Veritas Online

Ética y Valores

Ética en la función pública

Ética en la función pública
enero 01
2020

La corrupción no es un fenómeno reciente, pero en los últimos años se ha acrecentado. Aquí se exponen las razones de este incremento y algunas necesidades urgentes que podrían disminuir su avance.

La organización Transparencia Internacional (TI) presenta cada año una clasificación mundial sobre la percepción de la corrupción en 180 países, según sus ciudadanos. En los últimos siete años éstos han sido los resultados de México:

AÑO POSICIÓN CALIFICACIÓN
2012 105 34/100
2013 105 34/100
2014 103 35/100
2015 103 35/100
2016 123 30/100
2017 135 29/100
2018 138 28/100

Fuente: Indicadores anuales de 2012 a 2018 de TI.

El país pasó del lugar 105 en 2012 al 138 en 2018. El lugar en la tabla lo define la calificación obtenida, mientras más baja la calificación, es mayor la percepción de corrupción para los ciudadanos.
De acuerdo con el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), su objeto de estudio consiste en: “el abuso de un cargo público para obtener un beneficio indebido”. El concepto, es más amplio al señalar de forma general que es hacer algo “moralmente malo” y va más allá de la concepción de que sólo existe en el ámbito público.
A pesar de partir de una reforma constitucional y de la aprobación de las leyes secundarias en la materia, el SNA no ha sido integrado en su totalidad como estaba diseñado, ya que no se ha designado titular ni fiscal anticorrupción. Además, en todas las dependencias públicas existen, desde hace años, códigos de ética o conducta que deben aplicar en el ejercicio de sus funciones todos los integrantes de esas instancias. Entonces, ¿cómo se explica que, a pesar de estas medidas, la descomposición aumente?

Entidades de control para minimizar la incidencia de actos corruptos
• Órganos internos
• Contralorías
• Órganos superiores
• Instancias de auditoría
• Instancias de rendición de cuentas

Razonamiento ideal
La experiencia internacional muestra países con bajos niveles de corrupción, donde las acciones que están asociadas con la mala actuación de funcionarios públicos no se encuentran tipificadas o sancionadas por los ordenamientos jurídicos, ya sean administrativos o penales, pues la sociedad y los individuos consideran esas prácticas como inaceptables y contrarias a su propio pueblo y a su sentido de comunidad.
De ese grado de sociedad nace el sentido de pertenencia, primero, del concepto de patria y, por lo tanto, de sentirse parte de una misma nación, tierra, bandera, himno y lengua, por lo que surge una sensación de cohesión. El siguiente nivel se presenta al ser parte de una misma ciudad, ya que hay cosas más cercanas, propias de la localidad: edificios, lugares, personas, costumbres y caminos, que generan la noción de pertenencia.
Otro componente que se necesita aclarar es la naturaleza del erario, pues representa el conjunto de recursos que pertenecen a los ciudadanos de una nación y son resguardados por el gobierno. En otras palabras, son los fondos que todos los que realizan actividades económicas previstas por las leyes han aportado, bajo los supuestos de equidad y proporcionalidad, es decir, que lo han hecho de acuerdo con su capacidad y lo aportan para satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos para redistribuir las condiciones de riqueza y procurar un estado de bienestar colectivo.
El funcionario o empleado tendría que reconocer que estafa y actúa con deshonestidad hacia su entorno inmediato y ampliado, y que al hacer uso de los medios que pertenecen a la comunidad, incluso a su familia, priva a todos de seguridad, salud y educación. Por lo tanto, condena indirectamente al atraso a su país.
Elevar el nivel de conciencia sobre las acciones propias y su impacto en el entorno, cobra importancia y debería ser visto con seriedad como el paso necesario para solucionar problemas sociales. Para muchos, los valores y principios se desarrollan en la etapa de formación de la familia; visto de esa forma, tendría que reconocerse que, al no generar este razonamiento en el núcleo familiar, se condena al individuo a que este pensamiento no aparezca en otro momento de su vida. Por el contrario, la oportunidad para esa reflexión se da en el momento en que se activa ese despertar de la conciencia, ya que, en todos los actos, el último que decide es uno mismo. Esa evolución de conciencia le proporciona un sentido superior a lo que se hace al servicio de la función pública, en beneficio de la comunidad y de la nación.
De manera paralela se debe combatir la impunidad, todo aquel que haya realizado actos ilícitos debería afrontar las consecuencias. De esa forma se estaría en el camino de fortalecer el estado de derecho y erradicar la corrupción, no sólo en el ámbito de la función pública.

Mtro. y A.C. Héctor Torres Sánchez
De la comisión de Ética y Responsabilidad Profesional del Colegio
h.torres@ebc.edu.mx

Facebook Comments

Related Articles

Búsqueda

Síguenos en Twitter

A %d blogueros les gusta esto: