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Panorama, nacionalismo energético y su restauración

Panorama, nacionalismo energético y su restauración
julio 01
2019

Desde la expropiación petrolera del presidente Lázaro Cárdenas hasta el enfoque de la administración actual. Análisis sobre el aumento de interés en la empresa mexicana y la falta de confianza de los grupos internacionales.

El sector energético y la industria petrolera ocupan un lugar privilegiado en el proyecto de la Cuarta Transformación. De acuerdo con la visión nostálgica de la expropiación de 1938 como gesta heroica afirmadora de la soberanía nacional, el rescate del sector energético es pieza clave del desmantelamiento del neoliberalismo y de su sustitución por una reedición del modelo estatista y nacionalista.

Un primer paso en esa dirección ha sido frenar los procesos de licitación e inversión iniciados en el marco de la reforma energética. No ha sido necesario reformar la Constitución, ha bastado con la suspensión del proceso y poner bajo el control del Ejecutivo las decisiones clave. De esta manera, el objetivo de crear y desarrollar un mercado competido de energía parece ajeno a las preocupaciones gubernamentales.

En la versión de 64 páginas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024, la que fue elaborada en la oficina de la presidencia y que recoge la postura ideológica del presidente Andrés Manuel López Obrador, se sostiene que “la reforma energética impuesta por el régimen anterior causó un daño gravísimo a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresas productivas del Estado que ya venían sufriendo el embate de los designios privatizadores”. Se señala la caída sostenida de la producción petrolera y la conversión de México de exportador a importador de crudo y combustibles refinados.

Al margen de lo cuestionable de este diagnóstico, debe subrayarse su utilización como justificación del rescate de Pemex y la CFE “para que vuelvan a operar como palancas del desarrollo nacional“. Aunque no queda claro cuándo estas empresas han sido verdaderas palancas del desarrollo, el logro de este propósito transita por la rehabilitación “de las refinerías existentes, la construcción de una nueva y la modernización de las instalaciones generadoras de electricidad propiedad del Estado”.

Por su parte, la versión amplia del PND, elaborada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), establece que la estrategia promoverá procesos de generación energética sostenibles y bajos en emisiones.

Asimismo, se reafirma la meta de energías limpias hacia 2024. Sin embargo, cabe tener presente que, al tiempo que se suspendieron las licitaciones previstas para la asignación de contratos para la generación de energía eléctrica a partir de fuentes limpias (eólica y solar), la CFE decidió recurrir al carbón (la fuente que más gases de efecto invernadero produce). Más allá de las buenas intenciones plasmadas en el PND, el hecho es que la política energética enfrenta enormes retos derivados de la crisis financiera de Pemex. Para no abundar en cifras sobre los bajos niveles de productividad o los déficits de las áreas operativas de la empresa, baste con señalar la pesada losa que, en virtud del monto de su deuda, debe cargar. A finales de 2018, la deuda total ascendía a 2.1 billones de pesos (105.8 mil millones de dólares).

Vale la pena recordar que, en diciembre, la empresa presentó a inversionistas en Nueva York las propuestas del nuevo gobierno. La respuesta fue la negativa de colocar más bonos de Pemex, ya que su deuda es enorme (es la más endeudada entre las grandes petroleras del mundo) y ya no tiene acceso al mercado para obtener el dinero que le permita refinanciar pagos.

El hecho escueto es que los distintos elementos del plan de negocios de Pemex (que aún no se ha dado a conocer de manera oficial), entre los que se incluye la construcción de la refinería de Dos Bocas, no han sido bien recibidos. No hay confianza en la política petrolera del gobierno, principalmente porque, en lugar de apostar por el desarrollo de actividades más rentables que generen los recursos necesarios para superar la crisis financiera, privilegia la construcción de una refinería, cuya viabilidad es incierta y no cuenta con un programa sólido de ejecución, amén del desastre ambiental que ya está provocando a raíz de la destrucción del manglar.

Como lo han señalado expertos, agencias calificadoras y hasta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), si la crisis financiera de Pemex no se maneja de forma que refuerce la viabilidad a largo plazo de la empresa, se convertirá en una bomba de tiempo que incidirá negativamente sobre las finanzas públicas y el desempeño general de la economía. De hecho, existe el riesgo de un recorte en la calificación crediticia que podrá redundar en impactos negativos sobre el tipo de cambio, la inflación, la tasa de interés y el crecimiento económico.

Se ha planteado la posibilidad de utilizar alrededor de 100 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios para cubrir los compromisos que Pemex debe afrontar este año. El problema es que un año de respiro es insuficiente si durante ese lapso no se toma en cuenta el costo de oportunidad de los recursos de Dos Bocas, que podrían ser usados en otro tipo de proyectos, como la exploración (asunto urgente dado la caída de las reservas), la extracción o la infraestructura para distribución de energéticos.

Declarar desierta la licitación para la refinería en Dos Bocas e implementar el plan b, que consiste en dos más pequeñas, genera incertidumbre en inversionistas.”

CONCLUSIONES

Lo cierto es que prevalece la visión ideológica y el voluntarismo. Se plantea alcanzar la autosuficiencia en producción de gasolinas para 2022 y dejar de importarlas. Muestra de ello es que el más reciente programa de austeridad del gobierno tiene como objetivo fundamental sostener a Pemex, que no puede salir al mercado a refinanciar su deuda puesto que no tiene la confianza de los inversionistas.

En este contexto, la construcción del complejo en Dos Bocas genera numerosas dudas. De entrada, no parece viable construir la refinería en tres años y con una inversión de 160 mil millones de pesos. El haber declarado desierta la licitación para la construcción de la refinería es un ejemplo elocuente. Ninguna de las empresas invitadas (se supone están entre las más experimentadas del mundo) se comprometió a concluir el proyecto en tres años y con una inversión de 160 mil millones de pesos.

Según la titular de la Secretaría de Energía (Sener), Rocío Nahle, las empresas no cumplieron las condiciones, pero la realidad es que la no satisfacción de las condiciones evidencia la inviabilidad de las pretensiones del gobierno en términos de costos y plazos. Ante esta situación, el gobierno anunció que se adoptaría un plan b consistente en la construcción de dos refinerías de menor tamaño. La construcción de la primera iniciaría en junio de este año, se concluiría en 2022 y tendría capacidad para refinar 170 mil barriles en lugar de los 340 mil originalmente previstos. No se ofrecieron detalles sobre la construcción de la segunda refinería.

Otra fuente de incertidumbre deriva en que el proyecto quedará bajo la responsabilidad de la Sener y de Pemex. A juzgar por diversos analistas y exfuncionarios de la petrolera, la decisión fue calificada como mala noticia, porque ninguna de las dos instituciones tiene la capacidad de ejecución requerida. Cabe recordar que la última refinería construida data de principios de los años 80 y, en la actualidad, las instituciones responsables de la obra carecen de experiencia y tecnología.

Los riesgos asociados con los excesos ideológicos y el voluntarismo que alimentan la política energética resultan exacerbados en virtud de la ausencia de contrapesos efectivos a la voluntad presidencial. Los nombramientos en la Comisión Reguladora de Energía o en el Consejo de Administración de Pemex han sido parte de la estrategia de concentración del control presidencial sobre la toma de decisiones en el sector. Y éste es quizás el principal riesgo.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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