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Histórica desigualdad

Histórica desigualdad
septiembre 01
08:00 2018

Cuando en el siglo XVIII Juan Jacobo Rousseau, el suizo francófilo, escribió su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, estaba tocando un tema toral de la convivencia. Al final de su largo y fascinante discurso, el filósofo, politólogo y pedagogo, concluye: “… de esta exposición se deduce que la desigualdad, siendo casi nula en el estado de naturaleza, debe su fuerza y su acrecentamiento… y se hace al cabo legítima por la institución de la propiedad y de las leyes …” y remata: “… la desigualdad que reina en todos los pueblos civilizados, va manifiestamente contra la ley de la naturaleza, de cualquier manera que se la defina … (y resulta en) que un puñado de gentes rebose de cosas superfluas mientras la multitud hambrienta carece de lo necesario”.

Hace tres siglos, Rousseau resaltó la importancia del tema, pero no imaginó como tal lacra se agravaría con el tiempo. En nuestros días, las ocho personas más ricas de Estados Unidos de América ostentan una riqueza similar a la de la mitad inferior de la población global, es decir, 3,700 millones de seres humanos.

¿Cómo se llegó a este extremo? Repasemos someramente la historia en que el sistema capitalista actual proviene de la evolución de tres vertientes. La primera es el capital mercantil, cuya riqueza deriva del comercio que floreció durante los siglos XVI y XVII. Este dio pie a la segunda, el capital industrial, cuya riqueza se gesta en las manufacturas que caracterizó a los siglos XVIII, XIX y XX y, por último, el capital financiero, cuya riqueza no se deriva del comercio o las manufacturas, sino simplemente de la especulación cambiaria.

Las tres vertientes siguen existiendo, pero la que domina es la del capital financiero, que ha subordinado a las otras dos y ha propiciado la concentración creciente de riqueza en 1% de la población mundial, dejando al 99% restante a la deriva. Los estudios detallados de Tomás Pikkety (El capital en el siglo XXI) documentan cómo la riqueza de ese 1% va creciendo a una tasa superior a la del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) global. El fenómeno está directamente relacionado con la desregulación de los mercados.

En la última etapa de la historia económica se ubica 1971 como el año clave en el que, por decisión del Presidente Richard Nixon, se abandonaron las reglas del juego económico establecidas en 1944 en Bretton Woods, lo que eliminó el patrón oro y dio paso al capitalismo financiero que padecemos. En 1973 empezó a sentirse el efecto del abandono y a ensancharse la brecha entre ricos y pobres. Posteriormente, Ronald Reagan tomó decisiones que la profundizaron. Su famosa Teoría del goteo postula que la fortuna de los ricos se derramaría hasta colmar las billeteras de los pobres y de la clase media; esto fue una farsa y jamás goteó riqueza alguna.

Del otro lado del Atlántico, Margaret Thatcher, Primera Ministra de Inglaterra, hizo pareja con Reagan e impulsaron la desregulación de los mercados y la reducción de los gobiernos, lo que se sistematizó en el Consenso de Washington, donde establece las reglas a las que todo Estado debe sujetarse, desde luego con el acompañamiento de los organismos financieros internacionales. El efecto: la hiperconcentración de la riqueza y un creciente volumen de excluidos, aun en los países desarrollados, que ahora claman en contra de los regímenes políticos establecidos a lo largo y ancho del planeta.

EPÍLOGO

La advertencia de Keynes, economista británico promotor de Bretton Woods, en el sentido de que: “La economía existía para servir a la civilización y no lo contrario”, simplemente fue ignorada. Actualmente, tanto en EUA como en China, 1% más acaudalado posee 47% de la riqueza. En México existen 34 familias súper ricas mientras la mitad del país vive en la pobreza.

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles
Expresidente del IMPC
mireyagarza14@yahoo.com.mx

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