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Estados Unidos de América. 100 días de la administración Trump

Estados Unidos de América. 100 días de la administración Trump
junio 01
07:18 2017

Los pesos y contrapesos en el sistema político estadounidense han servido para marcar límites institucionales al gobierno de Donald Trump. Habrá que ver si es suficiente para un presidente que constantemente busca aplausos y aprobación.

I thought would be easier”

Donald Trump

En fechas ya muy próximas al cumplimiento de sus primeros cien días al frente del gobierno, Donald Trump empezó a manifestar que los logros obtenidos en esa etapa inicial eran una vara injusta para calificar el desempeño de un gobierno. En parte, tiene razón, pues no es lo mismo iniciar un gobierno remado contra la corriente, como le ocurrió a Barack Obama, quien heredó de la administración Bush una severa crisis económica, que iniciar el gobierno en una situación no exenta de problemas, pero con un buen desempeño económico y una de las más bajas tasas de desocupación. Pero más allá de las quejas del presidente Trump, es innegable que él tomó la iniciativa de suscribir, en plena campaña, un “Contrato con los votantes”, mediante el cual se comprometía a cumplir con 28 acciones clave su programa de gobierno.

El problema es que los logros obtenidos en relación con cada una de dichas acciones de gobierno son mínimos. Para empezar, debe señalarse que, a diferencia de otros mandatarios, Donald Trump no ha vivido una luna de miel con la ciudadanía. Sus niveles de aprobación por debajo de 50%, son los más bajos obtenidos por un nuevo mandatario desde que en los años 70 se hizo sistemática esta medición. Para una personalidad narcisista que desea el aplauso como mecanismo de autoafirmación, la baja popularidad es un golpe demoledor. De ahí sus primeros pleitos con la prensa cuando los principales diarios presentaron fotografías que evidenciaban las enormes diferencias entre el número de asistentes a la toma de posesión de Obama y el de los asistentes a la asunción de Trump.

Ahora bien, lo anterior no equivale a afirmar que el gobierno de Donald Trump no ha hecho nada ni ha impulsado cambios. Las medidas en contra de los inmigrantes indocumentados sí se han endurecido y si bien es cierto que no hay una diferencia cuantitativa importante en el número de deportaciones realizadas bajo el mandato de Trump en relación con las correspondientes al mandato de Obama, sí resulta claro que, desde un punto de vista cualitativo, hay un cambio significativo en el aumento de las deportaciones de inmigrantes sin antecedentes criminales.

La agenda Trump en materia ambiental avanza en la medida que la política de Obama de promoción de energías alternativas y combate al cambio climático está en franco proceso de desmantelamiento, al mismo tiempo que la desregulación del sistema financiero, aplaudida por Wall Street, apunta a la recreación de las condiciones que incubaron la crisis económico-financiera de 2008.

Al parecer, Donald Trump no se siente cómodo en la Casa Blanca. Como lo expresó a la agencia Reuters, pensó que ser presidente sería más fácil de lo que es. Se trata de una afirmación políticamente ingenua que, sin embargo, revela lo poco preparado que estaba la estrella de los reality shows para asumir el cargo. No es extraño, por tanto, que frente a los dilemas de la política real no tenga una opinión definida y que su postura cambie continuamente. A este respecto, son elocuentes sus virajes abruptos en temas como la obsolescencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el señalamiento de China como manipuladora de divisas o, más cerca de nosotros, sus indefiniciones en relación con el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Lejos del papel como factor de certidumbre que debe asumir una potencia hegemónica, Donald Trump sigue y seguirá siendo una fuente de incertidumbre. Carente de una visión clara y fundada de los problemas internos y externos que debe enfrentar, sus actos, dichos y decisiones son impredecibles y varían en función de las circunstancias e, incluso, de sus emociones.

Con todo, en medio del mar de confusión que es el gobierno de Donald Trump, vale la pena subrayar un hecho de primera importancia. Pese a que cuenta con una mayoría cómoda en el Congreso, que gran parte de los gobernadores son republicanos y que, con el reciente nombramiento de Neil Gorsuch, predominan los puntos de vista conservadores en la Corte Suprema, el presidente Trump ha enfrentado importantes obstáculos institucionales. La buena noticia es que el sistema de pesos y contrapesos sigue funcionando. La prueba de fuego de una democracia consiste en que sus instituciones sean lo suficientemente sólidas como para resistir los embates de un líder populista no acostumbrado a someterse a reglas.

La invalidación de las órdenes ejecutivas relativas al ingreso de ciudadanos de seis países con mayoría musulmana y, más recientemente, a la concerniente a la amenaza de retirar fondos federales a las llamadas ciudades santuario da cuenta de cómo la autonomía del Poder Judicial puede poner un freno a una presidencia en el caso de que sus actos sean considerados inconstitucionales. Igualmente ilustrativo resulta el fracaso del presidente Trump en sus intentos por desmantelar y sustituir la Ley del Cuidado Asequible (Affordable Care Act), mejor conocida como Obamacare. A pesar de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, la propuesta del presidente Trump no logró convencer al ala más radical de su partido (el Tea Party) de apoyar un programa de servicios de salud que siguieron considerando demasiado socializante. Tampoco logró convencer a los republicanos más moderados y pragmáticos, preocupados por el efecto electoral que pudiese tener una propuesta que reduciría el número de personas con seguro de salud.

Igualmente ilustrativo resulta el fracaso del presidente Trump en sus intentos por desmantelar y sustituir la Ley del Cuidado Asequible (Affordable Care Act), mejor conocida como Obamacare. A pesar de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, la propuesta del presidente Trump no logró convencer al ala más radical de su partido (el Tea Party) de apoyar un programa de servicios de salud que siguieron considerando demasiado socializante. Tampoco logró convencer a los republicanos más moderados y pragmáticos, preocupados por el efecto electoral que pudiese tener una propuesta que reduciría el número de personas con seguro de salud.

Donald Trump sigue y seguirá siendo una fuente de incertidumbre. Carente de una visión clara y fundada de los problemas internos y externos que enfrentar”.

Este último punto es particularmente importante, pues no se trata solo del sistema de pesos y contrapesos, sino de los límites que impone la propia realidad política. De hecho, se puede sostener que el futuro del TLCAN depende del cálculo pragmático del efecto electoral de la cancelación del tratado, toda vez que implicaría la afectación de la actividad económica de un nutrido grupo de condados y estados para los que el libre comercio con México es vital.

Ante los evidentes traspiés del gobierno de Donald Trump, se impone una última reflexión.

Lic. Pedro Javier González G.

Director de Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

 

 

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