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Evaluación para los consejeros

Evaluación para los consejeros
julio 01
2020

Lo que no se puede medir, no se puede mejorar. En esta primera entrega sobre la importancia de la evaluación del consejo de administración, veamos por qué es tan importante aplicarla sin timidez o con el sabor de la burocracia.

Una de las buenas prácticas más importantes de cualquier empresa, sin importar su tamaño, es evaluar el desempeño de todos sus departamentos. No existe un área menos importante que otra, pues si hay un eslabón a punto de romperse, el efecto llegará a todos: mientras más pronto sea evidente la necesidad de un ajuste, mejor.

Sin embargo, en ocasiones olvidamos que no se trata de revisar del cuello para abajo: la cabeza también necesita su examen. Por eso inicio esta serie de entregas, para poner sobre la mesa un tema que a muchos se les traspapela en la rutina de la gestión empresarial: la evaluación del consejo de administración y sus integrantes.

Desde que México se integró en los noventa a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país tiene acceso a los lineamientos que ayudan a regular la eficacia de un consejo de administración, aunque esto no implica que se practique como debiera. Quizá una de las razones es que no se tiene claro para qué sirve. La respuesta rápida a esto es que su evaluación es fundamental para que el gobierno corporativo no se derrumbe, pero esta es la punta del iceberg.

La verdadera razón

Cuando decimos que un error es una oportunidad, lo hacemos porque en cada vuelta equivocada hay una lección sobre cómo funciona mejor un proceso y quién intenta recuperar el camino. Al enfrentarnos a una crisis, la forma en que la gestionamos habla más de nosotros que del problema en sí: la rapidez de reacción, el manejo de la frustración, la lista de prioridades que se construye en el momento son a veces más importantes que encontrar la salida.

También ocurre con el consejo de administración: evaluar cómo trabajan en estas situaciones arroja datos y conclusiones valiosas. A eso podemos sumarle otro aspecto clave: expectativas. No podemos pedir peras al olmo, ¿cierto? Al mismo tiempo, los objetivos demasiado altos provocan relaciones poco saludables con los integrantes del consejo, pues se esperan resultados para nada realistas.

Tampoco nos vayamos al otro extremo al poner la vara demasiado abajo. Tengamos los pies sobre la tierra, reconozcamos las fortalezas del consejo y establezcamos objetivos medibles, alcanzables y benéficos para toda la empresa.

¿Existe un modelo único?

Como ya mencioné, la OCDE ofrece una serie de lineamientos. Esto no implica que haya un modelo único. Lejos de ser una desventaja, esta ausencia de estándar permite crear un proceso a la medida de cada empresa y cada consejo, pues no siempre las necesidades serán las mismas.

¿Qué necesitamos?, ¿por dónde empezar? Mi experiencia me dice que existen ciertos criterios básicos, el punto de partida para crear el modelo más conveniente, pero los abordaremos en la siguiente entrega. Mientras tanto, no olvidemos que la evaluación del Consejo de Administración es un beneficio que no podemos postergar, por la salud de la empresa.

C.P.C. y P.C.CO. Mauricio Brizuela Arce
Presidente del consejo de Administración y socio director de Salles Sainz Grant Thornton
Twitter: @SallesSainz
mauricio.brizuela@mx.gt.com

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