Los 18 países de América Latina encuestados anualmente van por un rumbo semejante: el grado de satisfacción ciudadana con la democracia es cada vez menor.

En la más reciente entrega (octubre de 2017) de los resultados de la encuesta que anualmente levanta la Corporación Latinobarómetro en 18 países de América Latina, se señala reiteradamente que la democracia en la región está enferma y que su mal se asemeja a la diabetes.

Aparentemente, la vida sigue su curso normal, pero el deterioro es claro y continuo. Explícitamente se afirma que la latinoamericana es una “democracia diabética que no alarma, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores, distintos según el país, y el momento, que permite de alguna manera ignorarlos como fenómeno social. Sin embargo, vistos en conjunto, esos indicadores revelan el deterioro sistemático y creciente de las democracias de la región. No se observan indicadores de consolidación, sino, acaso, indicadores de desconsolidación”.

En todas las naciones de la región, el porcentaje de personas que considera que la democracia, pese a sus inocultables problemas, es la mejor forma de gobierno es claramente superior al de quienes piensan que un gobierno autoritario sería una mejor opción. No obstante, lo que no se puede perder de vista es que este porcentaje ha experimentado una disminución clara en el transcurso de los años recientes. El informe destaca que, por quinto año consecutivo, el apoyo a la democracia en la región no crece; de hecho, registra una baja de un punto porcentual respecto al año previo: 54% en 2016 y 53% en 2017. Y ello ocurre a pesar de que mejora el desempeño de las economías.

La mayor pérdida se produce en México con 10 puntos porcentuales menos que en 2016, llegando a 38% en 2017, cifra que contrasta con el máximo de 59% registrado en 2005. La segunda mayor pérdida se produce en Perú con ocho puntos porcentuales respecto del año pasado, llegando a 45%, con un máximo de 61% en 2010. Honduras pierde 7 puntos porcentuales llegando a 34%, República Dominicana pierde 6 puntos porcentuales llegando a 54%, mientras Bolivia baja 5 puntos porcentuales llegando a 59%. El caso de Argentina es también emblemático porque junto con Uruguay y Costa Rica se había distinguido en la década de los años 90 e inicios de la década de 2000 por ser los países con alto apoyo a la democracia.

El apoyo a la democracia en los 18 países de la región muestra nítidamente un punto de inflexión que se podría situar cerca de 2010 para una parte importante de los países, a partir del cual se comienza a producir un proceso de lento deterioro del apoyo. Se trata, vale la pena insistir en este punto, de una enfermedad como la diabetes, que no es visible a simple vista, donde todo parece igual, pero que existe y tiene consecuencias. No es lo suficientemente alarmante para encender las luces rojas, pero va lentamente carcomiendo, perdiendo algo ya alcanzado, sin que se tenga un remedio concreto para detener la merma y comenzar la recuperación.

En México, la encuesta registró que 56% de los adultos está de acuerdo con la frase “la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno”. En 2016, el mismo estudio registró 71%, lo cual significa una caída de 15 puntos porcentuales en el último año. Este dato indica que el apoyo popular a la democracia disminuyó a su nivel más bajo desde que la pregunta se incluyó en la encuesta en 2002. En ese año, el apoyo a la democracia era de 73%, subió a 81% en 2004.

Más aún, desde un punto de vista minimalista, es decir, aquel que entiende, junto con Winston Churchill, que “la democracia es la peor forma de gobierno con excepción de todas las demás”, el grado de apoyo a la democracia también disminuye en la toda la región, al pasar del 75 al 69%, si bien hay notables contrastes entre Uruguay, país con el mayor grado de aceptación de la democracia (84%) y México, donde solo 54% está de acuerdo con que la democracia es preferible a otros regímenes. En otras palabras, aun considerando la prevalencia de expectativas moderadas respecto a los frutos de la democracia, la constante baja de apoyo registrada en los últimos cinco años conforman un cuadro muy claro de declive de la democracia.

Aunque la explicación de este comportamiento involucra una amplia gama de factores, no se puede perder de vista que, al igual que en el resto de América Latina, el grado de satisfacción ciudadana con la democracia es cada vez menor. En 2017, en México, solo 18% de los encuestados manifestó sentirse satisfecho con la democracia, mientras que el promedio de satisfacción de la región fue del 30%. Comparado con los otros países incluidos en el estudio, el apoyo a la democracia en México es el más bajo de toda América Latina.

En 2017, en México solo 18% de los encuestados manifestó sentirse satisfecho con la democracia. El promedio en América Latina fue de 30 por ciento”.

Las razones de esta insatisfacción son claras y se relacionan con el bajo nivel de aprobación a la gestión gubernamental, con la extendida percepción de que las decisiones políticas obedecen más a la lógica de los intereses individuales o de grupo y no al interés de la sociedad y a la cada vez más acusada pérdida de credibilidad de las instituciones, particularmente el sistema de partidos.

La encuesta reveló que nueve de cada diez entrevistados consideran que el gobierno no trabaja para el bien de todo el pueblo, sino solo para beneficio de algunos grupos poderosos. Además, la confianza en los partidos cayó de 21 a 9% en el último año, mientras que la confianza en el Congreso pasó de 32 a 22%, e incluso la confianza en las Fuerzas Armadas disminuyó de 61 a 52%.

A pesar de estos poco alentadores resultados, cabe subrayar que ello no se ha traducido en un aumento en las preferencias por soluciones autoritarias. De hecho, en la región en su conjunto, quienes afirmaron preferir una solución autoritaria disminuyeron de 19 a 15%. Lo que sí tuvo lugar fue una mayor indiferencia hacia el tipo de régimen: el porcentaje de quienes señalaron que para gente como ellos no había diferencia entre un régimen democrático y uno autoritario se elevó de 23% en 2016 a 25% en 2017. Uno de cada cuatro latinoamericanos es indiferente al tipo de régimen. El desencanto con la política está teniendo consecuencias para la democracia. Los datos correspondientes a México se ubican en niveles semejantes.

Finalmente, la menor satisfacción con la democracia y sus resultados, así como el cada vez más difuso apoyo ciudadano al régimen democrático, no está generando una mayor proclividad a la acción política de corte radical y antiinstitucional. Lejos de ello, lo que se observa es un mayor interés en las candidaturas independientes y en las acciones de la sociedad civil, al tiempo que, pese a todo, la ciudadanía sigue apostando por la vía electoral.

 

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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