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La participación ciudadana, un objetivo que alcanzar

La participación ciudadana, un objetivo que alcanzar
junio 01
2015

Hay un largo tramo por recorrer para lograr que en México haya una ciudadanía activa, consciente de sus derechos y obligaciones; el más sólido baluarte de un régimen democrático.

En el mundo de hoy resulta cada vez más claro que los gobiernos no cuentan con los recursos técnicos, humanos, financieros y simbólicos necesarios para resolver por sí solos los problemas que aquejan a las sociedades; se requiere la suma coordinada de recursos y voluntad política de los actores gubernamentales y los actores sociales.

En paralelo, las sociedades están dejando de ser una masa inerte susceptible de ser moldeada, según la voluntad de los gobernantes; por el contrario, las distintas expresiones de la sociedad organizada (empresarios, trabajadores, académicos, líderes de opinión y organizaciones de la sociedad civil) son poseedoras de mayores capacidades de comprensión de su realidad, de formulación de propuestas técnicamente viables y de una cada vez más clara voluntad de incidir en la toma de decisiones.

El reto ya no solo consiste en dotar a las autoridades gubernamentales de mayores recursos fiscales, legales y técnicos para resolver problemas y abrir nuevos horizontes de futuro. Ahora el reto consiste en que, en adición a las mayores capacidades de los actores gubernamentales, los actores sociales sean parte corresponsable de la solución de los problemas y del trazado de caminos hacia el futuro.

Gobernanza y participación ciudadana son los términos que, indisolublemente ligados, resultan clave para fortalecer la estabilidad y la funcionalidad de los regímenes democráticos. El problema es que a la democracia mexicana le hace falta un mayor músculo ciudadano, deficiencia que, a grandes rasgos, obedece a dos razones principales: la cultural y la institucional.

Sin ciudadanos no hay democracia. Una ciudadanía activa, consciente de sus derechos y obligaciones, comprometida y corresponsable en la solución de los problemas de la agenda pública es el más sólido baluarte de un régimen democrático.

Ello no implica desconocer la importancia del sistema electoral o, más en general, de la arquitectura legal e institucional en que se inscribe la dinámica social; solo implica reconocer que, en ausencia de una ciudadanía participativa y corresponsable, los mejores marcos legales serán siempre insuficientes. Por el contrario, el compromiso ciudadano con la democracia es la principal salvaguarda de esta, aun en tiempos de emergencia económica o de amenazas a la seguridad.

De igual manera, una ciudadanía participativa contribuye a ampliar los cauces del desarrollo nacional. Al promover el debate de las ideas, contribuye a enriquecer las opciones y, a través de la inclusión y la consideración de las diferentes expresiones de la pluralidad política, social y cultural, refuerza los lazos de la cohesión social.

Sin embargo es un hecho que, a pesar del cambio cultural experimentado por la sociedad mexicana en las décadas recientes, todavía están vigentes en amplias capas de la población, y aun de la propia clase política, algunos de los rasgos más característicos de la vieja cultura autoritaria. Forjada en el crisol del paradigma gobierno fuerte sociedad débil, pervive una cultura política caudillista que aún rinde culto al líder providencial y que valora en poco el respeto a la ley.

Las nostalgias paternalistas y peticionarias siguen marcando el sentido de la actividad política y social de numerosos actores, al tiempo que la participación activa en la solución de problemas y la asunción de responsabilidades respecto a la construcción de bien común están fuera del radar de numerosos grupos sociales.

Por otro lado, la dimensión institucional de la problemática nos lleva a plantear el tema de los vínculos y las diferencias entre democracia representativa y democracia participativa. No se pretende desacreditar la idea de la democracia representativa, sino de combinar formas de representación y participación directa, pues queda claro que ambas constituyen una unidad indisoluble dentro del régimen democrático al que aspira México.

El ejercicio de la sola representación puede derivar en un gobierno rígido, alejado de las demandas sociales, lento en la toma de decisiones y con riesgo de incrementar su ineficacia y por tanto encarar mayores riesgos de ingobernabilidad.

“Gobernanza y participación ciudadana son los términos clave para fortalecer la estabilidad y funcionalidad de los regímenes democráticos”.

Por el contrario, el predominio de la participación puede generar un gobierno sin condiciones de permanencia y estabilidad para llevar a cabo las decisiones respecto de las políticas públicas. Sin el equilibrio de la representación, se corre el riesgo de tener un gobierno desorganizado que no provee de certeza en sus acciones ni certidumbre en el alcance de sus decisiones.

Y lograr dicho equilibrio entre ambas formas de participación ciudadana solo puede ser posible a partir de una reforma política que coloque al ciudadano en el centro.

Es preciso repensar el modelo de las relaciones de los poderes públicos con la sociedad para, entre otras cosas, establecer mecanismos de participación de la ciudadanía en los espacios de decisión pública que atañen al interés general. El problema es que el entramado legal e institucional que da sustento a la conformación de la representación política en México no permite una participación ciudadana más activa y significativa en los asuntos públicos.

La reciente reforma política reconoce e incluye en el texto constitucional algunas modalidades importantes de democracia participativa, como la consulta popular, la iniciativa ciudadana y las candidaturas independientes.

El problema reside en que, en el terreno de los hechos, estas figuras enfrentan situaciones adversas para realmente funcionar como una vía de empoderamiento ciudadano. En este sentido, la puesta en operación de mecanismos efectivos de participación de la ciudadanía en los espacios de decisión pública sigue siendo un objetivo a alcanzar.

Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

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