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México y Estados Unidos: El futuro de las relaciones económicas

enero 01
07:00 2017

El discurso político coyuntural se olvida a veces del gran calado y la complejidad del intercambio comercial entre México y Estados Unidos. Pasa por alto, también, que la nuestra está llamada a ser una de las seis economías más grandes del mundo. Este artículo dimensiona la integración económica de América del Norte y plantea sus principales retos.

RELACIÓN DE HECHOS

La geografía es destino, y el destino económico de México está ineludiblemente atado al de Estados Unidos. Al menos desde el porfiriato se ha buscado diversificar las relaciones económicas internacionales del país, pero el poder de la geografía y el mercado es mayor que el de la voluntad política (ver la Gráfica 1).

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La relación comercial con Estados Unidos ha sido un factor perenne de nuestra política económica exterior, pero su naturaleza se ha venido transformando en el último cuarto de siglo (Riguzzi y de Los Ríos, 2012). Tradicionalmente, el grueso de nuestras exportaciones se dirigen al mercado estadounidense, pero el comercio exterior es cada vez más importante para la economía mexicana: el coeficiente de apertura comercial pasó de 27% en 1980 (Secretaría de Programación y Presupuesto, 2008) a 67% en 2015 (INEGI y FMI, 2016).

Lo anterior está ligado a la creciente importancia de la inversión extranjera directa. En 1993, justo antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), fue de 4 mil 388 millones de dólares (SE, 2016) y en 2015, de 28 mil 382 millones de dólares (SE, 2015). Estados Unidos se mantiene como el principal inversionista del país. Los crecientes flujos de comercio e inversión han llevado, a su vez, a incrementos del comercio intraindustrial e intraempresa. Una manera de apreciar esto último es midiendo el valor agregado en un país e incorporado en las exportaciones del otro (ver la Gráfica 2).

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Los países de América del Norte no solo comercian entre sí e invierten en la región, sino que producen de manera conjunta, y lo más probable es que esta tendencia se acentúe en las décadas por venir. Según estimaciones de PricewaterhouseCoopers, México será la sexta economía mundial en 2050, solo detrás de las de China, India, Estados Unidos, Indonesia y Brasil, pero superando a las de países como Japón, Rusia, Alemania, Reino Unido y Francia. De acuerdo con estas proyecciones, la economía canadiense ocupará el décimo noveno lugar (PwC, 2015).

En forma paralela, la economía global se está transformando de manera radical. McKinsey identifica un conjunto de factores que están modificando los modelos de negocio, la economía internacional y la vida cotidiana, a saber: el internet móvil; la automatización del trabajo intelectual; el internet de las cosas; la información en la “nube”; la robótica avanzada; los vehículos autónomos y semiautónomos; la genómica; los sistemas de almacenamiento de energía; la manufactura aditiva; los materiales avanzados; la tecnología de punta para la exploración de gas y petróleo y para la recuperación de combustibles y las energías renovables (Chui, Bughin, Manyika, et. al., 2013). La interacción de estos 12 factores dará como resultado una economía radicalmente distinta de la que conocemos en la actualidad.

Por el creciente volumen del comercio tradicional, del intraindustrial y del intraempresa, el auge de la producción compartida y el radical cambio tecnológico en marcha, así como por las perspectivas de la economía mexicana a mediano y largo plazos, la relación económica entre Estados Unidos y México será cada vez más relevante para el futuro de los dos países, aunque numerosos actores en aquel país no parecen percatarse de ello (ver la Gráfica 3).

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Al menos seis millones de empleos en Estados Unidos están relacionados con su comercio bilateral con México. En cuanto a inversión, México es el principal inversionista latinoamericano en Estados Unidos, y en prácticamente todos los estados de la Unión Americana, están asentadas empresas mexicanas que en conjunto generan, al menos, 80 mil empleos directos (estimaciones de la Cámara de Comercio de Estados Unidos). 

LOS RETOS

La integración económica entre México y Estados Unidos es cada vez más profunda, y por ende el costo de oportunidad derivado de barreras a la interacción económica es cada vez mayor. Aunque la economía de Canadá será menor que la de México, desde la perspectiva de la producción compartida y la dotación de recursos (humanos y energéticos, entre otros), un mayor grado de integración económica traerá beneficios para ambos países y para la región en su conjunto. En este contexto, es posible identificar al menos cinco retos que incidirán en el futuro económico de la región.

1. El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), ¿se ratificará? ¿De ser así, cómo aprovecharlo cabalmente?

2. La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) que negocian Estados Unidos y la Unión Europea. Si estas negociaciones prosperan, cada país de América del Norte tendrá su propio acuerdo comercial con la Unión Europea. Sin una coordinación estrecha, se corre el riesgo de que el comercio  se desvíe y las cadenas productivas se segmenten.

3. El nacionalismo creciente y los riesgos de proteccionismo en Estados Unidos. El ascenso político del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, tiene su base en una creciente insatisfacción alimentada por el estancamiento de salarios, la concentración del ingreso, el temor a la globalización y el pesimismo. Aun si pierde Trump, las condiciones que favorecieron su notoriedad seguirán presentes.

4. La infraestructura inadecuada. México no podrá seguir aprovechando adecuadamente el TLCAN ni los grandes acuerdos comerciales en ciernes si sigue invirtiendo en infraestructura menos que otros países de América Latina, China e India (Margot, Serebrisky, Suárez Alemán, et. al., 2015; Bonifaz, Guerra García y Rozas, 2013).

5. La corrupción en México y la deteriorada imagen de México en Estados Unidos (Transparency International, 2015).

QUÉ Y CÓMO HACERLO

La economía y el comercio son componentes esenciales de la política exterior. En sus relaciones con el resto de los países de América del Norte, México debe promover acciones conjuntas para favorecer los flujos comerciales de bienes y servicios, inversiones y capital humano. Ello es vital para la prosperidad y, por ende, la seguridad del país. No hay recetas mágicas para enfrentar los retos que impone la relación económica de México con Estados Unidos y entre los tres países de la región, pero sí se puede actuar en los ámbitos nacional, bilateral y regional para consolidar la inserción de México en América del Norte. Se esbozan a continuación algunas ideas sobre esta temática compleja.

Al menos seis millones de empleos en EUA están relacionados con su comercio bilateral con México”.

El acuerdo de Asociación Transpacífico

La puesta en marcha del TPP ayudaría a reducir las tendencias proteccionistas de Estados Unidos y “blindar” el TLCAN. La ratificación del tratado por parte de Estados Unidos es vital y las lecciones derivadas del TLCAN pueden ayudar a este propósito y, en caso de que prospere, a un aprovechamiento cabal de mecanismo (Ortiz-Mena, 2016).

En caso de que la ratificación del tratado no se logre, México tendría que buscar una profundización del TLCAN con los elementos que ofrece el propio tratado, en especial el artículo 1504 sobre cooperación en materia de política de competencia y los artículos 1907 y 2022 que permiten reforzar los mecanismos de resolución de controversias.

También se podrían intensificar las acciones de política económica exterior para destacar el papel de México como puente natural entre América del Norte y América Latina, en particular mediante la Alianza del Pacífico.

La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión

Se debe asegurar que no se desvíe el comercio ni se obstaculice la operación de las cadenas de producción en América del Norte. México deberá ajustar su acuerdo comercial en función del alcanzado recientemente entre la Unión Europea y Canadá, así como de un eventual TTIP.

Proteccionismo en Estados Unidos y la imagen de México

Cambiar la imagen y reputación de México en Estados Unidos no se logrará en el corto plazo ni solo con campañas de relaciones públicas. En Estados Unidos no se conoce bien la importancia de sus nexos económicos con México. Se debe brindar información clara y asequible al respecto a los principales tomadores de decisiones.

También hace falta impulsar la investigación sobre México tanto en universidades como en think tanks estadounidenses. El perfil de México en Estados Unidos es más bajo que el de otros países menos relevantes para la seguridad y la prosperidad de ese país.

Corrupción

Si no hay cambios en los indicadores internacionales sobre corrupción, será difícil que la confianza sea una ventaja comparativa de México para atraer inversiones. Las declaraciones públicas, las campañas mediáticas, las iniciativas legales y la canalización de recursos financieros o humanos serán absolutamente irrelevantes en tanto no haya resultados tangibles y una verdadera rendición de cuentas.

Infraestructura y conectividad

Se han dado avances en conectividad transfronteriza como el Programa de Despacho Aduanero Conjunto y el Manifiesto Único de Carga. Se ha mejorado la infraestructura en algunos cruces y, en agosto de 2016, entró en vigor el Acuerdo Bilateral Aéreo México-Estados Unidos que impulsará la conectividad de carga y pasajeros entre ambos países. Son avances importantes, pero aún queda mucho por hacer.

DE TEMAS A MECANISMOS

Existen dos mecanismos clave para la conducción de la relación económica bilateral:
el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) y el Diálogo Empresarial México-Estados Unidos. El DEAN facilita la coordinación entre autoridades de ambos países y entre las dependencias nacionales que inciden en la relación económica bilateral. La relación es multidimensional, por lo que no será posible resolver escollos complejos ni impulsar de manera estratégica la relación mediante acciones segmentadas. Un reto central será asegurar que el DEAN trascienda a las actuales administraciones en México y Estados Unidos.

El Diálogo Empresarial México-Estados Unidos se estableció en 2013 por iniciativa de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y del Consejo Coordinador Empresarial de México. Tiene como objetivo establecer posicionamientos en temas que impactan las relaciones económicas bilaterales y ha permitido que el sector privado de ambos países tenga una visión compartida y una mejor interlocución con las autoridades en ambos lados de la frontera.

La toma de decisiones en Estados Unidos

En 2014 el Council on Foreign Relations presentó un informe sobre el futuro de América del Norte. Entre sus recomendaciones destaca la designación de “un alto cargo del Gobierno de Estados Unidos como paladín de la causa de América del Norte, para que presione a favor de la instrumentación de políticas uniformes en todos los organismos públicos y sobre todos los temas” (Council on Foreign Relations, 2014).

La política estadounidense sobre asuntos norteamericanos frecuentemente suele ser fragmentada y reactiva. Si no se produce un cambio en Estados Unidos que posibilite la designación de un “paladín”, México deberá redoblar sus esfuerzos para procurar que el destino común de ambos países sea de prosperidad compartida.

Dr. Antonio Ortiz-Mena L.N.
Asesor senior en Albright Stonebridge Group
aortizmena@AlbrightStonebridge.com

Este artículo es un extracto del original titulado Tamaño y distancia son destino: El futuro de las relaciones económicas entre México y Estados Unidos publicado en la revista bimestral Comercio Exterior de Bancomext. Nueva Época. Número 8 octubre- diciembre 2016. México.

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