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Recorte al gasto y presupuesto Base Cero; Disciplina Fiscal

Recorte al gasto y presupuesto Base Cero; Disciplina Fiscal
abril 01
2015

Las dos medidas preventivas, ante la caída del precio del petróleo y el escenario económico global, lograrán una racionalización del gasto público si el Gobierno Federal logra avanzar en contra de los intereses políticos.

A finales de enero, Luis Videgaray, Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), anunció un recorte “preventivo” del gasto público del orden de 124 mil 300 millones de pesos, equivalentes al 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB). Asimismo, entre las medidas anunciadas, adelantó que, para el próximo año, el Gobierno Federal comenzará a trabajar desde ahora en el presupuesto 2016, que será con Base Cero y que, en atención a que no se prevén repuntes significativos en el precio internacional del petróleo, habrá recortes muy importantes en el gasto público.

Conviene mirar con atención los dos mensajes clave del secretario Videgaray: el recorte al gasto y la trascendencia de la eventual adopción del mecanismo de Presupuesto Base Cero.

La decisión de ajustar el gasto público era obligada por la importante disminución de los precios internacionales del petróleo. Como en su momento se anunció, el gobierno había adquirido coberturas que permitirán atenuar el impacto de los menores precios. Sin embargo, estas no abarcan la totalidad de los ingresos petroleros, al tiempo que solo se harán efectivas a partir del tercer trimestre; de ahí la necesidad del recorte.

Después de que durante los dos primeros años de esta administración se adoptó una política expansiva de gasto (que no tuvo los efectos deseados), en esta ocasión y, ante la evidencia de que la caída de los precios del petróleo dista de ser un fenómeno transitorio, el gobierno decidió apostar por la disciplina fiscal y no seguir acumulando deuda. Fue una decisión correcta.

Ciertamente se ha cuestionado el tamaño del recorte. A juicio de no pocos analistas parece excesivo. Sin embargo, también se ha señalado que los montos del recorte tienen el propósito de anticipar una caída mayor de los ingresos petroleros en 2016, cuando ya no habrá posibilidad de contratar coberturas como las que ahora existen.

En relación con el recorte, destaca por su monto el menor gasto de Petróleos Mexicanos (Pemex), aunque la falta de detalle impide evaluar su probable impacto. Asimismo, hay una importante reducción del gasto corriente, si bien es cierto que todavía hay márgenes muy amplios para una reducción mayor. Por ejemplo, si se aplicara a cabalidad la reforma educativa y salieran de la nómina las plazas fantasma o si se hiciera un esfuerzo mayor de racionalización y focalización de los subsidios.

También vale la pena hacer notar que, como lo señaló la autoridad hacendaria, se buscó no afectar el gasto social y en infraestructura (pese a la suspensión de la construcción de los trenes de pasajeros cuya relevancia es cuestionable).

Con todo, también destaca que aquellos actores con mayor capacidad de presión y de cabildeo, y que normalmente obtienen las mejores tajadas del reparto presupuestario, tampoco se vieron afectados. Los casos más notorios son los de las universidades públicas y, sobre todo, las transferencias de la federación a estados y municipios.

Por su parte, el Presupuesto Base Cero ilustra cómo si bien la baja en los precios del petróleo conlleva retos, también significa importantes oportunidades. Difícilmente se podría exagerar la trascendencia de un esquema presupuestal que posee el potencial para llevar a cabo una reingeniería a fondo del gasto público.

El Presupuesto Base Cero es una metodología de planeación, donde se proporciona información detallada sobre los recursos económicos que se necesitan para lograr metas de ingresos y enfoca la atención hacia el capital necesario para los programas, en lugar de enfocarse en el porcentaje de aumento o de reducción del año anterior. Reevalúa cada uno de los programas y gastos partiendo siempre de cero.

El Presupuesto Base Cero acabaría con la lógica perversa de distribuir recursos y prebendas con base en la capacidad de presión política

Se elabora como si fuera la primera operación, y se evalúa y justifica el monto y necesidad de cada renglón del mismo. Se olvida del pasado para planear con plena conciencia el futuro. Para evaluar los programas más sustentables o sostenibles, se tienen diferentes métricas de evaluación, por ejemplo, en el caso del sector público, se considera el número de ciudadanos atendidos, el impacto económico y se evalúa la generación de empleos, si ayudó a que las empresas crecieran o las exportaciones aumentaran.

Las ventajas económicas de un Presupuesto Base Cero son evidentes. De entrada se acabaría con los presupuestos inerciales y con la lógica perversa de distribuir recursos y prebendas con base en la capacidad de presión política de los actores que buscan una mayor tajada del pastel presupuestario.

Como es sabido, en la definición del presupuesto no se consideran los méritos que las distintas asignaciones poseen. A pesar de que ya existe el Presupuesto Basado en Resultados, su aplicación es nula debido al imperio de la lógica de la presión política.

Habrá, en caso de que haya la suficiente voluntad para avanzar en este terreno, una férrea oposición política de parte de aquellos intereses que han sido tradicionalmente exitosos en obtener generosas asignaciones presupuestales; es el caso de los grupos corporativos de campesinos, de las universidades públicas, de los gobernadores y de una larga lista de beneficiarios de programas y subsidios de muy dudosa eficacia y aun de carácter regresivo.

Para poner un símil, el impacto potencial del Presupuesto Base Cero podría equipararse al de la reforma educativa, en el sentido de la afectación que su adopción tendría sobre las rentas y privilegios de los que, hasta ahora, han sido los grandes beneficiarios del gasto público.

Pero, reconocido el riesgo, cabe subrayar su pertinencia. Sería una auténtica medida de reforma hacendaria trascendente: la racionalización del gasto público. Los intentos poco afortunados de reforma se han centrado de manera casi exclusiva en solo una dimensión de la problemática hacendaria (los ingresos tributarios), dejando intacta la parte relativa a los egresos. Asimismo, y no es una ventaja menor, el Presupuesto Base Cero brindaría una más sólida base de legitimidad a una reforma a fondo del sistema impositivo y del federalismo fiscal.

Queda por comprobar si realmente hay la suficiente voluntad y capacidad para concretarlo. No se puede soslayar el escenario de que, pese al anuncio hecho, el gobierno termine cediendo a la presión de los intereses afectados.

Seminario Político

pj1999glez@gmail.comb

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