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Opinión

La miscelánea fiscal

La miscelánea fiscal
octubre 30
11:25 2013

Por C.P. Alberto Núñez Esteva

Presidente Nacional de Sociedad en Movimiento A.C.

alberto.nunez33@gmail.com

Me siento desilusionado, muy desilusionado. Yo ciudadano, que paga puntualmente sus impuestos desde hace poco más de 60 años, esperaba una verdadera Reforma Hacendaria, así con mayúsculas, y me encuentro con una miscelánea fiscal de corto alcance y visión, que me provoca un sentimiento de rabia y frustración.

Hay muchos pocos. Es poco lo que se recauda, lo poco que se recauda se recarga en la clase media, y esta reformita en poco ayuda al desarrollo y al aumento de la productividad que tanto requiere nuestro país.

El gasto gubernamental ha aumentado en forma desmedida en los últimos años y su destino no muestra la transparencia y la eficiencia que los contribuyentes desearíamos encontrar ¿No sería justo que redujeran este gasto al mismo tiempo —o antes— de que nos graven con mayores impuestos? La reforma fiscal está previendo un endeudamiento para sufragar el creciente déficit que se presenta ¿Estaremos contemplando el principio de aquellos endeudamientos irresponsables que llevaron al país casi a la quiebra, empezando por Echeverría y terminando con Zedillo, cuando sufrimos inflaciones y devaluaciones que devastaron nuestra economía?

Difícil de entender la decisión del gobierno de evitar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) generalizado y continuar con el mismo régimen de exención a alimentos y medicinas. ¿Por qué no atender las recomendaciones del distinguido economista Santiago Levy, ahora alto funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo? Entre muchas otras cosas, el Dr. Levy señala la necesidad de aplicar un IVA generalizado, pero devolviendo el pago del mismo a las clases más necesitadas para no perjudicar su capacidad de consumo.

Es poco lo que se recauda, ese poco se recarga en la clase media, y esta reformita poco ayuda al desarrollo y al aumento de la productividad.

Con esto se logran dos cosas: obtener cuantiosos recursos de las personas con mayor capacidad económica, por una parte, y promover que los informales se incorporen a la formalidad al ver que de esta forma accederían y se harían merecedores de los amplios programas sociales a los que se destinaría, de manera etiquetada, este cuantioso recurso.

El sector empresarial reacciona frente a los embates de la reforma: les quitan la reducción del IVA que beneficia a las empresas ligadas a la frontera norte del país, causándoles, según expresan, un severo daño por pérdida de competitividad frente a la competencia norteamericana. Algo parecido sucede con ciertas actividades de la industria maquiladora. Eliminan las ventajas de la consolidación fiscal y gravan las ganancias en la bolsa de valores. Algunos analistas aplauden estas dos últimas, otros las critican. Yo las justifico.

La clase media se pone de uñas: gravar con IVA las colegiaturas es una insensatez; gravar con IVA las hipotecas merece el mismo calificativo. Su impacto está en la clase media y esta reacciona con justificado enojo. Pero la cosa no queda ahí, ahora se limita la deducción fiscal, que se traduce en mayores pagos de impuestos. ¿Impuesto especial a los refrescos para combatir la obesidad? Suena bien, ¿Pero es con impuestos o con prevención y educación como debe combatirse este mal generalizado y peligroso? El efecto en los millones de afectados −industriales, comerciantes y consumidores— ha causado un rechazo generalizado (aunque hay también quienes quisieran que se aumentara este impuesto).

Los causantes cautivos son, como siempre, las víctimas de los impuestos y tenemos derecho a preguntar ¿Qué hace el gobierno para incorporar a millones de ciudadanos que evaden el pago de impuestos, pero que gozan, al mismo tiempo, de las prestaciones del seguro popular y otras que se ‑ financian con los impuestos de los causantes cautivos?

¿Verdaderamente quiere el ‑ fisco lograr mayores ingresos? Que capture a los informales y los lleve a la formalidad; que mejore sustancialmente la productividad y e‑ ciencia de la economía; que reduzca el gasto público y que este se sujete al escrutinio de la ciudadanía a través de reglas de transparencia y rendición de cuentas; que se reduzca drásticamente la corrupción e impunidad que prevalecen en nuestro país y que llegan a límites insospechados. Esto, y mucho más, deben hacerse al mismo tiempo o antes de que se propongan impuestos que graban irracionalmente a la clase media.

El golpe al dictamen ‑ fiscal y al sector ‑ filantrópico son mortales por naturaleza. Defiéndanse mis queridos colegas hasta con las uñas, como lo están haciendo el sector – filantrópico y el empresarial. Esto da para mucho y me quedo solo en la reflexión.

Una miscelánea ‑ fiscal, cuando esperábamos una verdadera Reforma Hacendaria. Los autores de este desaguisado —todos sabemos sus nombres— deben estar pasando un mal rato. Se lo merecen. Me siento desilusionado, sí, muy desilusionado.

 

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