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Insabi: improvisación y voluntarismo

Insabi: improvisación y voluntarismo
marzo 01
2020

En medio de serios problemas en materia económica y de seguridad, el gobierno de la 4T debe enfrentar una crisis que ha venido gestándose en los meses recientes.

En un principio, la crisis se manifestó por medio de la cada vez más recurrente insuficiencia de recursos para el sector salud, particularmente en lo relativo al abasto de medicamentos. En respuesta a las denuncias, el gobierno minimizó la magnitud del problema y descalificó las críticas como resistencia de los conservadores que se oponen a su proyecto transformador. Pero lo cierto es que la crisis del sector salud es inocultable, sobre todo a partir del arranque de este año cuando, en sustitución del Seguro Popular, se puso en marcha el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi). El presidente ha sido insistente en el señalamiento de que el Seguro Popular ni era seguro ni era popular. A cambio ofrece un sistema de salud universal y gratuito que brinde servicios de calidad comparables con los existentes en Canadá, el Reino Unido y los países nórdicos.

De entrada, surge una primera pregunta:

¿Cómo hacer posible este propósito cuando los recursos destinados al sector salud (3% del PIB) son inferiores a los que el promedio de los países de la OCDE canaliza a este fin (6.3%)?

Más aún, ¿cómo lograrlo cuando se renuncia de antemano a la posibilidad de una reforma fiscal que asegure un incremento sustancial de los ingresos públicos?

Las problemáticas

No se puede negar que el objetivo de construir un gran sistema de salud gratuito y con cobertura universal es loable. El problema es que, al parecer, para el gobierno de la 4T, la honradez y el compromiso con el logro del fin es suficiente. La puesta en marcha del Insabi responde al más puro voluntarismo del que ha hecho gala la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. Faltan estudios serios que sustenten y sirvan de guía a un proceso ordenado de transición del Seguro Popular al Insabi.

No hay estrategia de implementación. Más aún, el Instituto nace sin asignación presupuestal. Se desconoce cuánto costará la operación del nuevo modelo, pues se carecen de escenarios relativos a sus necesidades financieras, así como de la definición de las maneras en que se pretende dar sustentabilidad al proyecto. En este sentido, es ilustrativa la forma en que los mensajes oficiales parecen contradecirse. Por un lado, se afirma que sólo brindará servicios de salud de primer y segundo nivel, pero en un arranque populista, el jefe del Ejecutivo señala que también cubrirá los servicios del tercer nivel, es decir, los de alta especialidad como cáncer, sida y, en general, las enfermedades crónico-degenerativas.

Además de la falta de una hoja de ruta que oriente un proceso ordenado y paulatino de transición, el Insabi nace sin tener claridad respecto a qué debe hacer y cómo. Por ejemplo, no hay reglas de operación ni los protocolos más elementales que precisen los procedimientos a seguir ni las responsabilidades de los trabajadores del sector salud, desde el personal médico hasta el directivo.

Mención aparte merece la visión centralizadora prevaleciente. Mientras la operación del Seguro Popular quedaba en manos de los gobiernos estatales que, se supone, deberían ajustar los procedimientos a las realidades locales, el Instituto se manejará de manera centralizada de acuerdo con normas y procedimientos diseñados desde el centro. Este hecho se ha denunciado como contrario al federalismo; de ahí las reticencias de los gobernadores que aún no han firmado la adhesión de sus respectivas entidades al Instituto.

Esta manera de proceder del gobierno de la 4T da cuenta de una postura que niega toda validez a lo construido en gobiernos anteriores. La divisa es desmantelar, aunque no haya con qué sustituirlo. Lo fácil es denostar y decretar la muerte del Seguro Popular; lo difícil es construir y echar a andar una alternativa mejor. Es cierto que adolecía de diversas fallas. Se argumentaba –con razón– que la falta de mecanismo de rendición de cuentas permitió que varios gobernadores utilizaran de manera arbitraria los recursos transferidos por la Federación para la operación del modelo. Los casos de corrupción no eran raros.

Se deben corregir deficiencias

Debe considerarse que el Seguro Popular nació a partir de la necesidad de garantizar el disfrute del derecho a la salud al sector mayoritario de la población carente de un empleo formal y que, por consiguiente, no es derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), de los institutos estatales de salud ni de Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) o Petróleos Mexicanos (Pemex). Desde esta perspectiva, sus resultados son significativos. De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2008, 38.4% de la población (42 millones de personas) carecía de acceso a servicios de salud; en 2018, este porcentaje había descendido a 16.2%, equivalente a 20 millones de personas.

Una virtud no menor de este esquema es que la población ubicada en los cuatro primeros decirles de ingresos (40% más pobre) no tenía que aportar ninguna cuota; de esta forma, el Seguro respondía a una lógica clara de progresividad. En pocas palabras, el Seguro Popular distaba de ser perfecto, pero era perfectible y pudo convertirse en una buena plataforma para transitar al sistema de salud gratuito y universal que pretende erigir el presidente.

Hay dudas razonables acerca de si se diagnosticarán y corregirán las deficiencias de su implementación para que el Insabi logre cumplir con su objetivo. Pero en el corto plazo, el voluntarismo y la improvisación imperantes han significado ya un duro golpe a la población más desprotegida, presa de la incertidumbre acerca de cómo se cubrirá en el futuro su acceso a la salud. El caso de los niños con cáncer es emblemático e ilustra con dramatismo la situación.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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