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La Cuarta República

La Cuarta República
septiembre 01
00:30 2014

Al repasar el importante conjunto de reformas estructurales, cuya instrumentación aún estamos experimentando, sobresale la ausencia de una reforma del Estado que, en principio, debió resultar de la alternancia del año 2000. Esta reforma, se atisba, daría soporte estructural al tránsito de un sistema de partido único a otro de partidos plurales en competencia democrática abierta y habría de garantizar gobernanza y gobernabilidad a quien resulte electo por la ciudadanía.

Y es que el régimen constitucional vigente preserva muchos instrumentos del diseño anterior -el de partido hegemónico-. Esto genera una esclerosis que empantana el funcionamiento, del gobierno y de la sociedad misma, al no resolver el eje de los problemas políticos que es el asunto del poder: la forma como este se genera y ejerce; las relaciones entre el poder, la sociedad y la economía; los ámbitos del poder constitucional, del poder personal y de los poderes fácticos; el equilibrio entre poder nacional y extranjero, etcétera.

No basta con reordenar el articulado constitucional o con crear una nueva sistemática. Se requiere convocar a un constituyente que procese una nueva Constitución

A tres lustros de la alternancia, la falta de funcionalidad de las instituciones, hace imperiosa la reconstrucción del gobierno del Estado mexicano. El nuevo régimen habrá de abolir la presidencia autoritaria, clarificar la materia de la reelección, establecer la responsabilidad política del gabinete con controles parlamentarios, diseñar un marco jurídico para los gobiernos de coalición, facilitar la competencia de los candidatos independientes, volver expedita la consulta popular, instalar la revocación de mandato, hacer factible y efectiva la rendición de cuentas con vigilancia por parte de la opinión pública.

Es por ello que, desde hace diez años, los especialistas en arquitectura constitucional coinciden en la necesidad de un nuevo régimen que implica, de hecho, la fundación de una Cuarta República: la primera la tuvimos en 1824, recién lograda la independencia de España; la segunda en 1857 con la Constitución que consolidó una segunda independencia al introducir el liberalismo de vanguardia que separó a la iglesia del Estado y, finalmente, una tercera república fundada en la Constitución de 1917, aún vigente, misma que condensa las luchas históricas del pueblo mexicano.

EPÍLOGO

La carta magna de 1917 ha tenido, durante sus 98 años de vigencia, 573 modificaciones. Solo 27 de sus 136 artículos están intactos. Y a pesar de tal cantidad de cambios, las instituciones actuales, que nacen de su texto, están rebasadas por la realidad, no han proveído gobernanza y gobernabilidad.

Por ello, no basta con reordenar el articulado constitucional o con crear una nueva sistemática. Se requiere convocar a un constituyente que procese una nueva Constitución, que sirva de base para fundar una Cuarta República, si es posible, partiendo del consenso creado por un Acuerdo Nacional Incluyente.

El centenario de la Constitución, en el 2017, es una buena oportunidad para hacerlo. Sería un salto cualitativo Copernicano y un gran servicio al Estado de los mexicanos.

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles

Expresidente del IMCP

mireyagarza@yahoo.com.mx

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