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Latinobarómetro 2013: El desencanto por la democracia

Latinobarómetro 2013: El desencanto por la democracia
enero 02
10:21 2014
Seminario Político
pj999glez@gmail.com
México ocupa el último lugar, de 18 naciones de América Latina, en confiar en la democracia. Esto parece ser un reflejo del desinterés de los mexicanos por el régimen que los gobierne y del gran distanciamiento de la clase política.
Desde mediados de la década de los años 90, se ha aplicado el Latinobarómetro en 18 naciones latinoamericanas que, al menos formalmente, cuentan con instituciones democráticas. De ahí su utilidad, pues da cuenta de la manera en que la democracia es percibida y los desafíos para su consolidación.

En su edición de 2013, los resultados del Latinobarómetro correspondientes a México son, a la vez, interesantes y preocupantes. Si estos se quisieran resumir en una sola palabra, ésta sería desencanto, desencanto con la democracia y sus resultados, pues indican que solo 37% opina que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, México ocupa el último lugar de América Latina y el Caribe; muy abajo de Uruguay o Argentina, e incluso de Venezuela.
Ello no necesariamente quiere decir que los mexicanos consideren que el autoritarismo es una mejor opción, sino que en realidad hay una marcada indiferencia; de hecho, un porcentaje igual de entrevistados (37%) opinó que da lo mismo un gobierno autoritario o uno democrático.
Los resultados de México son contrastantes comparados con la mayor parte de las naciones latinoamericanas. Salta a la vista que en prácticamente todas las naciones de la región ha crecido la preferencia por la democracia, incluso en países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, que si bien optaron por esa forma de gobierno, están gobernados por una clase política que acusa significativos rasgos autoritarios.
En cambio, Costa Rica y México son naciones donde ha decrecido más la preferencia por la democracia. Una hipótesis es que la larga historia de regímenes militares ha hecho a los habitantes del resto de América Latina más tolerantes con las deficiencias de los regímenes democráticos; en cambio, el hecho de que en México no se hubiesen llegado a los niveles de falta de libertades civiles de esas otras naciones se traduce en mayores dosis de desencanto.
La percepción de los mexicanos sobre la democracia también obedece a otros factores como la economía, la inseguridad y la delincuencia
En el caso de México, llama la atención el contraste entre este bajo nivel (37%) y el correspondiente a 2002, cuando más de la mitad de los mexicanos prefería la democracia sobre cualquier otra forma de gobierno (ver tabla). La alternancia implicó un creciente entusiasmo con el régimen democrático. Sin embargo, con el paso de los años, este entusiasmo se fue enfriando debido a los pobres resultados y al espectáculo de una clase política incapaz de alcanzar acuerdos, de escuchar a los ciudadanos y de promover los intereses nacionales y no sólo el de los partidos, de igual manera, la incapacidad de los actores políticos para reconocer derrotas y el discurso sobre su puestos fraudes contribuyó a erosionar la confianza ciudadana en la democracia.
Esta situación da cuenta de un creciente desencanto de los ciudadanos con los resultados del régimen democrático, hecho que, a su vez, plantea un enorme
desafío en materia de representatividad. En efecto, íntimamente ligado con este desencanto se halla la enorme insatisfacción y desconfianza hacia las instituciones, principalmente hacia las que son clave de la democracia representativa. Tanto los resultados del Latinobarómetro como los de otros ejercicios demoscópicos similares (por ejemplo, la Encuesta Nacional de Cultura Política y Participación Ciudadana, de la Secretaría de Gobernación) plantean con claridad que los partidos políticos y el Congreso se encuentran en los últimos lugares en materia de confianza, solo superados por la policía. De hecho, en el Latinobarómetro, 45% de los entrevistados respondió que la democracia podría funcionar sin partidos políticos y 38% aseguró que podría hacerlo sin Congreso.
Más que reparar en lo absurdo de una democracia representativa sin partidos y sin Congreso (pues la integración del Congreso es resultado de un proceso democrático de elección popular y los partidos, en teoría, son instituciones de intermediación política), lo importante es reparar en la poca confianza que ambas instituciones inspiran a la ciudadanía y, sobre todo, en la distancia entre la clase política y los ciudadanos.
La percepción sobre la democracia también obedece a la convergencia de otros factores, en el que la economía es quizá el principal, y al que se suman otros como la inseguridad y la delincuencia. Ello incide en los resultados que México obtiene y que son indicativos de un ineludible déficit de legitimidad democrática. No obstante los resultados que arroja el Latinobarómetro, México sigue formando parte del grupo de naciones con desarrollo democrático, con
las paradojas que ello le acompañan.

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