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La corrupción no es un asunto idiosincrático: La lucha anticorrupción es de todos

La corrupción no es un asunto idiosincrático: La lucha anticorrupción es de todos
abril 06
17:16 2017

El pasado mes de marzo, el Mtro. Jacobo García Villarreal, Especialista Senior de Políticas de Integridad y Compras Públicas de la división de Integridad en el Sector Público de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en México, en entrevista para la revista Veritas del Colegio de Contadores Públicos de México, platicó sobre diversos temas en materia de anticorrupción a nivel global y con especial énfasis en la situación actual de nuestro país.

En esta entrevista el Mtro. García Villarreal declaró: “Nosotros en la OCDE, no creemos que la corrupción sea algo idiosincrático, creemos que donde hay medidas para promover la ética pública, donde hay protección de denunciantes, transparencia, donde hay auditoría, se genera un ambiente hostil a la corrupción y donde no hay esto es más fácil que se presente la corrupción. Esto no depende de la idiosincrasia de un pueblo, depende de que estos elementos estén presentes en las instituciones.

Este tema en particular llama la atención y se considera de gran relevancia, sobre todo por la situación que atraviesa nuestro país. El llamado Sistema Nacional Anticorrupción aún no está funcionando, no tenemos fiscal anticorrupción e incluso, en medio del proceso de selección, dos candidatos fueron descalificados por un presunto plagio en sus ensayos.

El país sufre de hartazgo ante esta clase de situaciones. La Sociedad Civil quiere, por primera vez en mucho tiempo, unir esfuerzos en los diversos ámbitos: empresarial, académico, etc., para poner un alto a la corrupción; incluso el gobierno ha decidido emprender una lucha robusta para comenzar a atacar este delito que tanto nos ha afectado como sociedad; sin embargo, parece ser que los esfuerzos resultan inservibles al ubicarnos como el país más corrupto de la OCDE (35 de 35) en el Índice de Percepción de la Corrupción 2016 de Transparencia Internacional.

En México tendemos a decir que la corrupción está “impregnada en nuestras venas”. Que nacimos en un sistema corrupto y será imposible cambiarlo. Para nuestra mala fortuna, nuestra historia se ha visto sumergida en actos de corrupción desde el México Prehispánico y hemos crecido, muchas generaciones, con el paradigma de que nuestro país es corrupto y tenemos que ser parte de este ciclo vicioso, ya que nunca lo podremos romper.

Los esfuerzos que la comunidad internacional hace al respecto del combate a la corrupción son vastos, desafortunadamente, tal parece que cuando la situación va mejorando, sale un nuevo escándalo que acaba con la poca confianza que los ciudadanos habían recuperado.

Cuando se habla de la prevención de delitos financieros, generalmente nos enfocamos al lavado de dinero, a la evasión fiscal y al fraude, dejando a un lado la corrupción, que también forma parte de los cuatro principales delitos financieros y que es la que permite que muchos de estos se lleven a cabo.

En un mundo globalizado como en el que vivimos, no podemos seguir pensando igual que hace 10, 20, 50 o 100 años. Las redes sociales han servido para conocer en tiempo real escándalos globales de corrupción que afectan la integridad de los países, restan credibilidad a las instituciones y aumentan el nivel de hartazgo que la sociedad mantiene respecto a estos temas.

Los escándalos de corrupción cada vez son más grandes e involucran a más países. Pareciera ser que los corruptos ponen a prueba la capacidad que tenemos como sociedad para aguantar estos actos y nos retan: cuando creemos que ya no puede pasar algo peor, sale a la luz un nuevo escándalo que nos mueve nuestra base de valores y nos hace decir “estamos hartos”.

No obstante, con los escándalos globales, nuestro México sigue enfrentando día a día casos que nos hacen creer que la lucha es imposible. No importa qué tan robusto pueda ser el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) , qué tanta independencia pueda tener el fiscal, quiénes serán los actores involucrados, los mexicanos sentimos que hemos perdido la lucha y nunca podremos salir del ciclo vicioso.

La óptica es diferente. Parafraseando a la Lic. Edna Jaime, directora de México Evalúa, quien mencionó en el marco del 1er Foro Anticorrupción organizado por el Colegio: “Podrán decir que soy un soñador, pero yo creo que las cosas pueden cambiar.”

La verdad es completamente diferente a la que muchos creen. Tal y como lo comenta el Mtro. García Villarreal, la corrupción no es un asunto de idiosincrasia. Es cierto que los países Latinoamericanos y algunos otros tienen un “ambiente más favorable” para que se cometan actos de corrupción; sin embargo, desde la perspectiva, esto es culpa de todos.

No puede haber un corrupto sin un corruptor. Es una frase que la sociedad se tiene que grabar. No importa qué tan pequeño o grande sea el soborno, si lo hacemos, estamos propiciando la corrupción.

 Necesitamos romper el modelo mental con el que hemos crecido si queremos que la lucha anticorrupción en nuestro país comience a dar frutos. Los candidatos al fiscal anticorrupción son expertos que en diversas ocasiones han demostrado tener las agallas necesarias para levantar la voz en casos de corrupción. Es cierto que lo sucedido en los últimos meses con el ex gobernador de Veracruz resta credibilidad a las acciones que se están implementando, pero no olvidemos que la lucha es una tarea de todos.

Necesitamos recobrar la confianza en nuestras instituciones, necesitamos adoptar la cultura de la denuncia, quitarnos el miedo y levantar la voz. En todos los ámbitos, la corrupción nos hace daño y debemos comenzar a cortar la raíz de este cáncer. Existen muchos actores que están vigilándonos. México está en la mira de la comunidad internacional. No solo instituciones como la OCDE o el Banco Mundial, sino también el Fondo Monetario Internacional e incluso el mismo Grupo de Acción Financiera Internacional evalúan el desempeño que nuestro país está teniendo en materia de anticorrupción.

Recordemos que para que las ganancias de un acto de corrupción puedan ser utilizadas, tienen que ser “lavadas”, por lo que un delito lleva a otro y la cadena de ilícitos se sigue fortaleciendo.

Las empresas tienen que comenzar a adoptar códigos de ética que castiguen fuertemente los actos de corrupción en los que puedan llegar a caer sus empleados. Llegar hasta las últimas consecuencias jurídicas de un empleado o una tercera parte con la que la empresa tenga relaciones será también un factor determinante en esta lucha. Implementar líneas éticas o “Hotlines” que no solo les pueden ayudar a detectar actos de corrupción, sino también a prevenir, de manera eficiente el fraude.

En las escuelas, la educación básica debe de retomar y fortalecer conceptos como la educación cívica. Desde niños educar en todas las consecuencias que puede tener la corrupción para posteriormente retomarla en la educación media superior y, una vez alcanzada la educación superior, enfatizar de manera más fuerte en la importancia de la ética en el ejercicio profesional.

Muchos profesionales salen de la universidad con el modelo mental aún más afianzado de que el sistema está podrido y lo único que queda es adaptarse a él. Al contrario, México necesita profesionales deseosos de hacer un cambio. De romper esos paradigmas de la ética en los negocios y demostrar que sí se puede, que no hay que caer en la corrupción para generar buenos negocios.

Las leyes que castigan las prácticas corruptas cada vez adoptan un alcance extraterritorial mayor, tal es el caso de la FCPA (Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero de EE.UU) y la UKBA (Ley Anticorrupción del Reino Unido) y la comunidad internacional apuntala a sus esfuerzos a crear este tipo de leyes, que castiguen prácticas corruptas con sanciones severas y no sólo eso, sino también obligar a las empresas a realizar saneamientos en estructuras, adoptar códigos de conducta y ética y programas de prevención que les permita mitigar el riesgo de caer en este tipo de prácticas.

El camino es aún largo y pesado, pero no imposible. En la medida en que todos unamos nuestros esfuerzos y luchemos por un México sin corrupción, en la medida en que no demos mordida, la situación de nuestro país podrá mejorar.

L.F.B. Daniel Alberto Ortíz de Montellano Velázquez, CAMS, CFCS

Gerente de la Práctica Forense en KPMG Cárdenas Dosal, S.C.

Integrante de la Comisión de PLD del Colegio

dortizdemontellano@kpmg.com.mx

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