Político y Social

La renuncia de Carlos Urzúa y los criterios para la toma de decisiones

La renuncia de Carlos Urzúa y los criterios para la toma de decisiones
julio 23
2019

La renuncia de Carlos Urzúa como secretario de Hacienda causó sorpresa y provocó, de manera inmediata, una reacción negativa en los mercados. A fin de cuentas, el exsecretario contaba con credibilidad en el ámbito financiero y empresarial; su nombramiento fue clave para que los mercados concediesen el beneficio de la duda al nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien había ya establecido el compromiso de manejar de manera responsable las finanzas del país.

¿Qué tanto podrá afectar la renuncia al desempeño de la economía, particularmente en una coyuntura de virtual recesión técnica? A juzgar por el efecto del anuncio de que sería Arturo Herrera el nuevo responsable de las finanzas del país, la respuesta debería ser negativa: los mercados se tranquilizaron debido a que el exsubsecretario también goza de la confianza de los actores económicos.

Sin embargo, si se consideran los argumentos esgrimidos por Carlos Urzúa para renunciar, la respuesta cambia, ya que éstos evidencian la falta de conocimientos del presidente en materia económica y su inclinación por tomar decisiones de política pública al margen de la más elemental racionalidad económica y/o de estudios e información sólida. Para el presidente, las convicciones ideológicas son el argumento de peso.

Resulta, en efecto, preocupante lo revelado en la carta de renuncia en relación con la manera en que se toman decisiones de política económica, pero, según López Obrador, Urzúa no entendió que se trata de impulsar una transformación profunda y que, por ende, no se pueden hacer las cosas como se han venido haciendo durante los últimos 36 años. Lejos de cualquier reconocimiento protocolario a su labor al frente de las finanzas del país, el presidente pasó por alto que Carlos Urzúa fue pieza clave para la elaboración de un presupuesto con superávit primario del 1% del PIB, hecho que permitió al nuevo gobierno sortear con éxito su primera prueba en materia económica.

Más aún, fue descalificado y señalado como neoliberal. Prueba de ello fue que la versión del Plan Nacional de Desarrollo elaborado en las oficinas de la SHCP fue rechazada por el jefe del Ejecutivo, toda vez que parecía haber sido elaborado por José Antonio Meade o por Agustín Carstens. Y, sin el menor prurito, el presidente se adjudicó la redacción del panfleto ideológico que fue presentado al Congreso como Plan Nacional de Desarrollo. A este respecto, vale la pena llamar la atención sobre las diferencias de forma y fondo de ambos documentos. Por un lado, el documento elaborado por el equipo de Urzúa, más allá de sus méritos o deméritos, sí respondía a la idea de lo que debe ser un plan de desarrollo: de manera sistemática se planteaban objetivos y líneas de acción; se definían indicadores y se cuantificaban las metas a lograr. Por otro lado, la versión elaborada en la oficina de la presidencia carece de indicadores, de estrategias claras y se limita a reiterar consignas de campaña.

Otro aspecto a subrayar es que, con el paso de los días, la expectativa optimista de que la moderación y la capacidad profesional de Urzúa desempeñarían un papel importante para contrarrestar los impulsos populistas del presidente se fue diluyendo. Su punto de vista adverso a la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México era conocido, como también sus reservas sobre la pertinencia de proyectos como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Sin embargo, mantuvo sus diferencias en segundo plano, mientras su capacidad de influencia iba mermando.

La carta de renuncia plantea como un hecho intolerable la imposición, por parte de personajes con conflictos de interés, de funcionarios ignorantes de la hacienda pública en puestos clave. Tal vez los casos más sonados hayan sido los concernientes a la banca de desarrollo y al Servicio de Administración Tributaria. El conflicto entre Carlos Urzúa y Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, se resolvió en favor de este último.

También han trascendido las discrepancias con la poderosa titular de Energía, Rocío Nahle, que cuenta a su favor con la coincidencia de su visión nacionalista y estatista de la industria energética con la del propio presidente López Obrador.

Como titular de la SHCP, a Carlos Urzúa le tocó la ingrata tarea de llevar a cabo los recortes presupuestales que permitieran al gobierno canalizar recursos para Pemex y para los programas sociales y de infraestructura consentidos. Tuvo que asumir un costo en su prestigio por algo en lo que, al parecer, no creía. De ahí que la renuncia sea congruente con la imagen que al principio del sexenio se tenía de él.

Lo que, por último, vale la pena subrayar es que ni esta renuncia ni cualquier otro evento semejante serán suficientes para que el presidente acepte un posible error y considere una eventual rectificación. Ante los comentarios críticos del Financial Times o los llamados de atención sobre los riesgos recesivos enfrentados por la economía, el presidente no sólo los desestima, sino que señala que son producto de la nostalgia por el neoliberalismo y de la no comprensión de la magnitud de los cambios que implica la 4T.

El presidente López Obrador no va a cambiar. Para quien no cree en estadísticas ni en estudios técnicos, el voluntarismo y una ideología que pretende rescatar el modelo estado-céntrico serán los insumos básicos para la formulación de la política económica, una política económica que, en claro paralelismo con lo ocurrido en los años setenta del siglo pasado, se manejará desde el ala sur del Palacio Nacional.

Finalmente, cabe señalar la coincidencia entre los analistas en el sentido de que el nuevo secretario es un funcionario competente y equilibrado; que posee el potencial para ser un buen secretario, pero cuya agenda habrá de toparse con el obstáculo que representa el poco conocimiento del presidente en materia de economía y reacio a aceptar visiones distintas de la suya.

En su calidad de subsecretario, Herrera expresó ideas que han sido rechazadas de modo contundente por el presidente. Los casos más notorios fueron los relativos a diferir la inversión en la refinería de Dos Bocas para dirigir recursos a exploración y extracción, así como la propuesta de que los estados hicieran esfuerzos recaudatorios vía el cobro de la tenencia y el predial.

Estos posicionamientos previos dan cuenta de que no es un convencido apóstol de la 4T. Pero la pregunta es qué tanto aceptará desempeñar el papel del funcionario obsecuente o si intentará ganar autonomía para impulsar una agenda de política económica que introduzca un mínimo de racionalidad en la toma de decisiones.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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