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Panorama económico 2017: Un inevitable plan B

Panorama económico 2017: Un inevitable plan B
abril 01
07:15 2017

Los pronósticos económicos nacionales para este año no son alentadores, y aunque no se prevé una crisis como en el pasado, es necesario que haya una estrategia para enfrentar los diferentes escenarios a partir de la renegociación del TLCAN.

La economía mexicana enfrenta un momento complejo, aunque sería exagerado hablar de una crisis económica. Basta contrastar el comportamiento actual de las principales variables macroeconómicas y productivas con lo observado en los años 70 y 80, así como en 1995, cuando el país experimentó la crisis más profunda de su historia moderna. Sin embargo, la situación dista de ser satisfactoria y no se puede afirmar que los riesgos de crisis estén conjurados.

La complejidad del momento se evidencia al considerar una amplia lista de problemas estructurales no resueltos, la economía nacional enfrenta diversos desafíos coyunturales entre los que conviene destacar, en el plano interno, el comportamiento de las finanzas públicas y el crecimiento del endeudamiento y, en el plano externo, los efectos adversos de la política proteccionista y hostil de Donald Trump.

En relación con la problemática de las finanzas públicas, desde que en 2009 estalló la crisis financiera internacional, las autoridades hacendarias adoptaron, de manera supuestamente transitoria, una estrategia de incremento del gasto público dirigida a contrarrestar el escaso dinamismo de la demanda foránea.

Sin embargo, la prolongación de condiciones externas adversas, aunadas a las propias deficiencias estructurales de la economía doméstica, abrió la puerta al crecimiento del déficit. Así, el equilibrio presupuestario de 2007 se había convertido en un déficit cercano a 4% del PIB en 2016. En paralelo, el endeudamiento del sector público se elevó de manera consistente. Mientras en 2007 el saldo de la deuda del sector público federal equivalía a 21.3% del PIB, se estima que para finales de 2016 alcanzó 50% del producto (9.3 billones de pesos).

Un motivo adicional de preocupación es que tanto el incremento del Lic. Pedro Javier González G. Director de Seminario Político pj1999glez@gmail.com Los pronósticos económicos nacionales para este año no son alentadores, y aunque no se prevé una crisis como en el pasado, es necesario que haya una estrategia para enfrentar los diferentes escenarios a partir de la renegociación del TLCAN. déficit como el mayor endeudamiento han ocurrido a pesar de un significativo repunte de los ingresos tributarios derivados de la reforma fiscal de 2013. De hecho, la autoridad hacendaria informó que los ingresos tributarios alcanzaron un nuevo máximo histórico en 2016, al totalizar 2.7 billones de pesos, lo que significó una recaudación superior a la programada en más de 300 mil millones de pesos y un incremento de 11.9% real a tasa anual. En paralelo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reportó que en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto, la inversión física se ha reducido de manera constante: cayó 8.3% y se prevé que para 2017 la contracción sea de 22 por ciento.

En otras palabras, la pregunta es có- mo se puede incurrir en déficit y acumulación de deuda cuando los ingresos van en ascenso y el gasto de inversión se contrae. La interrogante se dirige a llamar la atención hacia un problema clave de la economía nacional y que, en términos concisos, se refiere a la proverbial incapacidad del Estado para gastar de manera eficiente y transparente. México ha realizado enormes esfuerzos para corregir sus finanzas públicas, pero enfrenta el riesgo de ver cómo los sacrificios realizados podrían ser lanzados por la borda en caso de que no se corrijan las tendencias mostradas por el déficit público y por el nivel de endeudamiento.

En el frente externo, la principal amenaza proviene de las intenciones del nuevo ocupante de la Casa Blanca de renegociar ventajosamente para Estados Unidos de América (EUA) el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) que, a su entender, ha permitido a México abusar de su relación con EUA. Donald Trump ha desplegado una agresiva estrategia de presión con la intención de disuadir a empresas con planes de inversión en México de dar marcha atrás e invertir en suelo estadounidense.

Además de una reducción en las exportaciones hacia EUA (que ha sido el principal motor de la actividad económica en los últimos años), el impacto más serio de las políticas proteccionistas de Donald Trump se verificará en el terreno de la captación de inversión extranjera directa, que podría registrar en 2017 una contracción de 40% en relación con el nivel alcanzado en 2016. Esto terminará impactando negativamente sobre la competitividad de la industria estadounidense y sobre los precios a los consumidores norteamericanos. Para Donald Trump se trata de la convicción de que, a través de golpes de voluntarismo y de presión política, es posible regresar a la época dorada de la manufactura en EUA: la utopía regresiva, según la afortunada expresión de Carlos Slim.

Tal como el propio Donald Trump lo expuso en su libro sobre el arte de negociar, de lo que se trata es de presionar, adoptar una postura de fuerza y doblegar. A este respecto, son elocuentes las declaraciones del próximo Secretario de Comercio Wilbur Ross, quien señaló que “México depende de EUA y está en una posición vulnerable como lo ilustran sus problemas devaluatorios. Bajo esas circunstancias, a México no le quedará otra alternativa que negociar”, en el entendido que “negociar” significa aceptar las condiciones impuestas por EUA.

Ante este panorama y la incertidumbre que provocará una revisión del TLCAN, es cada vez mayor el número de analistas que han revisado a la baja sus pronósticos de crecimiento del PIB para 2017. Varios de ellos lo ubican por debajo de 1% debido a los nexos entre el deterioro de las relaciones comerciales con EUA, los menores flujos de inversión foránea, la adopción de una política monetaria más restrictiva y, en general, por un debilitamiento de la confianza de inversionistas. México debe desde ahora abocarse a diversificar sus mercados y, sobre todo, a ampliar su mercado interno. Un Plan B debe estar desde ahora listo.

Lic. Pedro Javier González G.

Director de Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

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1 Comment

  1. ALBERTO CASTAÑEDA
    ALBERTO CASTAÑEDA abril 18, 16:16

    Muy acertado su artículo. Es necesario invertir en el campo y producir más artículos para el consumo interno, así como mejor alimentación, hacer industrias de mexicanos, no conformarnos con las empresas trasnacionales. Hay que trabajar.

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