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Formación Universitaria: Una visión holística

Formación Universitaria: Una visión holística
junio 01
2015

Los docentes tienen el compromiso de asumir los nuevos paradigmas del siglo XXI para desarrollar estrategias motivacionales de enseñanza-aprendizaje para formar profesionales integrales.

Adoptar técnicas de enseñanza y aprendizaje con visión holística en la formación universitaria, especialmente en las Facultades de las Ciencias Económicas y Sociales en países como México y Venezuela, significa enfocarlas mirando al proceso de formación de profesionales integrales.

Dirigir nuestros esfuerzos como docentes a desarrollar actitudes y acrecentar destrezas que nos permitan educar para la vida, en proceso continuo, y donde se busque que la formación en nuestros estudiantes sea de manera permanente y no crear conocimientos por “islas”, cuando el estudiante memoriza un contenido solo para aprobar una asignatura y no para fijar el conocimiento.

Se debe dirigir nuestra atención a desarrollar estrategias motivacionales de enseñanza-aprendizaje que permita aumentar capacidades de creación, innovación, producción y sobre todo su pleno desarrollo personal.

Los docentes (especialmente aquellos catalogados como profesionales no pedagogos) tenemos un compromiso con nosotros mismos en asumir los nuevos paradigmas de la educación del siglo XXI, considerar entre otros, la enseñanza y el aprendizaje desde lo individual, lo social, la gestión y la formación, lo objetivo y subjetivo, lo cognitivo y lo afectivo, lo externo y sobre todo lo interno, lo intersubjetivo, los conocimientos previos de los alumnos, las habilidades y los valores, los contenidos, los objetivos y métodos, el diseño curricular, su dinámica y su evaluación, todas expresadas en innumerables formas que no son ajenas a la voluntad y actitud de nuestros alumnos.

Partiendo de esta idea podemos comprender por qué la educación tradicionalista actual genera más problemas que soluciones por lo que es fundamental un cambio que nos permita educar de manera diferente para una sociedad sustentable, de manera “integral”, partiendo del fenómeno del “ser”, con una visión holística del ser humano del siglo XXI.

Nuestra educación está basada filosófica y epistemológicamente en el mecanismo y materialismo, en la que los valores predominantes son el control, el consumo, la competencia, la velocidad y el éxito material y no ha resuelto el problema.

Por ello estamos frente a un reto que sobrepasa la educación clásica (Fogelman, 1991) para iniciar una educación acorde con la naturaleza del ser humano, una formación holística defendida por la Unesco y la Organización Internacional de la Educación Holística, en el festival por el Desarrollo Educativo celebrado en México, en la ciudad de Chilpancingo (2005), donde se hizo la declaración mundial de la educación holística para el siglo XXI.

La visión integral que todo docente debe tener, desde el momento en que internaliza su función como docente, debe estar orientada en varios ejes vitales: amor, pasión y entusiasmo. No se puede entender la profesión del docente sin tener en cuenta el amor hacia la profesión, la pasión que transmitimos al enseñar y el entusiasmo que contagiamos. La única forma de sentirnos satisfechos es hacer un gran trabajo y eso solo es posible amando lo que hacemos. Así es como debemos enseñar, así es como mejor aprenden nuestros alumnos.

Otro de los ejes fundamentales es la creatividad, hay que enseñar para crear, no para copiar ni memorizar. La creatividad no es más que establecer conexiones y asociaciones de ideas. Ese es el verdadero reto que tenemos como docentes: enseñar aquello que nuestros alumnos nunca podrán aprender por sí mismos. Hay que crear, construir, generar algo nuevo a través del potencial de cada uno de nuestros alumnos.

La funcionalidad, uno de los retos que tenemos como docentes, perseguir el aprendizaje ético. Hay que esforzarse por crear aulas de clase “motivadoras” que pueda ofrecer al alumno muchas maneras de aprender con respecto al contenido que se está enseñando; es un error centrarse solo en el contenido. Hay que buscar a su vez el lado estético del mismo y darle una aplicabilidad para que los alumnos se motiven por aquello que se enseña y aquello que se les ofrece.

Uno de los temas que deben prevalecer para fomentar una visión más holística de la educación es la perspectiva. En nuestra labor docente es esencial porque de ella nutre nuestro propio concepto, la percepción de aquello que hacemos, de aquello que enseñamos.

“La educación tradicionalista actual genera más problemas que soluciones, por eso es fundamental un cambio para educar de una manera integral”.

No cometamos el error de enseñar sin pensar qué queremos que aprendan nuestros alumnos, y sobre todo, cómo queremos que aprendan. No dudemos en aprender todos los días de ellos. Cuanto más en cuenta tengamos a nuestros alumnos, más cerca estarás de ellos y te reportarán enormes beneficios porque harás que aumente su autoestima y su seguridad.

En la educación a veces se comete el error de sobrevalorar la experiencia. Hay que tener cuidado con ella porque nos puede acabar robando la perspectiva, te puede apartar del activo más importante del aula de clase: los alumnos.

Lo realmente importante no es lo que enseñamos, sino cómo lo enseñamos, de ahí la trascendencia de enseñar desde la simplicidad. Dediquemos tiempo no sólo a la generación de contenidos, sino a la preparación de los mismos para que estos propicien un verdadero aprendizaje significativo en los alumnos, aprender haciendo garantizaría un conocimiento para toda la vida.

Por otra parte, el sector universitario, especialmente en los centros educativos, habla continuamente de la  productividad. En mi opinión preferiría hablar de perseverancia y por qué no de determinación, son dos cualidades que debemos forjar en nuestros alumnos; el sistema universitario está cada día más comprometido en relacionar el éxito con los resultados, con el producto final, cuando de lo que se trata es de “educar” a nuestros alumnos desde la perseverancia, la cultura del esfuerzo, la honestidad en el trabajo, el placer por lo que se aprende y sobre todo la esencia de “ser”, un ser humano ético e integral.

Si logramos fomentar los ejes anteriormente descritos sin duda alguna tendremos alumnos de los que gratamente sería de gran orgullo para todo docente: la excelencia; preocupémonos por la calidad, muchos profesionales no son preparados para un entorno donde la excelencia es lo que se espera, es nuestro reto hacer conciencia en nuestros alumnos que se van a enfrentar a un entorno cada día más competitivo, la excelencia no conoce límites y debe comenzar por el arte de ser asertivo, proactivo, eficaz, eficiente y sobre todo tener en cuenta que es un ser integral, con deseo de ser cada día mejor ser humano.

Lo anterior no solo debe ser aplicado en los alumnos, también en los docentes, pues es nuestra labor ser y sentirnos excelentes, es el reflejo en nuestros alumnos.

Mtra. Leisy Rumbos de Jiménez

Integrante de la Comisión de Docencia del Colegio

leisy_elena@hotmail.com

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