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Ética y Valores

Equidad en el éxito de las organizaciones

Equidad en el éxito de las organizaciones
febrero 01
2020

En ocasiones, al escuchar el término, se entra a un plano donde es difícil y cansado opinar, debido a todas las variables que en tiempos actuales implica.

Con el pasar del tiempo, se ha confundido el objetivo de esta propuesta, ya que en algunas ocasiones se ha interpretado como la suplantación de un varón por una mujer en el trabajo, en otras se han manejado términos de inclusión que dividen a la sociedad e incluso se ha creado una brecha en la que los usos y costumbres están mal vistos, al llamar inclusión a algo que más bien podría parecer exclusión.

La equidad de género implica una lucha constante por resaltar la capacidad del sexo femenino para hacer todo tipo de actividades y que, a su vez, subyuga a las figuras y estructuras históricas porque son insuficientes, irresponsables o incluso corruptibles.

No es que un género sea superior o que antes las cosas estuvieran correctas. Un cambio es necesario, pero no se va a dar de la noche a la mañana, aunque sí puede partir de una base sólida que toma como primera instancia la existencia de una compensación biológica omitida en muchas ocasiones, como es que las mujeres tienen un coeficiente intelectual (CI) más alto que algunos hombres, mientras que éstos cuentan con una fortaleza física más grande que algunas mujeres.

La compensación mencionada no está en la comparación, sino en el “algunos”, ya que no todas las mujeres tienen un CI tan sobresaliente ni todos los hombres son tan fuertes. Desde este punto surge el concepto idóneo de la igualdad de oportunidades, ya que hay hombres más inteligentes y mujeres con una fuerza extraordinaria que pueden contribuir al desarrollo de cualquier actividad en pro del objetivo que se planteen.

Ahora puede surgir la duda: ¿por qué igualdad y no equidad? Esto se explica desde su definición en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE), donde equidad es el “principio de justicia material que debe ponderarse en la aplicación de las normas”, mientras que igualdad es la “prohibición de la discriminación, que impide dar un trato diferenciado a quienes se encuentran en una situación de igualdad”. El primer concepto se encuentra plasmado en el artículo 4. ° constitucional y el segundo es el punto medular a trabajar para que el primero se res-pete y aplique.

Las campañas de concientización deben ser objetivas para que el escenario se adapte. Ahora se dice que los movimientos feministas son grupos vulnerables, pero no siempre lo serán, pues es el inicio de un proceso de transición. Todos los participantes deben tener claro que no se busca dividir las opiniones, sino consolidarlas, de forma que el trabajo, la percepción y la obtención de todo lo que se busque conseguir parte de los siguientes valores:

  • Respeto. Para establecer el principio de la igualdad.
  • Responsabilidad. No sólo hay que llegar a la meta, sino responder a las expectativas que justifiquen todo el movimiento.
  • Solidaridad. Hay que estar unidos ante cualquier falta y que toda aportación sea bien recibida.

Desde el punto de vista económico, según el estudio “El poder de la paridad: Cómo avanzar en la igualdad de las mujeres puede agregar doce billones de dólares al crecimiento global”, esta cantidad podría sumarse al Producto Interno Bruto (PIB) mundial para 2025.

Si se toma en cuenta que en esta brecha son importantes las jornadas, los cargos, la participación y los salarios en un equilibrio idóneo, de acuerdo con comentarios de Víctor Chávez en su columna titulada “Equidad de género en las empresas”, disponible en la página web elpulsolaboral.com.mx, “lograr la equidad de género en una empresa no es tener 50% de la nómina compuesta por mujeres y otro 50% por hombres a manera de cubrir un requisito, sino que es una cuestión mucho más compleja, ya que no se debe perder de vista colocar a la persona indicada en la posición indicada. El tema de equidad va más allá. Se trata de una manera de concebir el papel de la mujer en el ámbito laboral, darle su justa importancia y proporcionarle el respeto necesario a su trabajo, profesión, opinión y derechos”. Se debe resaltar esta última frase, pues es el motor para generar tanto los cambios generacionales como sociales que se necesitan. Es una tarea difícil, pero es preferible dar pasos cortos y firmes, que grandes y aventurados.

Patricia Rodríguez López, académica del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), menciona que las mujeres en el país suelen vivir una eterna desigualdad por factores como desempeñar una doble jornada. Adicional a su empleo, se encargan del trabajo doméstico y esto no se toma en cuenta por no generar ganancias económicas (Expansión, “México, lejos de la equidad de género”, marzo 2013).

Según datos del segundo trimestre de 2019 proporcionados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), con apoyo del Sistema de Indicadores de Género (SIG), implementado por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), se mantiene un incremento en la participación de la población femenina, pues en actividades económicas participan 78 de cada 100 hombres y 44 de cada 100 mujeres, pero la cifra aún está por debajo.

El dato alentador se refleja en las remuneraciones, pues el ingreso promedio por hora trabajada fue de $37.70 para los hombres y $38 para las mujeres, mientras que el promedio de horas de trabajo remunerado a la semana por parte de los hombres fue de 45.8 y por parte de las mujeres 37.9 horas.

Conclusiones

La igualdad de oportunidades está en proceso y es fundamental para el desarrollo óptimo de las empresas. Al considerar la integración como una etapa del proceso administrativo, la conjunción de equipos de trabajo más competentes y competitivos sanearía, desde una estructura con economía activa, a la principal fuente de la desigualdad. Además, el planteamiento no partiría de cantidades, sino de cualidades, lo que generaría una reacción con impacto en la sociedad. Al suceder esto, no sólo las niñas, sino todos los infantes sentirían la comodidad de seguir el camino que mejor les parezca, porque podrán hacerlo al máximo y sin el problema de que alguno tenga ventaja.

Julio César Campos Flores
De la comisión de Ética y Responsabilidad
Profesional del Colegio
jccamposf.09@gmail.com

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