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Ética Profesional: El valor que entró a las aulas

Ética Profesional: El valor que entró a las aulas
marzo 31
09:46 2014

El desarrollo y práctica profesionales actuales demandan que los futuros Contadores conozcan el Código de Ética, y que el tema se integre como una asignatura donde se planteen escenarios didácticos y se encuentren soluciones.

En 2002 se revisaron los planes y programas de las carreras que se ofrecían en la universidad en la que, en aquel entonces, colaboraba como Coordinador Académico de la Licenciatura en Contaduría Pública; por esa razón se me asignó, como enlace del equipo interno y externo, que colaboraría en ese trabajo.

Con independencia de las adecuaciones técnicas en materias de Contabilidad, Costos, Finanzas, Auditoría y Fiscal, existía una inquietud importante ante la falta de una asignatura específica de Ética Profesional en aquel plan, pues ello ya se había traducido en una sugerencia relevante del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), y era patente en los artículos que el C.P.C. Enrique Zamorano García escribía, por ejemplo, en su columna ‘Cápsulas de Ética’, en la revista Veritas, donde apuntaba y hacían énfasis en ese sentido.

A partir de ello, y como parte de la investigación, entrevisté a varios colegas con relación a la inclusión de la asignatura de Ética Profesional en la educación superior. La mayoría de las opiniones coincidía en considerar que era muy importante, así como en expresar que resultaba necesario. Sin embargo, hubo quienes argumentaron en sentido contrario, principalmente con explicaciones como: “la ética no se puede evaluar” y “la ética es una cuestión personal”.

Como una cuestión inherente a la ética, se encuentra la práctica de los valores, definidos como aquellas acciones positivas que engrandecen la dignidad del individuo. De forma general, se reconoce que es en el seno de la familia donde se forma en la práctica de los valores, desde las edades tempranas. Aunado a ello, es común que se reconozca que en las instituciones de enseñanza –de cualquier nivel– es donde se proporciona la información que han de incorporar a su haber los estudiantes, mientras que la formación corre a cargo de los padres, en un sentido más amplio al entorno de la familia.

Sin embargo, hacer esta distinción tajante, le da a la escuela un sentido meramente utilitario de “informar”. En mi opinión, a la educación le corresponden tanto aspectos informativos como formativos, estos últimos que, por supuesto, se sustentan en el hogar y no lo suplen, pero que, en caso de ausencia, le proporcionarían al estudiante un punto de contraste sobre su práctica o su omisión en la vida.

Tratándose de la ética profesional en la educación superior, en el caso de la Contaduría Pública, aún hay planes de estudio que no la consideran como asignatura, o que la incluyen como uno de los temas de alguno de los programas del área de Auditoría. Los cambios constantes en el medio de los negocios se ven reflejados en que el IMCP ha emitido cinco ediciones del Código de Ética Profesional (CEP) en lo que va de este siglo, y por otro lado, muchos colegas han escrito mucho al respecto, lo cual refleja la imperiosa necesidad de practicarla, de hablar de ella, de formar con ella.

Habría quienes en algún momento consideraron limitante que las normas en el CEP plantean supuestos muy generales, sin embargo, desde hace muchos años existen obras que a manera de cuadernos de trabajo permiten llevar a situaciones concretas su aplicación, mientras que particularmente en su octava edición se incluía una guía de ejemplos para el Contador Público independiente.

A la educación le corresponde informar y formar. Esto último, por supuesto, se sustenta en el hogar y las escuelas no lo suplen

En la actualidad, la novena edición que evidencia la adaptación de la normatividad internacional en la materia, trasciende a un nivel de especificidad muy importante. Justamente ello explica que se pase de un ordenamiento de 75 artículos (8ª) a otro, con más de 350 (9ª).

El CEP con su estructura actual gira en torno a tres figuras conceptuales. Primero, los principios fundamentales, definidos como reglas básicas de conducta que debe seguir el Contador Público en su ejercicio profesional. Posteriormente están los hechos o circunstancias que ponen en riesgo el cumplimiento de los principios fundamentales, definidos como amenazas. Por último las salvaguardas, que son las acciones u otras medidas cuya finalidad es eliminar las amenazas o reducirlas a un nivel aceptable. En los términos del propio Código, se hace evidente que el conocimiento en materia de normas de conducta debe traducirse en:

[1] Identificar las amenazas al cumplimiento de los principios fundamentales.

[2] Evaluar la importancia de las amenazas identificadas.

[3] Aplicar salvaguardas para eliminar las amenazas o reducirlas a un nivel aceptable.

Como se puede apreciar, no se trata de una lista de buenos deseos o de generalizaciones ideales. Es un conjunto de guías de actuación específicas, referidas a las actividades en que realiza su ejercicio profesional el Contador Público.

Para quienes asumen que en la educación superior “la ética no se puede evaluar” o que “la ética es una cuestión personal”, debe quedar claro que no se trata, en primera instancia, de evaluar si los estudiantes son o no éticos o si actúan de forma ética como cuestiones personales. Se trata de que conozcan e identifiquen la normatividad en la materia y, en su caso, trasciendan a su aplicación a partir del planteamiento de escenarios didácticos o de resolución de problemas.

Sin embargo, como parte fundamental, adicional al hecho de que la Ética Profesional exista como asignatura, se encuentran las imperiosas necesidades de que quienes participamos en la formación de futuros colegas, con independencia a la asignatura que tengamos a cargo, no solo conozcamos el CEP, sino que lo practiquemos al desarrollar nuestra actividad docente, promoviendo que se genere una formación transversal apegada a los principios fundamentales establecidos.

Por L.C. Héctor Torres Sánchez

Profesor de la Escuela Bancaria y Comercial Campus Tlalnepantla

h.torres@ebc.edu.mx

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1 Comment

  1. Vicente Robleda
    Vicente Robleda mayo 03, 05:26

    La honorabilidad y la sensatez se puede medir con distintos enfoques y justificaciones. La ética es el único camino para la sabiduría a favor de la sociedad.

    Hago votos para que se incluya la materia de ética y sus diferentes acepciones y responsabilidades humanas y personales que debe contar toda profesión que se jacte de serlo. Sin ética de poco valen los conocimientos técnicos.

    Tratemos de ser más conscientes y aprovechemos estos cambios de reforma educacional y luchemos por incluir el valor de la buena conducta a favor de consciencia universal.

    Hace muchos años pregunte a un humilde campesino con sus manos y pies agrietados ¿por qué no se dio la oportunidad de estudiar? y me dijo porque la gente que lo ha hecho se hizo de una mente diferente, ya no es buena como antes, prefiero vivir en paz, con mi tierra y mis animales, eso del progreso es para los que no tienen ética, ni atención a la familia, mucho menos amor a la naturaleza.

    Muchas felicidades por una participación ética.

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