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Humanizar la globalización

Humanizar la globalización
abril 01
2016

Los atisbos que en el 2002 nos dejó ver el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz a través de su muy leído libro: “El malestar en la globalización”, alertándonos de una gestión global con graves daños colaterales sobre las economías en desarrollo, fueron premonitorios pero se quedaron cortos: la realidad infirió daños mucho mayores.

Stiglitz, como vicepresidente del Banco Mundial fue testigo, en primera línea, del efecto devastador que la globalización tuvo sobre los países más pobres del planeta. Aunque resaltó que la globalización puede ser una fuerza benéfica y que su potencial es el enriquecimiento de todos, especialmente de los países más pobres, condicionó: siempre y cuando se reconfigure su forma de operar.

El proceso de globalización orientado por el FMI y las organizaciones internacionales, decía Stiglitz hace más de una década, ha causado un sufrimiento excesivo a los países en desarrollo. Es hipócrita pretender ayudar a los países subdesarrollados obligándolos a abrir sus mercados a los bienes de los países industrializados y al mismo tiempo proteger los mercados de estos  porque hace a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres. Y sugería: Somos una comunidad global y para convivir debemos cumplir unas reglas equitativas y justas que reflejen un sentimiento básico de decencia y justicia social.

Los sacerdotes del libre mercado y sus corifeos le “cayeron a palos” al Premio Nobel y en defensa de los dogmas del mercado libérrimo, dijeron del autor todo lo que se les ocurrió. Sin embargo, la realidad, que es muy necia y termina imponiendo su criterio, dio la razón a Stiglitz: la crisis de 2008 es, quizá, la prueba más dolorosa.

En 2013, once años después de “El malestar…”, otro economista, este francés: Thomas Piketty, publicó el libro “El capital en el siglo XXI”. La obra no solo alerta sobre la desmedida acumulación del capital a nivel global sino que profundiza la crítica que Stiglitz y otros hicieron, diez años antes, y propone soluciones. El efecto fue similar: los mercadólatras se le fueron encima y lo han hecho objeto de todo tipo de ataques y descalificaciones.

Desde su primera edición se vendieron más de 150,000 ejemplares. Dos razones explican la popularidad de la obra: primera, no está dirigida solo a un público especializado sino que combina de manera sencilla la historia y filosofía detrás del modelo capitalista occidental y, segunda, el autor entendió el complejo panorama de la actualidad y proporcionó herramientas para que la discusión dejara de ser un monólogo entre los defensores a ultranza del  libérrimo mercado.

El trabajo de Piketty respalda a aquellos que, como Stiglitz, han venido apuntando, desde hace más de diez años, que la distribución inequitativa de la riqueza es incompatible con los valores democráticos. Se suma a los llamados de transparencia, a través de un registro global de activos financieros y una tributación, global también, progresiva al capital. Predice un mayor desempleo en el mundo si los gobiernos no hacen correcciones radicales y resalta el hecho de que el 1% de la población mundial posee más del 50% de la riqueza global, como consecuencia del inequitativo sistema económico existente.

EPILOGO

“El capital en el siglo XXI” fue publicado en español por el Fondo de Cultura Económica (FCE) y su nombre trae a la mente, de inmediato, “El capital” de Karl Marx. Ambos libros, además del título, tienen muy poco en común. Piketty no es un marxista más bien, como Stiglitz, es promotor de una reforma radical del capitalismo disfuncional que padecemos y que ha hecho del dinero su dios y de las necesidades de la población un dato marginal. Su pretensión, explícita, es humanizar la globalización.

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles
Expresidente del IMCP
mireyagarza14@yahoo.com.mx

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