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La renegociación del TLCAN

La renegociación del TLCAN
septiembre 05
08:50 2017

Robert Lighthizer, titular de la oficina del representante comercial de Estados Unidos, después de haber sido ratificado por el senado el 16 de mayo, envió al ongreso la solicitud de autorización para llevar a cabo la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN. A partir de ese momento, se inició un periodo de 90 días durante los cuales el congreso ha realizado consultas con empresarios, expertos en temas comerciales y, en general, con diferentes actores involucrados en el intercambio comercial en la región. El plazo para las consultas vence el 15 de agosto por lo que, en principio, la renegociación del TLCAN podría formalmente iniciar el 16 de agosto.

El resultado de las consultas ha sido claro: hay un amplísimo consenso respecto a la importancia del TLCAN y a los beneficios que éste ha reportado a la economía estadunidense. Esta opinión generalizada contrasta con la postura hostil al libre comercio del presidente Donald Trump.

Desde la campaña insistió en un conjunto de ideas que generaron el temor de que el nuevo ocupante de la Casa Blanca pudiese dar por terminado el tratado. Señaló en varias ocasiones que el TLCAN era el peor tratado comercial de la historia; que los socios de Estados Unidos, particularmente México, habían abusado; y que, como resultado de dicho abuso, el saldo de la balanza comercial era desfavorable. Debido a las crecientes evidencias de que la salida del tratado afectaría negativamente a las empresas y a los consumidores norteamericanos, se dio marcha atrás a la idea de abandonar el TLCAN y proceder, en cambio, a una revisión del mismo.

Ciertamente, transcurridos más de veinte años de haber entrado en vigor, el tratado requiere una revisión a la luz de los cambios experimentados por la economía mundial; de ahí que México haya señalado que el objetivo de la renegociación debe ser su puesta al día. Sin embargo, hay dudas fundadas de que ése sea el propósito que persigue Donald Trump.

Resulta difícil determinar hasta qué punto convergen los objetivos de México y Canadá con los de Estados Unidos. El documento de 18 páginas que Robert Lighthizer entregó al congreso y en el que se da cuenta de los objetivos que la administración Trump busca con la renegociación, contiene puntos que pueden ser vistos bajo una mirada optimista, pero también contiene aspectos preocupantes.

De entrada, un aspecto positivo del documento consiste en la confirmación de que el proceso seguirá la vía de la Trade Promotion Authority, mecanismo que establece que el congreso sólo podrá aprobar o rechazar el resultado de la renegociación, pero no podrá sugerir ni introducir cambios a lo negociado.

La principal fuente de preocupación proviene de que el discurso de America first sigue vivo, tal como lo ilustra el hecho de que el primer objetivo de la renegociación es el de reducir el déficit comercial que tiene Estados Unidos con sus dos socios comerciales. Con todo, debe reconocerse que esta obsesión mercantilista con el déficit, no implica, salvo una sorpresa en la letra chiquita, la imposición de medidas proteccionistas. Explícitamente se dice que no se tocarán tarifas, aranceles, cuotas y cupos para bienes industriales y agrícolas. Se busca más bien elevar el volumen de las exportaciones estadunidenses a México y Canadá.

No abordar los temas de acceso a mercado es vital. El propio secretario de economía, Ildefonso Guajardo, ya había señalado que si se abrían los temas de acceso a mercado a renegociación, México “se levanta de la mesa”, pues, en efecto, una negociación que trate aranceles, cuotas, cupos y demás podría ser interminable. A este respecto, cabe considerar que el número de meses que han tomado las negociaciones de los tratados de libre comercio más importantes en los últimos años ha promediado casi cuatro años; de ahí la relevancia de no insistir en el punto.

Esta constatación no significa que la renegociación será tersa y fluida. Hay temas complejos que, sin lugar a dudas, darán lugar a posturas encontradas. El más importante es la intención de eliminar el capítulo 19 del tratado, que se refiere al mecanismo de arreglo de controversias comerciales. La idea del gobierno de Trump es que las disputas por dumping o cuotas compensatorias por subsidios no se resuelvan acudiendo a tribunales internacionales, sino que sean las autoridades judiciales de cada país las encargadas de hacerlo. Dado que el mayor número de controversias involucra a Estados Unidos se pretende que sean los jueces estadunidenses quienes, de acuerdo con sus propias reglas, resuelvan los diferendos.

A juicio de los expertos, la eliminación de este artículo sería un grave retroceso. Y, de hecho, así lo han entendido varios legisladores mexicanos que consideran inaceptable que las controversias queden en manos de jueces estadunidenses y que, por tanto, promueven solicitar de manera formal al gobierno que no ceda en este punto.

Más allá del propósito de eliminar el artículo 19, el mismo criterio nacionalista asoma en relación los temas de inversión y propiedad intelectual. En el documento entregado por Lighthizer al Congreso se plantea el objetivo de que, en materia de inversión, se garanticen derechos acordes con la práctica jurídica de Estados Unidos. Por su parte, en el campo de la propiedad intelectual, la idea es homologar el marco jurídico al estadunidense.

Otros temas incluidos entre los objetivos de la negociación son:

  • El laboral, que ya no quedaría como acuerdo paralelo sino como parte del documento principal. Así, la libertad de asociación sindical, el salario mínimo, la seguridad en el trabajo y la prohibición del trabajo infantil, entre otros, se revisarán en la renegociación.
  • La criminalización de la corrupción gubernamental. No sólo se consideran sanciones administrativas, sino que se busca fomentar códigos de conducta éticos entre funcionarios públicos; eliminar la deducción de gastos corruptos para fines del ISR; y exigir libros y registros contables que faciliten la detección y rastreo de pagos corruptos
  • La adopción de un mecanismo apropiado para evitar la manipulación del tipo de cambio con el fin de obtener ventajas competitivas injustas.
  • Hacer más estrictas las disposiciones en materia de reglas de contenido de origen con el fin de asegurar que los beneficios arancelarios apliquen a productos genuinamente producidos en Estados Unidos y en la región.
  • En el rubro de energía, el objetivo es preservar el fortalecimiento de las inversiones y el acceso de mercado, beneficiando la generación y transmisión de energía, así como garantizar la seguridad energética de la región.

En suma, no haber abordado el tema de acceso al mercado es, pese a la visión mercantilista de Trump, el aspecto más positivo de cara a la próxima renegociación. No obstante, donde se requiere una actitud firme e inteligente es en los temas de solución de controversias, inversión y propiedad intelectual que requieren reglas consensuadas por los tres países y no de mera adopción del marco jurídico estadunidense.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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