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La tormenta perfecta para el crimen financiero

La tormenta perfecta para el crimen financiero
octubre 01
2020

Se vislumbra un mal clima en el sistema financiero mexicano, con la acumulación de riesgos económicos.

La crisis económica que acompaña a la de salud, así como la falta de programas contracíclicos por parte del gobierno federal, están generando las condiciones económicas para producir una tormenta perfecta en el sistema financiero mexicano, de la que nadie estará a salvo.

Esta problemática alimenta un círculo no virtuoso de cierre de negocios, empresas y comercios, propiciando un incremento en el desempleo formal e informal al que aún no se le ve fin (el deterioro será mayor en los próximos meses), pero que hoy tiene un impacto en las instituciones financieras, en particular la banca, que ya refleja números negativos.

De acuerdo con el boletín estadístico de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), publicado en julio del presente año, la caída de la cartera a empresas de junio 2019 a junio 2020 fue de 1.89%; la cartera de tarjeta de crédito bajó 11.89%, y el crédito al consumo disminuyó 9.04%. Las reservas bancarias aumentaron 52% gracias al incremento en los índices de morosidad, que ya es superior a 4.59%. Estas condiciones han llevado a que las utilidades de los bancos se vean afectadas en 34 por ciento.

Banxico encuestó a los bancos sobre sus expectativas para lo que resta de 2020, respecto a la solidez en las carteras de crédito. La respuesta fue que en los siguientes meses podrán reflejar una mayor caída en sus carteras, pero que el principal impacto podría darse en los créditos a pequeñas y medianas empresas (pymes). Asimismo, estiman que de 30 a 40% de sus deudores buscarán esquemas de reestructura.

Durante una entrevista, el expresidente de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), Mario di Costanzo, comentó que se estima que 9.8 millones de créditos tendrán problemas de pago, de los cuales 3.6 se encuentra en plásticos bancarios, cifra que deriva de esquemas de diferimiento de pagos que registran 9.3 millones de créditos.

Los planes de diferimiento terminaron y lo que sigue son los de reestructura, que conllevan una carga de reservas y afectaciones a los índices de capitalización de las instituciones. Basta recordar el caso de Banco Ahorro FAMSA, que tuvo un constante deterioro en su índice de capitalización que lo llevó a una intervención por parte de la CNBV, con una afectación a los clientes.

Los depósitos bancarios han crecido más de 10%, esto indica que los mexicanos han preferido la seguridad que representa la banca, antes que inyectar estos recursos a procesos productivos. Se puede suponer que es parte de la incertidumbre que existe para invertir en el país.

Los usuarios y ahorradores cuentan con el componente del seguro del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), que protege sus recursos hasta 400 mil Unidades de Inversión (UDI), alrededor de 2.6 millones de pesos. Una gran herramienta para los mexicanos, pero que no es suficiente.

Hasta aquí, se han analizado en particular los estimados y resultados de la banca, pero esto se permea a todo el sistema financiero: Sofipo, Sofome, Sofico, Socap, uniones de crédito, etcétera, en los que verán reflejados los deterioros de las carteras crediticias y requerimientos de capital.

Estas variables macroeconómicas, que tendrán un impacto en la solidez de las instituciones financieras, plantean retos importantes para compliance y prevención, debido al aumento de apetito de negocio en las áreas comerciales que pueden reflejar incrementos en los riesgos de delito financiero, lavado de dinero, fraudes cibernéticos, evasión fiscal, entre otros, que representan el elemento que le faltaba a esta tormenta, tanto para las instituciones financieras como para sus usuarios.

También afecta a los especialistas de prevención y a compliance si las áreas de negocio ignoran el apetito al riesgo que la institución guardaba antes de COVID-19, por las presiones de la alta dirección para subir los ingresos aumentando los presupuestos de captación y colocación de las entidades financieras. Si se suman clientes con necesidades urgentes de crédito, así como otros en busca de proteger sus patrimonios, esto sería un caldo de cultivo para los criminales. Las áreas de compliance tienen que estar más alertas a los indicadores de riesgo.

Enfoque basado en riesgo

El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) llamó a reforzar las medidas de prevención contra el crimen financiero por COVID-19. En particular, pidió que los gobiernos y sus instituciones fortalezcan sus procesos de enfoque basado en riesgo.

Los especialistas de prevención y compliance tendrán que fortalecer la metodología de evaluación de riesgos a los que están expuestos, identificando los nuevos que se presentan. También deberán establecer controles adicionales en la incorporación de nuevos negocios a las instituciones financieras, validando de manera cuidadosa el origen de los recursos que ingresan a la institución y la debida diligencia de los clientes, así como controles en el monitoreo transaccional de los usuarios, para identificar operaciones inusuales, flujos fuera de lo común, tipologías de empresas fantasma y uso de “mulas”.

Hay una constante en esta crisis: la falta de liquidez de los particulares. Por tanto, es importante que el monitoreo transaccional refleje alertas ante cualquier variación en los recursos económicos con los que los clientes muevan la ruta del dinero, identificando las tipologías de ocultamiento, así como las relacionadas con la dispersión de recursos.

Las entidades de tecnología financiera en proceso de autorización por parte de la CNBV, tendrán que revisar sus modelos de evaluación de riesgos ante esta nueva amenaza derivada de la crisis de salud y financiera. Estos modelos deberán de ser revisados antes del inicio de operaciones.

Son momentos de guerra para las áreas de prevención y compliance, pues tienen que identificar y medir constantemente los nuevos riesgos a los que están expuestas, en esta crisis económica post-COVID-19.

Sin embargo, falta el papel del supervisor y el regulador. La CNBV, así como de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), deberán prender alertas para seguir el comportamiento del crimen financiero, comprender la tipología de donde se presenta y comunicar de manera eficiente a todas las entidades del sector para tener una reacción del sistema mucho más ágil.

Todo indicador de peligro debe ser incorporado al diseño de las metodologías de evaluación y las matrices de riesgo. En estos momentos de guerra para todos los especialistas, oficiales de cumplimiento y profesionales en la materia, se debe trabajar para entrenar en estas nuevas tipologías de crimen a su entidad financiera, desde las áreas de negocio hasta la alta dirección.

Hay momentos en la vida en que los factores parecen juntarse para generar condiciones que golpearán de una u otra manera. Esos momentos forman la tormenta perfecta.

Lic. Juan Carlos Cervantes Córdova
Integrante de la comisión de Prevención de Lavado de Dinero del Colegio
Socio director de consultoría en Easy Compliance
juan.cervantes@easycompliancemx.com

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