Creo que todos, o casi todos, identificamos este acrónimo con el postulado COSO 2004: Enterprise Risk Management, que también le dio la vuelta al mundo, y que seguimos promoviendo como la mejor práctica para identificar y eliminar o disminuir, mediante su debida y efectiva aplicación, los riesgos y desafíos a los que se enfrentan las empresas y las organizaciones, incluidos desde luego los gobiernos, en el complicado y demandante entorno global. Pero en este artículo, y en nuestro bello idioma español, voy a proponerles un significado adicional.

Desde la aparición del informe COSO en 1992, hemos aceptado la definición de control interno como un proceso necesario –¿insustituible?– para cumplir los objetivos que justifican la existencia de las organizaciones. Y también reconocemos que los “riesgos” son todos aquellos hechos, eventos e imponderables que impiden realizar los fines para las que fueron creadas, los cuales se identifican, tratándose de las gubernamentales, con el mandato de la ciudadanía.

Exhorto a mis amigos colegas auditores y contralores a participar en esta urgente tarea promotora de la integridad en la administración pública”.

¿Cuáles son los riesgos no controlados que están impidiendo que el gobierno mexicano satisfaga los requerimientos de bienestar y justicia de la mayoría de la población? La opinión pública está de acuerdo con señalar que se trata principalmente de la corrupción y de la impunidad que la incrementa, y acaso derivado de ellos –agrego yo– la deficiente administración de nuestros gobiernos federal y locales caracterizados por una casi nula cultura en materia de control interno y por una indiferencia total hacia su aplicación.

Ahora bien, si la gestión para disminuir imperiosa y significativamente los riesgos requiere y forma parte del proceso de control, el que a su vez constituye el instrumento eficaz para cumplir los fines y mandatos de la sociedad, podemos deducir que este ofrece los elementos necesarios

para responder satisfactoriamente a dichos reclamos de progreso y de paz sociales. He aquí el segundo significado de ERM: Elementos para Responder al Mandato. Y nótese que ambos significados se complementan, pues la respuesta debida a los múltiples mandantes –ciudadanos, clientes y partes relacionadas– presupone la más adecuada atención a los riesgos que la podrían obstruir.

El Manual Administrativo de Aplicación General en materia de Control Interno, emitido por la Secretaría de la Función Pública (SFP), en julio de 2010, está siendo actualizado por dicha dependencia a sugerencia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), y al respecto le estoy proponiendo agregar como subtítulo de las Normas Generales de Control Interno en dicho Manual de los ERM. Confío en que este complemento contribuya a suavizar la connotación poco favorable del vocablo control, que lo ha venido asociando más a una acción represiva que al tono positivo de las buenas prácticas administrativas. También espero que este nuevo giro terminológico inspire a los servidores públicos honestos y competentes, que son muchos, a estudiar a fondo el sistema de control interno en la administración pública para aplicarlo en todas sus partes en beneficio del público con el que se comprometieron desde su noble vocación de servicio, voluntariamente aceptada.

No podría menos que exhortar a mis colegas auditores y contralores a participar en esta urgente tarea promotora de la integridad en la administración pública, tendiente a revertir los nefastos efectos de la corrupción que nos ahoga, agregando énfasis especial en su evaluación de la parte del control interno integrado, relativa a la preservación de los valores superiores de la ética, prescritos en el componente del ambiente de control.

Dr. Jorge Barajas Palomo
Expresidente del IMCP y Secretario Técnico del SUG
sarajab@prodigy.net.mx

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