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Ética

Los valores fundamentales, fantasmas de la ética personal y profesional

Los valores fundamentales, fantasmas de la ética personal y profesional
mayo 06
2019

Los tiempos cambian y con ellos también las necesidades. Los medios o formas para satisfacer las demandas de bienes o servicios deben evolucionar hacia la complejidad tecnológica, social, política y económica del devenir del mundo para la trascendencia de la humanidad.

En aras del progreso, el hombre modifica sus ejes estratégicos de acción y comportamiento, de la misma forma la escala de valores cambia al no tenerse una sólida base ética, de tal modo que cada persona da una respuesta diferente a los valores que se definen como superiores.

La sucesión ordenada de estas convicciones en el ejercicio de la actividad profesional va perdiendo alcance, la capacidad de las personas para cometer o perpetrar actos no éticos crece día a día a razón de un análisis de situaciones de costo beneficio. La cultura ética no está siendo fortalecida, peor aún, se está dejando de permear hacia las nuevas generaciones; el tráfico de personas, de órganos, de armas, de bienes culturales, de vida silvestre, de drogas, la piratería, la explotación forestal, entre otras prácticas, se están convirtiendo en actividades dirigidas u organizadas como una actividad económica común.

En la actualidad, si nos detenemos a observar los actos del ser humano percibiremos que el hombre está orientando su sensibilidad de forma muy notable hacia el tener, restando importancia al valor del ser, existiendo de tal modo una marcada preocupación consciente por la satisfacción de cosas materiales.

Sin distinción de los tiempos, el hombre no debería diferenciar su comportamiento en la toma de decisiones entre el bien o el mal, establecer acciones disciplinarias para asegurar una conducta ética en lo personal y profesional ni crear códigos para promover conductas “deseables” cuando éstos tienen una aplicación endeble. El individuo por sí debe tener sólidos criterios para no entrar en posturas o pautas de posibles opciones de aplicación de juicios parciales, la integridad per se, debe ser deontológica y no un soft skills requerido o impuesto para obtener o desarrollar una actividad.

Creer que con solo establecer programas de cultura organizacional, el realizar entrevistas y cuestionarios de manera personalizada o electrónica para asegurar el cumplimiento de los valores, hacer de manera aleatoria pruebas durante el año para prevenir o detectar conductas que atenten contra los códigos de ética institucionales, es exponerse riesgosamente ante un “francotirador”; la habilidad humana aprovecha la credulidad de los gobiernos corporativos para vulnerar situaciones cotidianas.

Las amenazas de fraude se esconden en todas las organizaciones, en todos sus niveles estructurales, la gente denominada de “confianza” violenta los controles internos no sólo por la observancia mínima de los comités u oficiales de cumplimiento de los procesos que garantizan la “integridad” de la organización, sino también por la falta de aplicación evidente de sanciones a la deshonestidad, inclusive por la presencia engañosa o simulada de castigos a las acciones evidentemente tramposas, en este sentido los costos de cumplimiento se vuelven elevados, poco provechosos, pues no aseguran la lealtad y honradez de todas las acepciones de valores profesionales en los negocios.

Un estudio realizado en 2018 por la Asociación de Examinadores de Fraude (ACFE, por sus siglas en inglés) estima que 5% promedio de la pérdida de ingresos anuales es ocasionada por el abuso de los empleados a la apropiación indebida del 89% de los activos; el reporte entregado por la ACFE señala que las empresas pequeñas son más propensas a sufrir fraudes ocupacionales, tales como manipulación de estados financieros, pagos, compras, entre otros. Un dato alarmante del estudio es la señalización de que 63% de los actos dolosos es cometido por el personal y que sólo 4% recibe una sanción; con esto se comprueba una vez más que la falta de sanciones es un detonador para transgredir a la organización.

Adicionalmente la asociación concluye que entre más alto es el nivel de autoridad del perpetrador mayores serán las pérdidas por fraude.

La humanidad requiere entender que no solamente las empresas pierden ante las acciones dolosas de los individuos, la sociedad en la que interactuamos es la más afectada por una pérdida de confianza en el propio ser, quebrantando generacionalmente; en un acto de subsanar la coexistencia, el Código de Ética Profesional del contador público en su 10.ª edición continúa enmarcando los principios fundamentales de la práctica profesional: integridad, objetividad, diligencia y competencia profesional, confidencialidad, comportamiento profesional, teniendo un impacto en el ámbito de los negocios como en la esencia del individuo.

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL CÓDIGO DE ÉTICA ENFOCADO A LOS NEGOCIOS

Siempre existirán medidas o acciones que permitirán detectar y eliminar las amenazas creadas por entorno del individuo, pero éstas no funcionan, sino se ejecutan con responsabilidad y conciencia desde su acepción, para lograr verdaderamente la competitividad, productividad y rentabilidad.

Mtra. y C.P. María Guadalupe Martínez Castañeda
Integrante de la comisión de Ética y Responsabilidad Profesional
docencia_mgmc@yahoo.co.uk

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