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Gestión eficiente, intangibles y el rendimiento económico empresarial

Gestión eficiente, intangibles y el rendimiento económico empresarial
septiembre 01
08:00 2018

Para que las empresas sobrevivan en entornos cada vez más competitivos y complejos, se necesita
conocer los factores que añaden valor.

En la actual economía basada en el conocimiento, los activos intangibles llegan a ser más importantes que los factores físicos para crear valor en las empresas, constituyendo factores clave que pueden permitir a las empresas adquirir ventajas competitivas y sobrevivir en entornos complejos y con una fuerte competencia. Más allá de destacar la importancia de la inversión en estos activos, en el presente trabajo se resumen y discuten trabajos previos que han abordado la relación entre la Eficiencia del Capital Humano (HCE, por sus siglas en inglés) y estructural sobre el rendimiento empresarial, poniendo de manifiesto cómo el uso eficiente de estos activos puede utilizarse de catalizador en la sostenibilidad empresarial a largo plazo.

INTRODUCCIÓN

El diseño de acciones orientadas a facilitar la supervivencia y el éxito de las empresas en unos entornos competitivos cada vez más complejos y dinámicos, exige un profundo conocimiento de los factores claves en la creación de valor y, en última instancia, en su competitividad y sostenibilidad a largo plazo. En la llamada Economía del Conocimiento, y con la Teoría de los Recursos y Capacidades (Resource-Based View), los recursos intangibles (capital intelectual) cobran especial relevancia como fuente de ventajas competitivas a largo plazo para las empresas. La productividad y motivación de los empleados, los proyectos de investigación y desarrollo, la cultura, las rutinas organizativas, el valor de las marcas y la relación con los clientes, entre otros activos intangibles que se insertan dentro de lo que se conoce como capital intelectual, son elementos que permiten agregar valor a las empresas.

En este sentido, si las organizaciones desean triunfar, deben hacer énfasis en el desarrollo y la potenciación de sus activos intangibles, pues está comprobado que las empresas que tienen ventajas competitivas en el mercado son las que han llevado adelante una gestión eficiente de este activo. De ahí la necesidad de encontrar modelos que permitan evaluar y explicar la efectividad en el uso de este recurso intangible y su contribución a la generación de valor.

En el ámbito académico se han desarrollado numerosos modelos de valoración de la eficiencia del capital intelectual o ICE, por sus siglas en inglés (más de 42 son los identificados en el estudio recopilatorio de Sveiby, 2010); si bien el más utilizado es el propuesto por Pulic (1998), que define a la ICE como la suma de la HCE y la eficiencia del capital estructural (SCE, por sus siglas en inglés).

En particular, se define a la ICE como la conexión entre el valor añadido y los costos de personal, mientras que la SCE es definida como la relación entre el valor añadido, una vez deducidos los costos de personal, y el valor añadido total. En lo que respecta a esta medida, la posibilidad de aproximar el concepto a partir de los datos contables le confiere objetividad y factibilidad, características señaladas por la literatura previa como factores para garantizar su aplicación a la valoración de la eficiencia del capital intelectual.

Siguiendo la distinción realizada por Pulic (1998), en el presente trabajo se resumen y discuten trabajos previos que han abordado el lazo entre el capital intelectual y el rendimiento empresarial, lo que pone de manifiesto cómo el uso eficiente —particularmente del capital humano y del capital estructural— puede utilizarse como catalizador de mayores niveles de rendimiento en la empresa.

HCE EN EL RENDIMIENTO EMPRESARIAL

En el ámbito académico se define el capital humano como los conocimientos, habilidades, experiencias y actitudes que poseen los miembros de una organización. La literatura previa entiende que las aportaciones del capital humano a la creación de valor están dadas por las ventajas competitivas que confiere a la propia empresa por tratarse de un recurso difícilmente imitable. Roos et al (2001) atribuyen estas aportaciones a las propias competencias, actitudes y agilidad intelectual de los empleados, que abarca la capacidad de innovar y cambiar prácticas, reflexionar sobre los problemas y alcanzar soluciones innovadoras.

En este mismo contexto, es ampliamente reconocido en la literatura que los empleados se convierten en un activo no sustituible e idiosincrático, que puede proporcionar una diferenciación competitiva, “porque su conocimiento especializado, que contribuye al desarrollo de nuevas ideas y productos, puede ser difícil de duplicar para otras empresas” (Agostini et al, 2017, p. 402). Asimismo, El-Bannany (2008, p. 488) señala que “aquellas empresas que cuenten con trabajadores con mejores habilidades obtendrán mayores rendimientos, lo cual se debe a que el personal de estas empresas podrían adoptar ciertas estrategias —por ejemplo, nuevos métodos de producción— que pueden conducir a una reducción en el costo de producción de los productos o servicios, lo que les permitirá ofrecer sus productos a un precio más bajo y, por lo tanto, obtener una ventaja competitiva en el mercado, que permite maximizar los beneficios de la empresa (maximizando la creación de valor)”. Así, tener un capital humano brillante, motivado y con experiencia debería ser la base para tener un mejor rendimiento financiero (Roos et al., 2001).

Los empleados se convierten en un activo no sustituible que puede proporcionar una diferenciación competitiva por su conocimiento especializado.

En términos de eficiencia y productividad, algunos estudios señalan que las empresas capaces de obtener mayor rendimiento son las que usan eficientemente su capital humano (Mavridis, 2004). Algunos autores atribuyen este comportamiento a que estas empresas son capaces de obtener productos de alta calidad y servicios, lo que podría conducir a una ventaja competitiva en el mercado y, por lo tanto, a mayor rentabilidad (Meles et al, 2016). En estos términos, El-Bannany (2008) señala que cuanto más eficiente sea la inversión en capital humano —es decir, mejor utilizados estén los recursos— mayor será la contribución de esa inversión a la creación de valor, lo que a su vez debería motivar al personal de la empresa a continuar innovando, por ejemplo, en el desarrollo de productos o servicios, o en mejorar los procesos comerciales para lograr un mayor beneficio para la empresa. Por lo tanto, el uso suficiente del capital humano puede entenderse como un catalizador de la inversión en recursos humanos hacia mayores niveles de rendimiento. En otras palabras, no se trata, por tanto, de tener mayores recursos, sino de usarlos eficientemente.

SCE EN EL RENDIMIENTO EMPRESARIAL

La literatura también ha presentado especial atención al vínculo entre la SCE y el rendimiento empresarial. El capital estructural representa todo el conocimiento institucionalizado en la empresa, esto es, todas las formas en las que pueda estar incorporado el conocimiento dentro de la organización diferente del que reside en los empleados, considerando desde la cultura, las rutinas, los manuales de procedimientos, las estrategias organizativas o los procesos internos hasta los sistemas de información o bases de datos (Youndt et al, 2004). El capital estructural también abarca la marca, la reputación y la asociación entre la empresa y los diferentes agentes económicos y sociales con los que interactúa en el desarrollo de su actividad (Edvinsson y Malone, 1997).

El uso diferente del capital estructural puede verse como la piedra angular de una organización en esta era, porque crea las herramientas y la arquitectura necesaria para mantener, formar, reforzar y transferir el conocimiento a lo largo de las actividades empresariales (Cabrita y Bontis, 2008). Estudios previos (ej. Bontis et al, 2013) han evidenciado que una utilización eficiente del capital estructural es crucial para una mayor rentabilidad en las empresas, puesto que su capacidad para proporcionar productos o servicios de calidad depende de su inversión en aspectos como sistemas eficientes, base de datos, marcas, rutinas y procedimientos.

En esta línea, Agostini et al, (2017) encontraron una asociación directa entre la SCE y la capacidad de la empresa de crear innovaciones radicales (nuevos productos, nuevos mercados o nuevos canales de distribución) e innovaciones incrementales (productos mejorados, procesos mejorados o el nivel de servicio ofrecido a los clientes) y, por lo tanto, mejorar el rendimiento de la empresa.

Por otro lado, algunos investigadores (por ejemplo, El-Bannany, 2008; Clarke et al, 2011) señalan que muchas empresas se están involucrando en el proceso de mantener el vínculo estrecho con sus proveedores con el fin de utilizar habilidades, capacidades, información y recursos para desarrollar nuevos productos más rápido y a menor costo, ya que dichas relaciones tienen una influencia positiva sobre el rendimiento, un incremento del conocimiento colectivo, tiempos de entrega más cortos, un mayor nivel de productividad, una mejora de la innovación tecnológica y una mayor rentabilidad empresarial.

CONCLUSIONES

Si bien se ha reconocido ampliamente el impacto positivo que las inversiones en capital intelectual tienen sobre el rendimiento empresarial, es necesario incorporar al debate la complejidad de la gestión de los recursos intangibles y reflexionar en términos de productividad o eficiencia en el uso de un recurso esencial para garantizar niveles sostenibles de rentabilidad y la propia supervivencia de las empresas ante entornos complejos y altamente competitivos.

Con base en estudios previos, puede asegurarse que existen elementos suficientes para creer que la eficiencia en el uso de los recursos intangibles constituye un elemento clave que puede explicar las diferencias en términos de rentabilidad entre empresas y, por lo tanto, debe profundizarse en saber cómo diferentes estilos de gestión del capital intelectual pueden mejorar o reducir el rendimiento financiero.

Artículo publicado en AECA 120, diciembre 2017
Yolanda Ramírez Córcoles y Montserrat Manzaneque Lizano
Universidad de Castilla-La Mancha

Julio Diéguez Soto
Universidad de Málaga

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