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Ética de los impuestos valor y sentido

Ética de los impuestos valor y sentido
julio 01
07:00 2017

Los impuestos son en esencia un modo de convertir a una comunidad en personas socialmente responsables, que contribuyan al bienestar común. Para sembrar esta idea, es necesario llevar a la administración tributaria hacia la distribución equitativa de la riqueza.

¿Por qué debemos pagar impuestos?… Una pregunta que refleja esa percepción tan común de que los impuestos no son otra cosa más que la parte que el Estado nos quita de nuestro patrimonio, mermando así nuestro bienestar.

En una sociedad en la que el nivel de vida y la distribución de la riqueza nacional no es equitativa, inevitablemente imperan ideas como que “los impuestos simplemente representan la imposición de costos adicionales para las empresas, buscando afectar a los más productivos”, o “dinero que el Gobierno se roba del producto de nuestro esfuerzo con tasas excesivas”, y si además relacionamos todo esto con la calidad de los servicios y prestaciones públicas que recibimos, es claro que la buena voluntad se esfuma ante el desconocimiento del destino de los impuestos que obligatoriamente debemos pagar en la cantidad y forma que señalan las leyes. En el fondo, surgen sentimientos de desconfianza, duda y resistencia al cumplimiento, que terminan en prácticas de elusión y evasión fiscal.

Al orientar la recaudación tributaria en el consumo, más que en la producción, la irritación social entonces aumenta ya que, si bien puede ser una alternativa gubernamental óptima, no se experimenta como una medida que busque equidad social en el nivel de vida, sino más bien como una forma confiscatoria y ofensiva para subsanar las finanzas públicas. Bajo esta óptica, los impuestos se vuelven una carga muy pesada para la existencia.

No pretendo en este escrito hacer una crítica sobre la estructura tributaria actual, sino un llamado a comprender qué nos mueve a generar la dinámica social, en materia de cumplimiento de obligaciones fiscales, en la que estamos inmersos y qué necesitamos para contribuir en forma personal a un crecimiento de nuestro país. Así que aprovecho este espacio para invitar al lector a abrirse a la reflexión.

¿VIVIRÍAMOS MEJOR SIN IMPUESTOS?

Partamos de la realidad de nuestra existencia en la que, como seres humanos, somos siempre seres-en-relación, en convivencia permanente con una sociedad, en la cual, cada quien participa y desempeña funciones diferentes, adquiriendo de esta forma derechos y obligaciones que delimitan la libertad personal y el respeto al prójimo.

El Estado forma parte de la sociedad y participa en ella realizando diversas funciones y aunque no todas están destinadas a la generación de ingresos, sí requieren invariablemente de un alto gasto público; tal es el caso de aquellas que se realizan para procurar paz y bienestar social: servicios de asistencia y seguridad social, salud, educación, pensiones y jubilaciones. Ante la necesidad de recursos para solventar estas funciones, el hombre en sociedad adquiere la obligación con el Estado de contribuir en ese gasto público a través del pago de impuestos. Se trata de una obligación basada en una Norma Suprema, el impuesto es un acto de Soberanía del Estado, una imposición de poder absoluto que origina una relación unilateral, en la que no se incluye otra parte que represente un acto de voluntad del contribuyente.

Los actos ilícitos dirigidos a desvirtuar los ingresos y deducciones, así como las operaciones simuladas y las omisiones de pago de impuestos de cualquier manera, alimentan aún más el fraude, la mentira, el abuso y la falta de transparencia en la sociedad misma, obstaculizando de esta forma su propio crecimiento y calidad de vida. Si no pagamos impuestos, nos daremos de pronto cuenta que hoy en nuestro país no hay ninguna iniciativa privada que sustituya estos servicios característicos del Estado, con la capacidad para solventar el costo de los mismos, como lo hace la función tributaria.

La primera condición para empezar un cambio de actitud en la sociedad es la aceptación personal de la existencia de esta obligación legal como una realidad absoluta.

¿LA CORRUPCIÓN FISCAL ES PARTE DE NUESTRA CULTURA?

Es importante comprender qué fenómenos han llevado a nuestro país a vivir inmerso en la desconfianza, ira, violencia y corrupción. Para ello, basta con hacer un breve recorrido desde los tiempos en que se conformó nuestra sociedad y disponernos a contemplar algunos hechos históricos significativos:

Antes del nacimiento de nuestra sociedad mestiza, se conoce que los nativos mesoamericanos ya manejaban varios tipos de tributos ocasionales, como de guerra o religiosos. El testimonio viviente a la llegada de los europeos fue el pueblo mexica, constituido como uno de los imperios más grandes de América. En alianza con pueblos cercanos, los mexicas tenían sometidas a muchas otras poblaciones de indios nativos a quienes les exigían el pago de tributos, ya fuera en especie o a través de servicios especiales. A su llegada, los españoles adoptaron el sistema tributario mexica como primera instancia, aunque reemplazaron aquellos tributos provenientes de la naturaleza que utilizaban los indios, por piedras y metales preciosos y creando a la vez, un sistema jurídico fiscal.

Hay que hacer un llamado a comprender la dinámica social sobre el cumplimiento de las obligaciones fiscales”.

En la época colonial, la corona española recaudaba ingresos de la Nueva España en forma de impuestos de las siguientes fuentes: (i) el tributo indígena, el cual representaba un impuesto personal aplicado a cada varón nativo americano entre los 18 y 50 años de edad; (ii) el impuesto a las actividades de minería; (iii) los impuestos a las transacciones mercantiles y al pulque; y (iv) el impuesto al monopolio del tabaco, considerado como el más grande de su tipo en el mundo.

Mientras esta era la vida en la Nueva España, al otro lado del mar, en Europa, surgía el nuevo concepto de Estado que significaba el control imperial directo sobre toda la economía de las colonias, lo cual, junto con las guerras y epidemias que allá se suscitaban, causaron que los egresos demandados por el Viejo Continente a la Nueva España excedieran a sus ingresos. Para cumplir con tales demandas, se crearon fondos exigiendo a la población novohispana mayores tributos en forma de donativos, mismos que se establecieron en función de las distinciones raciales y étnicas. A la Iglesia también se le exigía contribución mediante aportaciones de los monasterios, conventos, obispos, consejeros catedráticos y del Real Fisco de la Inquisición.

La política hacendaria se volvió cada vez más coercitiva, pues la corona española exigía numerosos préstamos y donativos a toda la población novohispana estratificada (comerciantes, mineros, hacendados, eclesiásticos, funcionarios de alto y bajo rango, militares y milicianos, artesanos, peones de haciendas y campesinos indígenas). Estas aportaciones, utilizadas principalmente para la defensa militar, contribuyeron al endeudamiento del gobierno virreinal, generaron escasez monetaria, inflación y hambre en las clases indígenas, así como mayor carga impositiva para las clases altas.

Estas fueron las condiciones que propiciaron el desarrollo de la economía artesanal y empresa familiar, acompañadas de la proliferación de talleres domésticos ilegales y sin registros; esto le permitió a la población ahorrar gastos y costos de producción e instalación, utilizar mano de obra no asalariada y no pagar impuestos. Así fue como los trabajadores urbanos adquirieron prácticas de resistencia como respuesta hacia la agresiva política fiscal, negociando condiciones laborales con el gobierno virreinal, mismo que asombrosamente adoptó una actitud más bien tolerante hacia el comercio informal.

Ya como nación independiente, las diferentes contribuciones que se han creado, se han enfocado más a la obtención de recursos gubernamentales, imponiendo multas y sanciones a quienes no cumplen con sus obligaciones fiscales.

¿CÓMO CREAR UNA CONCIENCIA FISCAL?

Ahora sugiero al lector detenerse aquí, darse un espacio para sentir su interior, apelar a su propia conciencia y preguntarse personalmente: ¿Qué me pasa cuando me tratan con injusticia? ¿Cómo es para mí responder con falsedad al cumplimiento de una disposición legal? ¿Ante qué y quién soy responsable como miembro de una sociedad?

Por otro lado, ¿cómo es para mí tener conferidos poder y autoridad? ¿Son mis actos de gobierno justos para mí y para los demás? ¿Ante qué y quién soy responsable como miembro líder de una sociedad?

Y finalmente, ¿cómo me siento interiormente con estos cuestionamientos? ¿De qué me doy cuenta? ¿Hay algo valioso que he descubierto?

Solo cuando una comunidad reconoce genuinamente los propios valores es que se puede acceder a la conciencia moral y mirar lo esencial de las cosas”.

La conciencia moral del ser humano es esa voz que guía hacia la propia jerarquía de valores para discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto e incorrecto, entre lo justo y lo injusto. Esa voz se escucha únicamente cuando la persona atiende a su intuición y es auténtica consigo misma.

Los impuestos son en esencia un modo de convertir a una comunidad en personas socialmente responsables que colaboren y contribuyan para el bienestar común. Solamente cuando se reconocen genuinamente los propios valores, es que se puede acceder a la conciencia moral y mirar lo esencial de las cosas; y bajo esta mirada, el valor esencial de los impuestos es ese poder de contribuir al gasto que genera bienes y servicios que procuran bienestar, y entonces tienen sentido para la vida. Así es como el cumplimiento obligatorio de una disposición legal deja de ser una carga y se convierte en un acto de responsabilidad y plena voluntad personal.

CONCLUSIONES

La recaudación de impuestos posee una gran fuerza que no solamente es útil para fines fiscales (solventar el gasto público), sino que también puede utilizarse para estimular actividades benéficas o impedir aquellas nocivas. Sin embargo, considero que la ideología del sistema tributario en nuestro país ha versado preponderantemente hacia la exclusividad fiscal. Claramente, en tiempos del virreinato, la estructura tributaria estuvo orientada a revitalizar la economía española y a aumentar la recaudación fiscal de la sociedad; así como ahora busca principalmente sanear la gestión gubernamental. Una actitud de cambio puede ser darle espacio al pensamiento político para que lleve a la administración tributaria hacia el logro de una distribución equitativa de la riqueza, que siembre en la sociedad mexicana la experiencia de justicia y las ganas de contribuir.

C.P.C. y Psic. Norma Hernández Viveros
Vicepresidenta de la Comisión de Ética y Responsabilidad
Profesional del Colegio y Socia de Leben & Beruf México, S.C.
nehv@leben-beruf.mx

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