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Formadores de colegas: El ejercicio de la docencia contable

Formadores de colegas: El ejercicio de la docencia contable
diciembre 01
00:21 2014

En la formación de las nuevas generaciones está la gran responsabilidad de transmitir el respeto a la profesión, a las organizaciones y un ejercicio ético.

La gran mayoría de quienes participan en la formación de los estudiantes de licenciatura, en particular la de Contaduría Pública, son a su vez Contadores Públicos con una formación en alguna de las Instituciones de Educación Superior (IES) en todas las áreas que forman esta disciplina (Contabilidad, Finanzas, Fiscal, Auditoría, Costos, Derecho, etcétera); sin embargo, es una regla que esa formación no incluyó elementos para convertirse en docentes. Para ello, en el mejor de los casos, se han replicado los ejemplos de quienes les formaron en las aulas, lamentablemente, no siempre los buenos o los mejores ejemplos.

Es fundamental que aquellos que tienen a su cargo la formación de las nuevas generaciones de colegas reflexionen sobre su papel de formadores. Un estudiante en todos los años de instrucción previa a la licenciatura, dudosamente habría tenido a un Contador Público como docente, sino hasta los estudios superiores, de tal manera que el modo de trabajar de aquel, de expresarse, representan, en la mayoría de los casos, el primer acercamiento que tiene con un profesional de la carrera que ha elegido.

Aquellos aspectos positivos que debieran ser transmitidos son el ánimo para la constante actualización, el respeto a los colegas, a la profesión misma, a las organizaciones que nos agrupan, hacia las normas, hacia la convivencia armónica y respetuosa.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera. Albert Einstein

UN EJE RECTOR

El ejercicio de la docencia como práctica profesional del Contador Público se ha convertido, desde hace varios años, en un aspecto tratado dentro del Código de Ética Profesional.

En México, la Contaduría Pública organizada, desde 1925 se ocupó de normar la Ética Profesional, por medio del Instituto de Contadores Públicos Titulados de México a través de un Reglamento de Ética, este ordenamiento fue adecuado y actualizado en 1955; en ese entonces, ya por el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), aquel reglamento dividido en seis capítulos; sin embargo, no contenía alguna referencia al ejercicio del Contador Público Docente.

En 1968 se emitió el primer Código de Ética Profesional, en él se renombraron los capítulos V y VI, pero es hasta su segunda edición, en 1976, que se modifica el nombre del Capítulo IV para quedar: “Del Contador Público en la Enseñanza”, denominación que fue sustituida en la tercera edición que corresponde al año de 1979 para quedar: “Del Contador Público en la Docencia”, desde aquella edición hasta la novena (vigente), los seis artículos que han formado este apartado han permanecido sin cambios, ello pudiera tener sentido hasta la estructura de la octava edición, debido a que la figura de los 12 postulados, el capitulado y los artículos, permaneció durante muchos años, si bien se adicionaban o modificaban disposiciones en cada edición, nunca fue así en el capítulo referido a la práctica del Contador Público en la Docencia.

El ejercicio de la docencia, como práctica profesional del Contador Público, se ha convertido en un aspecto tratado dentro del Código de Ética Profesional

Sin embargo, en octubre de 2012 entró en vigor la novena edición del Código de Ética Profesional con cinco partes indicadas por letras (A – E); esta versión, como sabemos, es una adecuación del Código internacional emitido por la International Federation of Accountants (IFAC), específicamente por la International Ethics Standards Board for Accountants (IESBA); sin embargo, este ordenamiento en su estructura original no contempla las partes D (Contadores Públicos en la Docencia) y E (Sanciones), aspectos regulados por tradición en la normatividad de la materia en nuestro país por el IMCP.

La adición de esas dos partes y algunas consideraciones en el algunos artículos de las otras tres son la razón por la que se habla de una adaptación del Código internacional, en sentido estricto, no necesariamente de una adopción.

En la novena edición ya no se cuenta con la figura de los postulados básicos, lo cual cambia en sustancia el esquema conceptual de la más reciente edición; este gira ahora en torno a tres figuras fundamentales: los Principios Fundamentales (cinco aspectos básicos que deben guiar la actuación del Contador Público), las Amenazas (hechos o circunstancias que pueden vulnerar el cumplimiento que haga el Contador Público de los principios fundamentales) y las Salvaguardas (acciones o medidas para garantizar la observancia de los principios fundamentales frente a las amenazas).

Esta última es la razón que genera que el planteamiento de las tres primeras partes (A, B, C del Código sea sustancialmente distinto en su esencia conceptual, su estructura, e incluso redacción, por ello resulta necesario adecuar la parte D a ese nuevo planteamiento conceptual y a su relación con los aspectos sustantivos: principios fundamentales, amenazas y salvaguardas).

Qué importante resulta reflexionar sobre la trascendencia del papel del Contador Público docente no solo como agente informativo, sino como auténtico formador de las nuevas generaciones, sobre la trascendencia de convertirse en un ejemplo positivo que guíe no solo dentro del área de conocimiento que se trate, sino, igualmente importante, o aún más, en el deber ser profesional, en la valoración de los elementos éticos tan necesarios en estos tiempos.

Mtro. Héctor Torres Sánchez

Integrante de la Comisión de Ética y Responsabilidad Profesional del Colegio

h.torres@ebc.edu.mx

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