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Planeación estratégica

Recursos humanos, outsourcing ¿amenaza u oportunidad?

Recursos humanos, outsourcing ¿amenaza u oportunidad?
enero 01
2019

La tercerización es una herramienta gerencial que puede generar excelentes resultados, pero aprender a usarla es primordial y no sirve para salir de una dificultad financiera.

El outsourcing, en esencia, consiste en delegar la ejecución de una o varias actividades de apoyo o soporte de una empresa a otra compañía externa. Conocido también como tercerización, el outsourcing es una figura a la que acuden medios empresariales para situar procesos, actividades o parte de la producción fuera de su organización, con la finalidad de reducir costos y concentrar esfuerzos y recursos en el núcleo de su operación. Es menester señalar que se distingue de la subcontratación porque esta se da por plazos cortos, mientras que la tercerización, por ser estratégica, debe ser más duradera que un simple convenio de contratación de actividades.

Si bien el outsourcing se ha convertido en un esquema relevante para el crecimiento en el ámbito empresarial, es una práctica que no ha sido bien vista por los sindicatos laborales, debido a la desvirtuada aplicación que se hace en oportunidades dela tercerización, pero en perjuicio de los trabajadores. Al margen de la mala praxis que puede darse, cabe preguntarse por qué se dio el surgimiento de esa figura.

A ese respecto, hay que recordar que la tercerización se basa en el principio de que no hay empresas realmente productivas en todas sus tareas, por lo que debe buscarse la especialización a través de terceros, que puedan ser capaces de llevar a cabo algunas funciones. Así, las compañías se enfocan en lo que en verdad saben y les gusta hacer y dejan en manos expertas lo que otros manejan mejor que ellas. Se trata, pues,de una habilidad en la que se trasladan centros de costos a otras organizaciones, donde estos son centros de beneficios.

CORE BUSINESS

Las empresas inclinadas por regresar a sus inicios, a su génesis, pensando en la mejor manera de producir, comercializar y distribuir un producto o servicio, examinan cuáles son las mejores formas de hacerlo, y ello implica cuestionarse si es indispensable operar todos los procesos dentro de su organización. De este planteamiento surgió el que la tercerización fuera considerada una táctica de negocios quedaba a un socio externo la facultad de desempeñar ciertas funciones, no medulares, de otra compañía.

Persigue resolver asuntos financieros y funcionales, que incluyen alcanzar una operatividad más efectiva y a menor costo, la mayoría de las veces.”

Identificadas en el ámbito empresarial como core business, las actividades esenciales forman parte de las funciones que configuran el objeto principal y la razón de ser de un negocio. El core business de una organización es lo único realmente insustituible en el proceso empresarial, así que, teóricamente es posible delegar todas las demás tareas que sean factibles de contratación afuera, siempre que los costos o las oportunidades, así lo recomienden.

Uno de los pasos iniciales en la evaluación del outsourcing, y tal vez el más importante, radica en escoger los procesos potenciales que serán confiados, los cuales, en primera instancia,podrían ser todos aquellos que se desarrollan dentro de una organización,excepto, como se ha señalado, los que son parte de la misión vital del negocio. Entre las actividades susceptibles de tercerizar están la recepción, transporte y almacenamiento de materiales; la distribución de productos; las actividades administrativas como selección y capacitación de personal, el manejo de asuntos legales y la contabilidad; la tecnología informática, y los servicios de comedor, vigilancia y de seguridad.

RELACIÓN GANAR-GANAR

La implementación adecuada de la tercerización implica que las partes involucradas tendrían que compartir, además de los riesgos y las recompensas, el logro de metas comunes y una operación con dependencia recíproca. Ello significa que el outsourcing debe concebirse como un concepto enriquecido respecto de la tradicional relación cliente-proveedor, pues el lazo que los une más bien debe desempeñar una función de vínculo entre socios.

Inicialmente, el outsourcing fue un recurso destinado a servir como mecanismo de ahorro en los costos de las compañías, pero paulatinamente su empleo ha ido evolucionando para ser ahora una estrategia enfocada en la liberación de recursos, los cuales suelen invertirse en los procesos productivos y generadores de valor.

Es con base en lo anterior que puede sostenerse que para establecer una buena relación de outsourcing, condición indispensable es que exista una cultura compatible entre las partes concurrentes, un entendimiento recíproco en el que la premisa ganar-ganar sea una realidad, es decir, que aplique, tanto para quien ofrece los servicios como para los receptores de estos, y en el que se compartan similares criterios gerenciales y de beneficio mutuo.

La tercerización no solo persigue resolver asuntos financieros, sino también funcionales, por lo que quien contrate servicios de outsourcing debe darse a la tarea de alcanzar una mejor operatividad interna y a costos menores, la mayoría de las veces, con base en la economía de escala que obtiene la empresa de su contratista. Una certera aplicación del outsourcing intentaría buscar el establecimiento de una relación de mutua conveniencia, en la que los márgenes de rentabilidad de las actividades que se exploten bajo el outsourcing deben conocerse a detalle, tanto por el oferente del servicio como por el beneficiario de este.

ERA DE MODERNIDAD LÍQUIDA

Zygmunt Bauman (1925-2017), sociólogo de origen polaco, considerado el creador del concepto modernidad líquida, afirmaba que en la sociedad en la que vivimos, ya nada es sólido. Apoyándose en términos físicos y haciendo una analogía, Bauman señalaba que, a diferencia de la sólida, la modernidad líquida no conserva una misma forma durante mucho tiempo porque está constantemente dispuesta a cambiar su condición, para que sea más relevante el flujo del tiempo que el espacio que puede ocupar. En contraste, en la modernidad sólida se puede definir, caracterizar, evaluar y analizar, pues sus condiciones la hacen más cerrada.

Mientras que en la modernidad sólida (el pasado), todo es más duradero y más perdurable, en la modernidad líquida la planificación del futuro desafía hábitos y costumbres. En ese sentido, no hay duda de que la sociedad contemporánea coexiste en una modernidad líquida, y de que las empresas de hoy en día tampoco son sólidas, sino también líquidas, al igual que el hombre actual, quien vive el momento y tiene planes a corto plazo en las organizaciones, pues el trabajo dejó de ser para él sinónimo de seguridad. Pero, ¿en qué se basa la modernidad líquida? En la incertidumbre a todo nivel, en la sociedad y en un mundo que está cambiando de manera constante. En consecuencia, ya no es posible planificar en función de sólidos que ya no existen.

Las organizaciones actuales —líquidas— se enfocan más en los productos y en la efectividad, y los trabajadores “clásicos” escasean cada vez más. El empleado pasó detener los trabajos fijos de la modernidad sólida, en los que creaba lazos emotivos, a satisfacer sus ocupaciones inmediatas, por lo que la durabilidad deja de ser importante y los vínculos afectivos tienden a desaparecer. Es precisamente en el escenario actual —y previsiblemente futuro— que, aplicada de manera correcta, una herramienta como el outsourcing se adapta y puede ser de gran utilidad para los tiempos tan dinámicos y convulsionados como los que se transitan.

CONCLUSIONES

En la actualidad, la sociedad es plural, abierta y globalizada; está rodeada de comunicaciones y tecnología. Este mundo interconectado fue definido años atrás como aldea global por Marshall McLuhan, hombre de letras que explicó los efectos socioculturales de la interconexión instantánea y mundial de toda clase de informaciones que facilitaran e incentivaran los medios modernos de comunicación.

El escenario global no es bueno ni malo, es una realidad ineludible cada vez más profunda, cuyo proceso, quiérase o no, es inevitable. Ya no es posible sostener el concepto de empleo como lo concibe la Organización Internacional del Trabajo (OIT), porque hay muchas personas a quienes no les interesa tener un trabajo sólido, ni estar en organizaciones sólidas, porque se inclinan por las empresas que les ofrece una modernidad líquida. La forma tradicional de funcionar ha evolucionado, y con certeza seguiría cambiando, e incluso cuando el ser humano no deja de ser factor clave en los procesos productivos, lo único seguro es que habría cambios constantes potenciados por la tecnología.

En ese panorama, la tercerización no debe ser vista como una amenaza, sino como una realidad que puede generar excelentes resultados a las empresas que apliquen correctamente esta herramienta gerencial. El outsourcing no debe tomarse como una medida temporal de emergencia para salir de una dificultad financiera, sino que, para que realmente funcione, deberá adoptarse como un mecanismo alineado dentro de las directrices estratégicas de las empresas, en busca de que se hagan rendir al máximo y con la mayor eficiencia posible todos los recursos con los cuales se cuentan.

Lic. Andrés Grisanti Belandria
Coordinador de la línea de Investigación en Auditoría
Interna de la Universidad de Carabobo, Venezuela
agrisanti@uc.edu.ve

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