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La figura del testaferro en el lavado de dinero

La figura del testaferro en el lavado de dinero
febrero 22
16:13 2018

El testaferro es un término usado en la literatura, leyes y psicología para designar a la persona que suplanta, encubre o se disfraza de forma legal al prestar su nombre e identidad, firma o bien en su personería, ya sea física o jurídica, donde emula el papel social de la persona mandante a la que en el fondo representa.

Desde una perspectiva legal y económica se describe a las personas que suplantan a otras en negocios generalmente fraudulentos y a pesar de esta acción las personas encubiertas no dejan de recibir los beneficios del fraude.

Las características enunciadas son un tema de búsqueda en el marco de la Prevención de Lavado de Dinero (PLD), cuestión abordada desde diversas perspectivas por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).

A manera de ejemplo se observa el caso de México en el informe de Evaluación Mutua practicado por el GAFI, donde destaca en el apartado de Identificación, evaluación y comprensión de los riesgos y vulnerabilidades de LA/FT de las entidades jurídicas la utilización de testaferros en la constitución de sociedades y la falta de detección de los mismos[1].

Por lo anterior, el presente texto pretende brindar elementos generadores de esta figura como lo es que la persona que presta su nombre a otra en un contrato, pretensión o negocio, encubriéndola u ocupando el lugar de ella, con esta mención se puede destacar que el testaferro debe figurar en un acto jurídico.

Uno de los análisis más completos de dicha figura es el aportado por Ferrara (1960), el cual explica que en definitiva es una persona que no interviene realmente en la relación; es un contratante fingido, aparente, imaginario, en lugar del cual y detrás de él se encuentra el verdadero contratante que permanece escondido. Los efectos jurídicos recaen desde un principio sobre este contratante oculto; el otro —la persona interpuesta— es un fantoche, un hombre de paja, que una vez descubierta la simulación, su figura se disuelve sin dejar huella; en su lugar se sustituye —desde el principio— el verdadero contratante, que permaneció entre bastidores[2].

Punto importante es la distinción de nuestra máxima institución judicial, la cual refiere que puede existir la figura del testaferro o prestanombres al dotar con ello el hecho de que no es la misma, cuestión visible en tesis[3]. Si bien es un punto controvertido para efectos de la relación con la PLD, la búsqueda del beneficiario final es de gran importancia, ya que puede ser este el abocado a la violación de los marcos legales, cuestión que se entrelaza con la parte persecutoria en uno de los señalados bienes jurídicos tutelados en el lavado de dinero (o por lo menos el más aceptado) como lo es la administración de justicia, que en el caso de México es el que mejor se adapta al marco legislativo, pues en el propio artículo 400 bis del Código Penal Federal (CPF), el propósito del delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita ataca al encubrimiento u ocultación de actividades que desde un principio se tiene pleno conocimiento de provenir de operaciones ilícitas, con lo cual se buscaría ese marco protector del desconocimiento por parte de la autoridad y es ese encubrimiento donde cobra importancia la figura del testaferro.

Lo anterior es así, puesto que la acción del testaferro implica siempre tomar parte en un acto que, aunque no es en sí mismo delictivo, conlleva un ocultamiento que en ocasiones puede aumentar el riesgo de la comisión del delito; por consiguiente el testaferro no deja de constituir un peligro potencial para el dominio de la veracidad de los actos, y por diversos motivos, entre los que destaca —en caso de intervención judicial— el interés en obtener una reducción de la pena que puede llegar a delatarlo fácilmente.

Existe una teoría denominada costo de agencia, es decir, el riesgo de que el testaferro actúe en sus propios intereses y no del beneficiario final, lo que generalmente se presenta cuando se trata de una persona avezada en los negocios.

El testaferro es utilizado en diversas conductas de carácter criminal como la generación de empresas ficticias, delincuencia organizada, actos de corrupción, contrabando, compra de armas, esclavitud, prostitución, terrorismo, suplantación en cuentas bancarias, entre muchas otras, puesto que su campo de actuación es múltiple, pero en todo momento se utilizará esta figura valiéndose de incompatibilidades legales o limitaciones de actuar y negociar en áreas específicas (un ejemplo de ello, las licitaciones públicas), aunque en la mayoría de los casos conocidos la figura del testaferro es limitada en actuación, ya sea en firmas de bancos y el trámite de documentos para la finalidad delictiva.

Lo enunciado permite de manera fugaz entender la importancia de su búsqueda a través de los marcos preventivos del lavado de dinero como conducta específica, no limitándose a ella, ya que es utilizada para la comisión de diversos delitos, por lo que los empresarios, sean persona físicas o morales, a través de sus marcos de gestión de riesgo, deberán como punto principal detectar la aparición de esta figura en los negocios que realicen.

 

L.D. y M.D.F. Carlos Alberto Pérez Macías
Integrante de la Comisión de Prevención de Lavado de Dinero del Colegio
cperez@perezmacedo.com

 

[1] La práctica más generalizada, sin embargo, es el uso del testaferro o de los denominados «corredores» informales, que esencialmente son intermediarios profesionales que operan de manera informal sin registración o licencia comercial. Se utilizan para registrar las sociedades ya sea en sus propios nombres, bajo el nombre de personas desempleadas, estudiantes, etc., evitando así que el nombre del beneficiario final aparezca en los registros. En casos más complejos, se pueden brindar grados adicionales de anonimato incluyendo sociedades pantallas extranjeras en la cadena de titularidad…Grupo de Acción Financiera Internacional. (2018). Medidas Antilavado y contra la financiación del terrorismo México “Informe de Evaluación Mutua”.

[2] Ferrara, F. (1960). La simulación de los negocios jurídicos. Madrid: Revista de Derecho Privado.

[3] Tesis: 1a./J. 18/2015 (10a.), Semanario Judicial de la Federación, Décima Época, t I., abril 2015, página 335.

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