema político en una dinámica de continua revisión y refundación de las reglas y las instituciones electorales, sin que esta se traduzca en una mayor aceptación de la validez de las reglas del propio sistema.

Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

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