Veritas Online

Político y Social

La debilidad de la economía: Más allá del gasto público

La debilidad de la economía: Más allá del gasto público
julio 15
2014

Más allá de los debates técnicos a propósito de la definición de recesión, lo cierto es que el desempeño de la economía mexicana dista de ser satisfactorio. De acuerdo con los datos publicados por el INEGI, durante el primer trimestre del presente año, la economía creció apenas 0.28% con respecto al cuatro trimestre del año anterior. A tasa anualizada, el incremento fue de 1.8%. De esta manera, la economía mexicana continúa creciendo a un ritmo menor que el de la población y, por tanto, sigue inscrita en una franca trayectoria declinante del producto por habitante.

La consecuencia obligada de este resultado fue la revisión a la baja de los pronósticos de crecimiento para este año. De hecho, unos días antes de la publicación de la cifra oficial de crecimiento del PIB, el Banco de México ya había ajustado su estimación de un rango de entre 3 y 4% a otro de entre 2.3 y 3.3%. Según lo reportó el banco central, la razón de este ajuste fue el comportamiento observado de la economía de los Estados Unidos. Por su parte, la Secretaría de Hacienda ajustó su pronosticó de 3.9 a 2.7%. Sobra decir que la mayor parte de las instituciones financieras sólo estaban esperando la confirmación del débil crecimiento de la economía para revisar a la baja sus estimaciones.

Ciertamente, el desempeño de la economía norteamericana ha sido desfavorable: en el primer trimestre de este año registró una caída anualizada de 1%, que impactó negativamente a la economía nacional. De esta suerte, durante el primer trimestre del año en curso, las ventas al exterior, según datos del INEGI, sólo se elevaron en 2.2% respecto al mismo periodo del año anterior.

Se reeditó el fenómeno consistente en que, ante el freno de su motor externo, la economía mexicana no encontró en su motor interno el impulso necesario para crecer. Aunque aún no se dispone de cifras al primer trimestre, resulta ilustrativo señalar que, en el transcurso de los dos primeros meses, el índice del consumo privado en el mercado interno (que representa más del 50% de la demanda global) experimentó un incremento de apenas el 1.3%. En paralelo, el índice del volumen físico de la inversión fija bruta (que representa alrededor del 16% de la demanda global) sufrió una contracción del 1.6% durante los dos primeros meses de este año, fruto a su vez de una caída del 2.1% en la demanda de maquinaria y equipo nacional y de 3% en el rubro de construcción.

Frente a este escenario, la estrategia del gobierno descansa en el efecto multiplicador de un mayor gasto público. Y, a este respecto, adquiere especial relevancia el anuncio del Programa Nacional de Infraestructura, el cual representa una importante derrama económica cuyos efectos potenciales sobre la marcha de la economía se podrán reflejar, como las propias autoridades lo han señalado, en la creación de empleos adicionales y en tasas de crecimiento económico más elevadas. Con todo, sus efectos más importantes serán los de mediano y largo plazo. Más allá del monto de inversión anunciado (7.7 billones de pesos), la naturaleza específica de los proyectos dados a conocer adquiere relevancia, pues se trata de impulsar la capacidad competitiva de la economía nacional a través de inversiones dirigidas a poner al país en sintonía con la marcha de la economía global. Al igual que en el caso de las reformas estructurales, las inversiones anunciadas no tendrán un impacto considerable en el corto plazo, sobre todo si se consideran los obstáculos burocráticos y reglamentarios que deberán sortearse para su concreción.

Desde esta perspectiva, parece claro que el gobierno deberá adoptar diversas medidas adicionales no sólo para alentar el crecimiento de la economía, sino incluso para cumplir con la nueva meta del 2.7% de incremento del PIB. Y lo deberá hacer porque, al margen de la evolución de la economía norteamericana y del ejercicio correcto y oportuno del gasto, los factores que frenan el crecimiento económico del país demandan una estrategia distinta.

En este marco, adquieren especial relevancia los planteamientos de la consultora McKinsey (A Tale of Two Mexicos: Growth and Prosperity in a Two-speed Economy [marzo de 2014]) en el sentido de que son los bajos niveles de productividad imperantes en el sector de las pequeñas empresas tradicionales (e informales) el principal lastre de la economía. Las cifras ofrecidas son elocuentes:

  • Entre 1990 y 2012, la productividad de la economía ha crecido a una tasa anual promedio de sólo el 0.8%, muy por debajo del crecimiento demográfico.
  • Pero la productividad en el sector de las empresas modernas y eficientemente articuladas al mercado global, se elevó en ese mismo periodo a una tasa del 5.8%, en tanto que la correspondientes a las empresas tradicionales cayó 6.5%.
  • Como consecuencia, los salarios en las empresas tradicionales se contrajeron 2.4% entre 1999 y 2009, hecho en sí mismo grave pero que se magnifica a la luz de la consideración de que este sector es el que absorbe más fuerza laboral y que el empleo en él crece a un ritmo mayor que en el de las empresas modernas y de alta productividad.

Así, es la productividad declinante del sector tradicional y su cada vez mayor participación en el empleo la explicación de fondo de, por un lado, el pobre crecimiento de la economía en su conjunto y, por otro lado, los bajos niveles de ingreso de la población. De ahí la necesidad de que la estrategia de desarrollo económico se aboque a atender dos prioridades: la elevación sostenida de la productividad de la gran masa de empresas pequeñas y tradicionales, así como su necesaria incorporación a la formalidad; y el despliegue de una política industrial orientada a crear las condiciones idóneas para articular la dinámica de las grandes empresas modernas con las empresas tradicionales a través de cadenas de proveeduría.

En el mediano y en el largo plazo, hay perspectivas favorables para la economía mexicana. El ambicioso Programa Nacional de Infraestructura y, principalmente, las reformas estructurales abren una interesante ventana de oportunidad. Sin embargo, los efectos positivos de estos factores quedarán anulados si no se instrumenta una estrategia de desarrollo que atienda como prioridad el doble problema de la baja productividad y la naturaleza dual de nuestra estructura económica.

 

Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

Facebook Comments

Related Articles

Búsqueda

Sígueme en Twitter

A %d blogueros les gusta esto: