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Estado de Derecho

Estado de Derecho
febrero 01
2016

En la versión 2014 de la reunión anual de Davos, Suiza, que tiene como propósito analizar tendencias globales y oportunidades de inversión, un ex presidente de México declaró que las reformas estructurales aprobadas o en proceso de serlo por el legislativo mexicano eran trascendentes, pero que había tres cosas, de urgente atención, ausentes en el país: “Estado de derecho,  Estado de derecho y Estado de derecho”.

Esta declaración logró, con rapidez inusitada, el consenso de los representantes de los tres sectores (público, privado y social) de la nación. En el sector público se enfatizó el incumplimiento de la ley por parte de los evasores fiscales del sector privado así como la proclividad a sobornar por parte del ciudadano de a pie; el sector privado resaltó el incumplimiento de los gobernantes al introducir prácticas discrecionales violatorias del derecho más elemental y el sector social se manifestó en contra de las violaciones a los derechos humanos por parte de los gobernantes y denunció los abusos de los privados, violando la ley, para enriquecerse en detrimento de la sociedad. Nadie se salvó porque, de alguna manera, todos tenemos algo que corregir para que en el Estado mexicano señoree un ambiente de respeto a la ley.

Existe la muy extendida especie de que heredamos de la colonia española el “unto” (mordida) como solución cotidiana al incumplimiento de disposiciones legales, asimismo, señala la leyenda, en nuestros genes habita el proverbial desprecio por la ley (el segundo problema más importante del país, solo después de la desigualdad) que proviene del “acátese, pero no se cumpla” con el que se promulgaban las leyes de indias de inconveniente aplicación.

Leyendas, prejuicios y sectarismos aparte, lo que sí es claro es que debemos aplicarnos, como sociedad de ciudadanos responsables, en practicar, cotidiana y conscientemente, el respeto a la ley y la exigencia de su cumplimiento, aun en los casos de leyes que no nos agraden, las que pueden cambiarse por la vía, precisamente legal, pero que, en tanto leyes, deben ser obedecidas.

Para que la ley se cumpla, el Estado, nacido como la estructura organizada para vivir civilizadamente, es el monopolizador legítimo de la violencia. El Estado aglutina el poder y es la autoridad. Para garantizar la estabilidad de sus mecanismos el poder dispone de una estructura estable: leyes y organizaciones para limitar las modalidades de resistencia de los ciudadanos. Sin embargo, para garantizar cabal cumplimiento. los medios de acción deben ser una mezcla de obligación y de persuasión.

Si el poder no está resuelto a forzar la obediencia, desaparece. Aquí surge la obligación: el Estado instala una red que comprende esencialmente un ejército, una policía, una burocracia, leyes y sanciones diversas. Este aparato estará orientado hacia la acción coercitiva,

En cuanto a la persuasión, a la obligación se le agregan formas sutiles, simbólicas, con disposiciones y preceptos  interiorizados, destinados a organizar el comportamiento de los individuos por medio del condicionamiento y la representación duradera de la autoridad y de las sanciones para que se cumpla por responsabilidad más que por deber.

EPÍLOGO

Rousseau decía que: “El más fuerte nunca es lo suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber”. Un Estado de Derecho con ciudadanos responsables, participativos y solidarios es una buena meta, de seguro no es una meta perfecta pero invita a acercarse permanentemente a la perfección, a sabiendas de no ser alcanzable; es un Estado de Derecho en mejora continua. La verdadera obediencia es, a la vez, lucidez ciudadana sobre lo que se está haciendo y por qué se está haciendo.

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles
Expresidente del IMCP
mireyagarza14@yahoo.com.mx

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