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La carrera de obstáculos de los aspirantes independientes

La carrera de obstáculos de los aspirantes independientes
noviembre 22
17:58 2017

No sólo ocurre en México. En la mayoría de las naciones democráticas la pérdida de credibilidad en las instituciones plantea retos complejos. Prueba de ello, el cuestionamiento a la representatividad del sistema democrático es un fenómeno ubicuo que en buena medida explica el atractivo que los líderes populistas y las expresiones más excéntricas del espectro político ejercen sobre grupos cada vez más amplios de ciudadanos.

Ante esta realidad, resulta imperativo dar una respuesta a cómo revitalizar la democracia representativa, en el entendido de que ésta es la única modalidad posible de democracia. Desde un punto de vista institucional, una alternativa (no la única) es la adopción de mecanismos propios de la llamada democracia participativa que lejos de sustituir, refuerce a los regímenes representativos. Se trata de que a través de mecanismos como el referéndum, la iniciativa ciudadana, las candidaturas independientes y aun la revocación del mandato se incremente el grado de injerencia ciudadana en las decisiones relativas a la agenda pública.

Desde hace casi dos décadas, en México se ha debatido acerca de la adopción de prácticas dirigidas a favorecer el empoderamiento ciudadano como un ingrediente clave en la construcción del régimen democrático. Las propuestas han abundado, sin embargo, no fue hasta 2014 cuando en el marco del Pacto por México se aprobó una reforma política que dio sustento constitucional a figuras como la consulta popular, la iniciativa ciudadana y las candidaturas independientes.

El camino que condujo al reconocimiento de las candidaturas independientes estuvo lleno de obstáculos. Si bien es claro que su validez se funda en el derecho de todo ciudadano a votar y a ser votado y que, en tal virtud, diversos organismos multilaterales (como, por ejemplo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos) exhortaron al Estado mexicano a abrir la puerta al ejercicio efectivo de este derecho, lo cierto es que la reforma enfrentó la resistencia de las fuerzas partidarias que finalmente tuvieron que legislar a regañadientes en la materia.

En 2015 se celebraron elecciones federales de medio término, así como numerosos procesos locales. Fue entonces cuando las candidaturas independientes irrumpieron en el escenario. La figura era prácticamente desconocida para la gran mayoría de ciudadanos. No obstante, en algunos lugares adquirieron notoriedad e incluso, se registraron algunas sonadas victorias de candidatos sin partidos. El caso más ilustrativo fue el triunfo de Jaime Rodríguez Calderón en la elección para gobernador de Nuevo León, aunque también vale la pena apuntar los casos de Manuel Clouthier (que arribó la Cámara de Diputados federal en representación de un distrito de Sinaloa) y sobre todo, de Pedro Kumamoto quien accedió por la vía independiente al Congreso de Jalisco.

En un contexto de hartazgo ciudadano y de déficit de credibilidad, los candidatos sin partido encuentran, en principio, condiciones favorables para incrementar su relevancia como actores políticos. No obstante, el poco conocimiento ciudadano de lo que pueden significar estas opciones de voto conspira en contra de la consolidación de la figura. Con todo, un elemento decisivo es el desempeño de los independientes en los cargos para los que fueron electos. En este sentido, vale la pena señalar cómo el entusiasmo inicial que generó el triunfo de “El Bronco” en Nuevo León devino en desencanto, mientras que, en franco contraste, la actuación de Kumamoto en el Congreso de Jalisco ilustra el lado más prometedor de este tipo de candidatura.

De cara a los comicios del próximo año, surge la interrogante acerca de cuántos candidatos independientes participarán, cuáles serán sus posibilidades de éxito o cómo su presencia incidirá a favor o en contra de las distintas opciones partidarias. Cualquier intento de respuesta sería en extremo aventurado. Lo único que puede adelantarse con cierto grado de confianza es que la presencia de los independientes será limitada, principalmente debido a la gran cantidad de requisitos que la ley impone.

Como ya se apuntó, los partidos opusieron resistencia a la figura de las candidaturas independientes. Pero una vez que la figura fue reconocida en la Constitución, las resistencias se orientaron a imponer obstáculos difíciles de sortear. De entrada, los aspirantes a la candidatura por la presidencia, además de la constitución de una asociación civil, deben recolectar un número de firmas (más los datos de la credencial para votar) equivalente al 1% del padrón. Asimismo, el criterio del 1% del padrón se debe también satisfacer en al menos 17 de las 32 entidades federativas. El plazo para cumplir con estos requisitos es de apenas 120 días y no hay financiamiento público para apoyar esta labor, por lo que se debe armar un equipo de voluntarios que, a su vez, deben estar registrados ante el INE.

Cabe señalar que, en el caso de los aspirantes a la candidatura por la presidencia, el número de firmas a recabar es de 866,593; ello significa que debe levantarse un promedio de 7,221 firmas diarias durante los 120 días que establece la ley. A mediados de noviembre, los aspirantes más aventajados (Jaime Rodríguez Calderón y Margarita Zavala) habían recolectado 253,570 y 176,143 firmas respectivamente; tienen por delante tres meses para obtener las firmas faltantes, 613,023 en el caso de “El Bronco” y 690,450  en el de Zavala.

Según se puede observar, no hay certeza de que alguno de los más de cuarenta aspirantes logre cumplir con todos los requisitos que marca la ley; de hecho, sólo Margarita Zavala y Jaime Rodríguez Calderón podrían logar el registro de su candidatura, aunque para ello deben incrementar el ritmo de recolección de firmas.

Desde luego, las quejas de los aspirantes han abundado. Además de introducir mejoras a la aplicación utilizada para captar y registrar las firmas, el INE, en una decisión cuya legalidad ha sido puesta en tela de juicio por MORENA y por el PRD, decidió ampliar en una semana el plazo para la recolección de firmas, así como permitir que en municipios con baja conectividad se puedan capturar firmas en papel. Sin embargo, el problema de fondo no reside en la aplicación, sino en la propia ley; en las reglas diseñadas por los partidos para inhibir la participación de los independientes. Pero éstas son las reglas establecidas, conocidas y aceptadas por todos los participantes.

En teoría, las candidaturas independientes pueden ser una bocanada de aire fresco en la enrarecida atmósfera de la política partidaria. Pero para que ello sea así es indispensable que la figura del candidato independiente arraigue en la mente de los ciudadanos y éstos vean en ella una alternativa válida de representación de sus intereses y valores. El problema es que la ley, diseñada por partidos renuentes a perder el monopolio de la representación, hace casi imposible que la figura prospere.

Adicionalmente, será clave el desempeño de quienes accedan a un cargo al margen de un partido. Y ello no sólo en virtud de las dificultades inherentes a la acción de gobernar o legislar, sino principalmente debido a que los independientes deberán superar el aislamiento a que en principio parecen condenados. Para tal efecto, tendrán que desplegar grandes esfuerzos de diálogo y negociación con las fuerzas partidarias para poder gobernar o para lograr el éxito de sus iniciativas legislativas.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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