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Estrategias de control: Minimicemos al máximo el fraude

Estrategias de control: Minimicemos al máximo el fraude
enero 01
07:00 2017

Es indispensable invertir en la implementación y desarrollo de estrategias de control y planes de prevención para generar un ambiente ético en las organizaciones, evitar las grandes pérdidas económicas y daños a la reputación de la profesión.

El nuevo perfil del contador público debe comprender numerosas competencias en un mundo globalizado y versátil, que implica desafiarse con otros colaboradores de distintas profesiones, por lo cual es vital demostrar la proyección que tiene la Contaduría dentro de una entidad, en el ámbito de los negocios y en la vida profesional, considerando indispensable cuidar su prestigio en la forma de actuar con apego a principios y valores éticos para generar y conservar credibilidad, profesionalismo, calidad en las actividades y confianza ante los demás.

La ética deber ser parte esencial del contador ante todas sus responsabilidades en las respectivas áreas de servicios, sobre todo por el conjunto de temas tan críticos en los que está involucrado y los problemas que podría implicar no tener altos principios morales. Actos como engaños corporativos, malversaciones de activos, refugios ilegales de impuestos y manipulación de información financiera, entre muchos otros, afectan la integridad de la Contaduría.

Como se puede observar, la mayoría de los problemas relacionados con la ética están enfocados al fraude, que el Diccionario de la Lengua Española lo define como “la acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”, y viene del latín fraudis, que quiere decir, “engaño o daño derivado de un engaño”, en la lengua jurídica.

Por lo tanto, se vuelve indispensable invertir en la implementación y desarrollo de estrategias de control y planes de prevención con el fin de crear y generar un ambiente ético dentro de las organizaciones, minimizando el riesgo de grandes pérdidas económicas, y lo que es aún peor, de mala reputación de la profesión en general y daños en la integridad frente a los usuarios interesados.

Pero el misterio no está en saber la definición de fraude, más bien, radica en conocer las razones por la cual los individuos lo cometen y de manera recurrente. Desafortunadamente, la experiencia ante casos e incidentes relacionados con el fraude se debe principalmente al aumento de incentivos dentro de las prácticas, combinándose la presión y la racionalización del ente con la oportunidad de que ocurra.

EL TRIÁNGULO

Debido a que ha representado un gran desafío para las organizaciones, y también para la profesión, al enfrentar recurrentemente situaciones fraudulentas se debe tomar conciencia y tomar las medidas necesarias para mitigar el riesgo, incluso hasta para prevenirlo o detectarlo a tiempo.

Por esto, es importante conocer y enfatizar las razones por las cuales una persona se motiva a cometer dichos actos a través de una de las teorías que más auge han tenido respecto al tema. Donald R. Cressey, criminólogo estadounidense, ha desarrollado uno de los modelos más aceptados y certeros en explicar las causas de por qué las personas realizan un fraude. De acuerdo con su hipótesis ilustrado en el “triángulo del fraude”, existen tres factores que deben estar presentes al mismo tiempo para que una persona ordinaria lo cometa: la presión, la oportunidad y la racionalización.

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De acuerdo al triángulo, el primer factor que motiva a que se cometa un fraude es la presión, esto debido a que el individuo tiene algún problema financiero, sea personal o profesional, y es incapaz de resolverlo a través del camino legítimo, por lo cual el individuo empieza a considerar la comisión de actos ilegales. Por mencionar algunos ejemplos de presiones que comúnmente suceden están la falta de productividad, el logro de objetivos financieros, el abuso al alcohol o drogas o la insatisfacción económica.

El segundo factor es la oportunidad, que define el método de cómo el fraude puede ser cometido. El individuo contempla la forma de cómo resolver el problema de forma ilícita y en secreto con un riesgo bajo de ser atrapado. Algunas fuentes por las cuales surge la oportunidad son por ineficacia de controles internos, falta de supervisión, escasas políticas contra el fraude o una débil cultura ética.

La racionalización es el último factor del triángulo, que se refiere a la justificación y aceptación del fraude por el individuo, puesto que no desea verse como un criminal, sino como una persona honesta y ordinaria envuelta en una serie de circunstancias que justifica la acción a realizar. Varios pensamientos que se manifiestan son “yo solo estoy pidiendo prestado dinero”, “es lo que me pertenece”, “yo tuve que robar para proporcionar a mi familia”, entre muchas otras.

En resumen, tomando en cuenta estos aspectos, en cada una de las partes del triángulo, los indicadores preponderantes que promueven y se encuentran en la realización de un fraude son:

  • El acceso privilegiado, el exceso de confiabilidad, el conocimiento del lugar de trabajo, la ausencia o las debilidades en el control interno y en las medidas de seguridad.
  • La situación económica y las necesidades personales.
  • Los motivos ideológicos y el sentimiento de injusticia.

Tomando en cuenta los tres factores del triángulo, la implementación de normatividad ética semejante al Código de Ética Profesional se convierte en una herramienta considerable para evitar muchos de los indicadores relacionados al fraude, dado que establece los principios básicos que tienen que cumplir los miembros de una profesión para tener una conducta moral apropiada frente a cualquier circunstancia con su entorno y la orientación de cómo comportarnos para lograr un desempeño ético en concordancia con la filosofía del gremio de la Contaduría.

La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo”. Friedrich Nietzsche.

No obstante, haber leído el Código de Ética no garantiza la aplicación de las normas éticas en la práctica diaria, considerando que la conciencia moral de cada individuo influye de manera directa en su forma de actuar y pensar, derivándose de su propia experiencia, tanto personal como profesional, así como el desarrollo de su personalidad. De modo que también influye de manera particular en algunos indicadores relacionados con el fraude, y que puede prevenirse con otros mecanismos de control y programas antifraude.

La realidad es que el fraude es un riesgo permanente del que ninguna organización está exenta de su impacto, y aún más, en este mundo globalizado y tecnológico que lo hace más complejo, debido a que surgen nuevos esquemas de actuación fraudulenta no contemplados que requerirán diferentes estrategias para detectarlos y afrontarlos.

Por esta razón, enfocarse en la cultura organizacional, en los controles internos, en los programas antifraudes y en un monitoreo permanente es fundamental para crear una clima ético sólido, con el fin de reducir los factores que motivan a cometerlo; la presión, la oportunidad y la racionalización, y así minimizar al máximo su ocurrencia.

La imagen del contador debe estar compuesta por su virtud intelectual, su conciencia moral y su aptitud profesional dentro de todos sus deberes peculiares, pues en el ejercicio independiente o en los sectores privado o público, de modo que se tiene que hacer mucho énfasis, tanto en la inteligencia como en la voluntad para garantizar la vanguardia de la profesión.

Lic. José Arturo Vera García
Integrante de la Comisión de Ética y Responsabilidad Profesional
arturovera_180192@outlook.com

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