Veritas Online

Político y Social

PAN-PRD, ¿hacia un frente amplio opositor?

PAN-PRD, ¿hacia un frente amplio opositor?
agosto 01
07:00 2017

La coalición entre ambos partidos parece una opción no muy lejana para enfrentar las elecciones de 2018. Es un recurso ante la necesidad de sumar para ganar los comicios y después para gobernar.

 

Hace unas semanas los presidentes nacionales del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Ricardo Anaya y Alejandra Barrales, dieron a conocer que habían entablado pláticas para ver la posibilidad de conformar un Frente Amplio Opositor de cara a los comicios de 2018. La noticia fue inesperada, pero no carente de lógica política.

Como resultado de múltiples factores, entre los que destaca la pérdida de credibilidad de los grandes partidos, el voto se ha fragmentado. Es una opinión generalizada que en 2018 el candidato triunfador difícilmente logrará superar 30% de los sufragios. Además del problema de gobernabilidad que presupone un gobierno minoritario, desde el punto de vista de las organizaciones partidarias, es cada vez más clara la necesidad de establecer alianzas con otras fuerzas. Así, el PRI ha debido recurrir a los votos que partidos pequeños como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza o Encuentro Social le pueden aportar para alcanzar la victoria.

En este contexto, tanto el PAN como el PRD parecen haber llegado a la convicción de la necesidad de lograr acuerdos con otras fuerzas para aspirar al triunfo. Es cierto que el PAN ha obtenido victorias importantes en elecciones de gobernador compitiendo solo, tal como ocurrió en Chihuahua o Tamaulipas. Pero es igualmente cierto que, en otros casos, pese a tener posibilidades reales de triunfo, estas no se materializaron debido a que el partido tuvo que enfrentar solo al PRI y sus aliados.

No es por tanto extraño que en las filas del panismo el anuncio haya sido objeto de una recepción mucho más favorables que en las del perredismo. En Acción Nacional parece claro que, para derrotar al PRI y a Morena en 2018, se requerirán aliados. En cambio, en el PRD, el anuncio, si bien fue recibido con beneplácito por las fuerzas que buscan dar continuidad a la política de diálogo y construcción de acuerdos con otras fuerzas políticas, fue también rechazado por aquellos grupos que todavía suspiran por una alianza con López Obrador.

Desde luego, la posible conformación de un Frente Amplio no es una tarea sencilla. El reto mayor consistiría en consensuar un proyecto de gobierno, pues la idea de un Frente Amplio trasciende la de la alianza electoral. En otras palabras, el Frente Amplio no tiene como propósito único ganar una elección, sino impulsar un gobierno de coalición previamente consensuado.

Un Frente Amplio se puede definir como una coalición formal entre partidos, movimientos sociales y organizaciones ciudadanas estructurada en torno a objetivos comunes expresados en la suscripción de una plataforma política. Aunque en su interior cada partido, movimiento y organización conserva su identidad, el funcionamiento eficaz del Frente presupone la adopción de estrategias de acción política unificadas, tanto en el nivel de lo electoral como en el del ejercicio del gobierno.

El gran desafío histórico de los partidos-frente y que, salvo unas pocas excepciones (como la uruguaya) han sorteado con éxito, es el de su estabilidad: mantener unidos partidos heterogéneos y movimientos sociales que, al margen de sus coincidencias ideológicas y programáticas, son portadores de distintas culturas políticas y de diferentes objetivos estratégicos.

Por ello, la viabilidad de un Frente que reúna al PAN y al PRD depende de su transformación en un gobierno de coalición, entendido como una modalidad de gobierno basada en una alianza entre grupos y fuerzas distintos de acuerdos previos sobre objetivos y programas de gobierno, así como a la distribución de facultades y responsabilidades de cada grupo.

La celebración de acuerdos entre fuerzas partidarias con distinta historia y aun de distintas orientaciones ideológicas y programáticas es frecuente en el mundo democrático. Incluso no son raros los casos de coaliciones entre fuerzas de izquierda y derecha, como lo ilustra la experiencia chilena de transición a la democracia, la cual fue posible gracias a la coalición entre el centro-derecha y el centro-izquierda.

Si bien en naciones con sistemas bipartidistas la celebración de alianzas o coaliciones no forma parte de la práctica política, donde el multipartidismo es la norma y los gobiernos no cuentan con una mayoría estable para gobernar, la celebración de coaliciones se impone como un mandato o como producto del reconocimiento de que estas son el mejor remedio contra los males que aquejan al presidencialismo multipartidista.

Las coaliciones surgen de la necesidad de sumar, en primera instancia, para ganar una elección y, en segunda, para gobernar. Su principal ventaja radica en que la inestabilidad o los déficits de gobernabilidad son menos frecuentes que en los casos de gobiernos de minoría. En todo caso, el principal argumento en favor de un gobierno de coalición reside en que, debido a que este implica compartir responsabilidades de gobierno, su concreción es una apuesta por el pluralismo. Otras ventajas son que la coalición significa la ampliación de la base social del gobierno y en que, desde la perspectiva de lo electoral, actúan como una suerte de contrapeso a las tendencias a la fragmentación del voto.

Ciertamente, no parece fácil la construcción de un Frente Amplio Opositor. No obstante, la propuesta podría representar una vía efectiva para fortalecer la gobernabilidad, amén de conjurar los riesgos de una respuesta rupturista a la crisis de credibilidad del sistema y de la clase política.

El planteamiento llama la atención sobre la necesidad de atender con carácter de urgente los problemas asociados con la fragmentación del voto y los gobiernos minoritarios. Se impone pensar con seriedad en las ventajas de los gobiernos de coalición (ya reconocidos en el texto constitucional, pero carentes de la legislación reglamentaria para ponerlos en vigor) y aun de la segunda vuelta.

Lic. Pedro Javier González G.

Director de Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

Facebook Comments

Related Articles

1 Comment

Write a Comment

A %d blogueros les gusta esto: