Veritas Online

Ética

La ética en la política

La ética en la política
agosto 01
2015

Virtudes sociales como la honestidad, reciprocidad, imparcialidad, responsabilidad, lealtad y eficiencia en el desempeño de sus deberes con el público no solo tienen mérito como valores éticos, también poseen un valor económico tangible y ayudan a la sociedad al logro de objetivos compartidos. En el libro de Francis Fukuyama, La gran ruptura, se menciona que las verdaderas comunidades están unidas por valores, normas y experiencias compartidas por todos sus integrantes. Cuanto más profundos sean estos y más firmemente se los sustente, tanto más intenso será el concepto de comunidad; necesitamos reglas que nos ayuden a establecer nuevas formas de emprendimientos, cooperativos para sentirnos conectados unos con otros en una comunidad”.

Si la conducta que prevalece en los políticos fuera: “Aprovéchate del puesto toda vez que puedas hacerlo” o si están dispuestos a dejarse sobornar, o si mienten en beneficio de sus intereses personales, resulta obvio que este tipo de conductas no promueven la cooperación social y las consecuencias negativas de ello están ampliamente documentadas, tanto en lo que concierne a un buen gobierno para el desarrollo económico, como una fuente de una notable corrupción que afectaría al sistema político del país.

Si los principios éticos que sostiene el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el proceso electoral, entonces este se presenta frágil”.

Cada generación, al tratar de progresar en el bien común, debe replantearse: ¿qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable?, ¿qué alcance pueden tener?, ¿en nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética en la vida política. Si los principios éticos que sostiene el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el proceso electoral, entonces este se presenta evidentemente frágil; aquí reside el verdadero desafío de la democracia.

Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética de los servidores públicos, en todos los niveles del poder público, han contribuido a agravar las dificultades que ahora está padeciendo la sociedad. La dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar.

Las normas de un Código de Ética deben ser observadas por todos los servidores públicos por el solo hecho de serlo, sin importar la índole de su actividad ni su jerarquía. Estas normas deberían ser observadas no solamente por los gobernantes vigentes, sino con mayor razón, por los que aspiran a serlo, es decir, los candidatos o precandidatos a puestos de elección popular y en tal caso, el código debería, además, establecer como obligación del aspirante, abstenerse de solicitar, aceptar o recibir contribuciones a las campañas electorales, provenientes de personas, grupos, empresas o instituciones no políticas, porque esta práctica podría significar tráfico de influencias y ocasionaría una reducción de la credibilidad de los votantes acerca del proceso político democrático.

También debería prevenirse el uso indebido y la aplicación inadecuada de los recursos públicos destinados a las campañas electorales (o preelectorales), ya que en ocasiones se ha observado que estos recursos se dilapidan en costosas campañas a través de los medios, para comunicaciones o difusiones que menosprecian o demeritan la dignidad de otro candidato o partido político.

Como resultado sabemos más de los supuestos defectos de cada candidato, pero conocemos muy poco sobre sus proyectos para resolver los grandes problemas de México.

Los recursos públicos son escasos y puede discutirse si el uso que se da a los mismos es o no violatorio a los derechos de una población que tiene tantas carencias. En estos casos, los intereses de la sociedad deben prevalecer sobre las ambiciones individuales de los políticos.

No hay que olvidar que el hecho de mantener altos estándares de conducta en el servicio público federal, estatal o municipal, elevará a su vez el nivel de confianza de la sociedad en su gobierno. Cuanto más firmes y sostenidas sean estas normas, más fuerte será la comunidad y más alto resultará el nivel general de confianza social.

C.P.C. Enrique Zamorano García

Maestro Emérito del IPN

ezamorany@prodigy.net.mx

Facebook Comments

Related Articles

Búsqueda

Síguenos en Twitter

A %d blogueros les gusta esto: