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Grecia y Europa en el laberinto

Grecia y Europa en el laberinto
septiembre 01
2015

El referéndum convocado por el primer ministro griego Alexis Tsipras arrojó el resultado esperado: el 61% de los ciudadanos griegos expresó su rechazo a la austeridad impuesta por los programas de ajuste y, de paso, ratificó el respaldo a un gobernante que llegó al poder con el mandato de redefinir los términos de la negociación de la deuda.

Desde 2008, la economía griega ha venido contrayéndose de manera sistemática. En aquel año cayó 0.4%, pero en los años subsecuentes, la caída ha sido mayor, llegando a ser de casi el 9% en 2011. Ciertamente, en 2014 se registró una tímida recuperación de 0.8%, sin embargo, la acumulación de tantos años de crecimiento negativo ha traído consigo enormes costos, tanto en materia de desempleo, que alcanzó el 26.5% de la PEA (y que en el caso de los jóvenes llegó al 51.9%), como de reducción salarial: el salario mínimo mensual se redujo de 794 euros en 2008 a 684 euros en la actualidad. Se entiende, por tanto, que la población rechace compromisos que implican prolongar una situación intolerable y que no parece tener una solución en el corto plazo. La pregunta, sin embargo, es si hay una salida al margen de las medidas de ajuste impuestas por la Troika.

De manera sintética, se puede afirmar que tras el ingreso de Grecia a la Unión Europea, esta nación, una de las más pobres de Europa, se vio beneficiada por las transferencias de recursos dirigidos a financiar la construcción de infraestructura, incentivar el desarrollo y preparar la llamada convergencia estructural, es decir, la disminución de las brechas entre el desarrollo económico de Grecia y el de las naciones más prósperas de la Unión. La inversión y el mayor intercambio comercial dieron como resultado una bonanza económica y la elevación de los niveles de vida de los griegos. En un segundo momento, el ingreso al mecanismo del euro consolidó la estabilidad macroeconómica, erradicó el fantasma de la inflación y abatió las tasas de interés, incentivando así la contratación de deuda.

El problema es que las expectativas suelen crecer más de prisa que la capacidad económica para satisfacerlas. Por razones políticas, para los gobiernos griegos resultó muy redituable conceder generosos beneficios a su población, aun antes de contar con la capacidad productiva y la solvencia fiscal indispensables para hacerlos sostenibles. Se ingresó así en una espiral populista en la que cada gobierno otorgaba más beneficios sociales que, a su vez, eran financiados con mayor endeudamiento. A este respecto, es importante recordar que Grecia fue admitida al euro a pesar de existir evidencias de que no cumplía cabalmente con los requisitos macro (déficit fiscal y deuda pública). Más aún, cuando la deuda y el déficit fiscal empezaron a crecer más allá de lo razonable, el gobierno griego no dudo en maquillar sus cifras, contando para ello con la aquiescencia de algunas empresas calificadoras.

Grecia vivió por encima de sus posibilidades y, para hacerlo, incurrió en una deuda equivalente a casi el 180% de su PIB. El gobierno griego no es una víctima. Tampoco los acreedores son usureros despiadados. En última instancia, la enorme masa de recursos que ha fluido de Alemania y los países más ricos de la Unión Europea hacia Grecia no tiene otra fuente que los impuestos y los ahorros de los ciudadanos de aquellos países. Y estos ciudadanos también presionan a sus gobiernos para que ya no arriesguen sus recursos para rescatar a un gobierno que no ha tenido éxito en el ordenamiento de sus finanzas.

Ciertamente, el costo social del ajuste es enorme. Pero el problema es que el gobierno griego careció de las propuestas alternativas que le hubieran permitido renegociar la deuda y el rescate bajo condiciones que no implicaran mayor sacrificio ni abandonar el euro y la estabilidad que garantiza. Así las cosas, finalmente, ocurrió lo que tenía que ocurrir: Grecia aceptó los términos impuestos por la Troika y logró mantenerse dentro del euro. No deja de ser paradójico que el plan de rescate aprobado es más duro que el que fuera previamente rechazado.

En efecto, el acuerdo alcanzado implica duras condiciones orientadas a reducir el déficit fiscal y el monto de la deuda. Para tal efecto, incluye medidas cuya pertinencia se antoja obvia, tales como las reformas al sistema de pensiones, a las reglas del juego del mercado laboral, las privatizaciones y la reducción del costo de la administración pública. En virtud de que una de las principales debilidades estructurales de la economía griega consiste en el enorme peso del gobierno y el imperio de los cálculos políticos en el manejo de la política económica, las reformas señaladas, pese a sus impactos sociales, apuntan en la dirección correcta.

No obstante, debe asimismo subrayarse que el acuerdo incluye medidas que, si bien pueden contribuir a la reducción del déficit y la deuda, pueden también entorpecer las posibilidades de crecimiento de la economía griega; tal es el caso de los fuertes incrementos al IVA y del escaso margen de maniobra para que una parte sustantiva de los recursos frescos que Grecia habrá de recibir pueda ser canalizada a incentivar el crecimiento, construir infraestructura y elevar la competitividad. En otras palabras, el gran problema, desde el punto de vista económico, reside en que el programa acordado no equilibra ajuste macroeconómico y crecimiento.

Desde un punto de vista político, el gobierno de Alexis Tsipras resulta el principal damnificado. Después de sus desplantes populistas, será muy difícil hacer creíble la narrativa de un acuerdo necesario. De hecho, el acuerdo fue aprobado en el Parlamento gracias al voto de la oposición, es decir, de los partidos que lo antecedieron en el gobierno y que se habían ceñido a la austeridad. Por el contrario, pierde el apoyo de su propio grupo, en tanto la mitad de los legisladores de Syriza votó en contra. En otras palabras, Tsipras ha perdido la mayoría que, según las reglas del régimen parlamentario, se requiere para encabezar el gobierno. Habrá que ver cuánto tiempo resiste.

Se ha señalado que la Troika hizo gala de rudeza innecesaria contra el gobierno griego. La hipótesis más plausible apunta a que lo que la Troika buscaba era precisamente asestar un golpe contundente contra un proyecto populista con el potencial de sentar un importante precedente en otras naciones europeas en donde estas posturas convergen con distintas modalidades de anti europeísmo.

Seminario Político

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