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La renuncia de Margarita Zavala y la contienda electoral

La renuncia de Margarita Zavala y la contienda electoral
mayo 28
09:37 2018

El 15 de mayo, Margarita Zavala, candidata independiente a la presidencia de la república, anunció su renuncia a continuar en la contienda electoral. Se trata, sin lugar a dudas, de un hecho trascendente que eventualmente podría incidir sobre la marcha de la campaña.

Sin embargo, la decisión de Zavala no fue sorpresiva; de hecho, casi desde que arrancó la campaña, hubo especulaciones al respecto, así como peticiones de militantes panistas, organizaciones ciudadanas y empresariales para que, ante el avance de López Obrador, la candidata independiente declinase en favor de Ricardo Anaya, visto como el único aspirante con posibilidades de disputarle el triunfo al abanderado de Morena.

Son varias las razones que subyacen en la decisión de renunciar. Lo cierto es que la campaña no se desarrolló de acuerdo con las expectativas iniciales. Como se recordará, antes del arranque formal del proceso electoral y con los contendientes aún no definidos, las encuestas de intención de voto ubicaban a Margarita Zavala muy cerca de López Obrador e, incluso, en algunas de ellas, por encima del tabasqueño. El problema fue que el potencial apoyo mostrado por los resultados de la encuesta partía del supuesto de que la ex primera dama sería la candidata de Acción Nacional. Cuando en octubre del año pasado renunció a una militancia de más de treinta años en el PAN, el apoyo a sus aspiraciones presidenciales cayó.

Sin el apoyo del partido, sus posibilidades de triunfo como candidata independiente se esfumaron. Después de haber sido la aspirante con más posibilidades de disputarle la victoria a López Obrador, según la encuestas, se rezagó a un lejano cuarto lugar y a una intención de voto por debajo del 5%. La inviabilidad de su campaña se vio asimismo reforzada después de una poco afortunada participación en el primer debate.

Otro factor determinante se relaciona con las desventajas de los candidatos independientes frente a los postulados por algún partido. Ya sea en términos de financiamiento o de acceso a medios de comunicación, amén de los innumerables requisitos a cumplir, la ley electoral, que de manera explícita señala la equidad en la contienda como uno de los principios básicos a que debe ceñirse todo proceso electoral, obliga a los candidatos sin partido a competir bajo condiciones desventajosas.

Ahora, tras la renuncia de Zavala, muchos analistas se han apresurado a decretar el fracaso de la reforma que abrió las puertas a las candidaturas ciudadanas. En realidad, el problema radica en el sesgo partidocrático plasmado en la propia ley. No sólo es en extremo difícil que un ciudadano de “a pie”, es decir, sin el apoyo de una estructura, logre satisfacer los requisitos para acceder a una candidatura (mucho más complicados que los necesarios para registrar a un nuevo partido), sino, como lo ilustra el caso de Zavala, es prácticamente imposible competir en virtud de las desventajas que la ley impone en materia de financiamiento y acceso a medios.

Más allá de las razones de la renuncia, se impone indagar en torno a sus posibles consecuencias. De entrada, vale la pena recordar que el nombre de Margarita Zavala seguirá apareciendo en las boletas y que un voto por ella se contabilizará como un voto nulo. Así ocurrió cuando en 1988 Heberto Castillo declinó en favor de Cuauhtémoc Cárdenas o en el 2000, cuando Muñoz Ledo hizo lo propio para apoyar a Vicente Fox.

Aunque la ex candidata hubiese declinado o expresado su apoyo a otro candidato sus votos no serían transferibles. Pero Margarita Zavala renunció; no declinó en favor de ningún candidato y, según declaración expresa, dejó a sus seguidores en libertad para sufragar por la opción que les resulte más atractiva. De ahí que una pregunta clave se refiere hacia dónde podrán dirigirse los votos que potencialmente pudieron haberse dirigido a la ex candidata.

Mucho se ha especulado a este respecto. Se ha dado amplia difusión a casos individuales de adhesión de simpatizantes de Zavala a la campaña de López Obrador o de José Antonio Meade. Es cierto que un sector del llamado calderonismo es cercano a Meade, pero siguen siendo casos, si bien visibles, individuales. En este sentido, el escenario más lógico es que la gran mayoría de potenciales votantes por Zavala se incline en favor de la causa de Ricardo Anaya y la coalición Por México al Frente.

No se puede negar que entre quienes apoyaron a Margarita Zavala abundan los críticos a Anaya y, sobre todo, a la manera en que obtuvo la candidatura y forzó, desde su punto de vista, la salida de la ex primera dama del PAN. Pero tampoco se puede soslayar que la mayor parte de ellos son aún militantes de Acción Nacional o simpatizantes de este partido, así como declarados anti priistas y anti lopezobradoristas. Como lo muestran ya algunos casos, poco visibles mediáticamente, pero que distan de ser individuales, las adhesiones en favor de Anaya ya están teniendo lugar. Precisamente por ello el interés mostrado por el candidato del Frente por entrevistarse con Zavala y emprender una operación cicatriz. No cabría esperar de un eventual encuentro un espaldarazo explícito a la campaña del Frente, pero sí la disminución de las reticencias para apoyar la candidatura de Anaya, tanto de parte de los simpatizantes de Margarita Zavala como de los panistas inconformes y aun de los gobernadores que, hasta el momento, no han sido entusiastas promotores del proyecto de Ricardo Anaya y la coalición Por México al Frente.

La ganancia de un acercamiento entre Anaya y Zavala no se limita a sumar cuatro puntos porcentuales, insuficientes dada la ventaja que ahora mantiene López Obrador. Lo importante es su efecto simbólico y la manera en que dicha aproximación puede poner en movimiento a la maquinaria y las huestes panistas que, hasta ahora, han adoptado una actitud más bien expectante. Si esta posibilidad se concreta y el candidato del Frente vuelve a triunfar en los próximos debates, su campaña podrá crecer y cerrar la brecha que lo separa del puntero.

La renuncia de Margarita Zavala a su candidatura no sólo es, como ella misma lo dijo, un acto de congruencia; es también una decisión políticamente racional que, en vez de ponerla en la difícil situación de una apabullante derrota en las urnas, le abre las puertas para buscar las mejores alternativas para su carrera política.

Margarita Zavala tiene futuro político. La interrogante es si dicho futuro será en Acción Nacional, partido en el que cuenta con numerosos seguidores y al que aún pertenece el ex presidente Felipe Calderón, o al margen del partido. En gran medida, la respuesta dependerá del resultado del 1 de julio y de un posible acuerdo con Ricardo Anaya.

Lic. Pedro Javier González G.                                                                                                                                          Director del Seminario Político                                                                                                                  pj1999glez@gmail.com

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