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Realidad: la pobreza, un problema persistente

Realidad: la pobreza, un problema persistente
octubre 01
2019

Después de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) diera a conocer los resultados de la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares 2018, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) publicó a su vez los datos referentes a la medición de la pobreza para el periodo 2008-2018. Ante todo, destaca que la pobreza es un problema persistente: entre ese ciclo el número de personas en situación de pobreza se incrementó en 2.9 millones, al pasar de 49.5 a 52.4 millones de personas, aunque en términos porcentuales disminuyó de 44.4 a 41.9%, un ritmo de reducción media anual de 0.24 puntos, en realidad, insignificante.

Por su parte, el porcentaje de personas en pobreza extrema disminuyó de 11 a 7.4%, que, en números absolutos, significó una reducción de 12.3 a 9.3 millones de personas.

De acuerdo con el Coneval, la pobreza es un fenómeno multidimensional que se explica, tanto por los ingresos percibidos por las personas como por su falta de acceso a satisfactores básicos, las llamadas carencias, a saber: rezago educativo y no acceso a servicios de salud, a la seguridad social, a la alimentación, a una vivienda digna y a los servicios básicos de las viviendas.

Consideremos, en primer término, el factor ingreso. De entrada, sobresale el hecho de que tanto el porcentaje de personas con un ingreso inferior a línea de pobreza y a la línea de pobreza extrema (el necesario para adquirir la canasta alimentaria básica, es decir, para no pasar hambre) se mantuvo sin cambio durante dicho decenio (2008- 2018). En términos absolutos, en 2018, 61.1 millones de personas tuvieron un ingreso inferior a la línea de pobreza y 21 millones con ingreso menor a la línea de pobreza extrema.

En segundo lugar, la insuficiencia del ingreso se puede agudizar o paliar en función del acceso a ciertos bienes y servicios. Así, hay significativas diferencias en cuanto a los distintos tipos de carencias de la población. Por un lado, son notables los avances que, gracias al Seguro Popular, se registraron en la reducción de las carencias por acceso a servicios de salud (que pasaron de afectar a 38.4% de las personas en 2008 a 16.2% en 2018); por otro lado, es preocupante el elevado porcentaje de personas sin acceso a la seguridad social (57.3%, equivalente a 71.1 millones de personas). Asimismo, los 25.5 millones de personas (20.4%) sin acceso a una alimentación adecuada y que, incluso, padecen hambre, es un auténtico foco rojo. 

La medición de la pobreza también arroja luz sobre lo que el Coneval denomina las brechas sociales. Son contrastantes los datos referentes a los porcentajes de personas en situación de pobreza y pobreza extrema, según se analicen desde perspectivas como la pertenencia étnica, la edad, el sexo, y el lugar de residencia.

En pocas palabras, la pobreza y la pobreza extrema son más agudas en los casos de la población indígena, los niños y adolescentes, la población que padece algún tipo de discapacidad y los habitantes de zonas rurales. Aunado a estos hallazgos, el contraste entre las mujeres indígenas residentes en el medio rural (45.7% en situación de pobreza extrema) y los hombres no indígenas que viven en zonas urbanas (3.7% en pobreza extrema) es indicativo de cuáles deben ser los objetivos prioritarios de los programas sociales, así como de la necesidad de que éstos estén debidamente focalizados.

Las brechas sociales también se expresan en términos espaciales. Mientras en los estados del norte y del centro-occidente la población en situación de pobreza se ubica en un rango de entre 14 y el 35%, en Guerrero, Oaxaca y Chiapas los porcentajes respectivos se ubican en un rango de entre 65 y 80%.

En cuanto a la pobreza extrema, 27 entidades presentan niveles inferiores al 10%, dos (Tabasco y Veracruz) entre 10 y 20% y tres (Guerrero, Oaxaca y Chiapas) entre 20 y 30%.

Por último, la población no pobre y no vulnerable por carencias representan entre 35 y 46% de la población de los estados como Nuevo León y Coahuila; en cambio, en Michoacán, Guerrero Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Puebla y Morelos sólo representa entre 5 y 15% de la población.

Adicionalmente a la medición de la pobreza, el Coneval también lleva a cabo la evaluación de la política social. Para tal efecto, goza de autonomía técnica y sus decisiones son el fruto del análisis y el intercambio de puntos de vista de los miembros de su consejo directivo, conformado por reconocidos expertos de las principales universidades del país. Así, reportó la duplicidad de numerosos programas y la ineficiencia de otros (como la Cruzada Nacional Contra el Hambre).

CONCLUSIONES

Pero el punto a destacar es que, independientemente de los miles de millones de pesos canalizados a la reducción de la pobreza, los resultados son desalentadores. La razón de ello es sencilla: cuando están bien diseñados y correctamente implementados, los programas sociales contribuyen a desarrollar capacidades para que la población pueda superar su condición de pobreza. Sin embargo, las mayores capacidades sólo redundarán en mejoras en el nivel de bienestar si, como premisa, hay una economía dinámica y capaz de generar opciones de empleo formal e ingreso.

Así las cosas, no es extraño que dos de los factores clave en la explicación de persistencia de la pobreza sean, precisamente, la insuficiencia de los ingresos y la falta de acceso a la seguridad social.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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