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Ética y Valores

En busca de los valores perdidos

En busca de los valores perdidos
octubre 01
2020

El 2020 despertó al mundo con un enemigo no humano. comenzó una nueva época con un ente hostil invisible, que busca desmoronar al planeta, ganando territorio ante la falta de empatía entre los hombres.

Se dejó atrás una era. El hombre evoluciona, la vida se transforma y los virus también. El SARS-CoV-2, denominado así por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se convirtió en pandemia. Como lo dijo Heráclito de Éfeso: “Todo fluye, todo cambia; nada es permanente a excepción del cambio”. Sin embargo, el coronavirus en realidad no vino a modificar nada, sólo que, lo que se consideraba como habitual, se tuvo que ver de otra manera.

De forma intempestiva, la normalidad se caracterizó por el confinamiento, por recuperar hábitos de sanidad que ahora son comunes. La humanidad recordó las bases de la existencia, reconoció el núcleo del ser: aquello que lo mueve y que ha abandonado ante el ajetreo diario. Esto confirma que el hombre cambia sus paradigmas porque debe adaptarse a las condiciones de existencia.

Históricamente, las epidemias y los virus lo han sorprendido porque nunca se prepara para lo inesperado. Cuando llegan, el mundo se paraliza ante la sorpresa y la angustia. Hay deseos de que el miedo pase, aun sabiendo que habrá datos terriblemente dolorosos por millones de muertos, huérfanos, robos, gente sin empleo, empresas y negocios cerrados, familias desconsoladas, proyectos de vida truncados e incluso una economía endeble, como la que ahora se avecina. Pero se quiere tener una visión totalmente distinta del mundo, con más humanismo, solidaridad, agradecimiento y conciencia, porque aplanar la curva no erradica el virus.

El SARS-CoV-2 no pasará. Persistirá por mucho tiempo y evolucionará como otros virus que se han podido combatir gracias a los avances médicos. Por lo tanto, es importante que los gobiernos de los países en todo el mundo inviertan en investigación y conocimiento, para buscar anticuerpos que mitiguen las infecciones o desarrollos que generen inmunidad. “Quédate en casa” fue un llamado que circuló en todas las redes sociales. Los webinars y las videoconferencias, así como las reuniones virtuales, han sido no sólo los principales voceros en esta pandemia, sino la primera y más importante vía para mantener la interacción social; incluso, en un porcentaje elevado, han evitado que se pierdan algunos trabajos.

El home office, workshifting o coworking son una forma de replantear los negocios, para buscar o encontrar clientes remotos que necesitan satisfacer algún tipo de servicios en este tiempo de aislamiento. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), tocaron las puertas de esta sociedad globalizada para abrir nuevos horizontes. Aunque en el pasado éstas no lograron ganar la confianza de la gente, ahora son parte de la vida.

El virus movió a la humanidad a una nueva adaptación. Jean Piaget decía que “una de las características más importantes de los seres vivos es que son sistemas autorregulados, es decir, capaces de mantener sus estructuras, recuperándolas y restaurándolas cuando se alteran o dañan. De esta forma, su objetivo es alcanzar un estado de equilibrio, que se logra a través de procesos de adaptación”.

Encontrar los valores

En la actualidad, las personas han tenido que reforzar el compañerismo para aprender o enseñar a usar herramientas desconocidas, lo cual refuerza la teoría de que “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio” (Charles Darwin).

Esta adaptación no sólo ha servido para evadir a un depredador, también ha permitido acceder a nuevos recursos o formas de interacción. Ahora son parte de los procesos de inclusión social, laboral, de salud, comercial o de negocios. Incluso los amantes de lo ajeno han buscado esquemas para continuar vulnerando los bienes de sus congéneres.

Decía Albert Einstein: “En los momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”. COVID-19 conf inó a todos los países, cerró fronteras, dejó vacías las calles. La presencia del humano en la naturaleza fue nula, lo cual disminuyó la contaminación ambiental. Los bosques y las playas lucieron su total magnificencia.

Las personas pudieron apreciar la suntuosidad de la fauna, pues ésta pudo transitar libremente por los espacios que se le han robado. El planeta está enviando un mensaje que debería atenderse antes de que llegue otra situación sin precedente, otra vez, sin que pueda detenerse. El filósofo Heráclito de Éfeso fue acertado al decir que “la salud humana es un reflejo de la salud de la Tierra”.

Y de pronto despertamos un día y todo cambió; en Disney se apagó la magia, la muralla China no es tan fuerte, Nueva York sí duerme y ningún camino quiere conducir a Roma, los abrazos y los besos se transformaron en armas peligrosas y la escasez de productos nos demuestra una vez más lo egoístas que somos.»

Richard Hendrick

La reclusión no ha sido sencilla, menos para las personas más vulnerables en cuestiones de salud, trabajo, seguridad persona, vivienda, educación, etcétera.

Las familias han tenido que reorganizar sus vidas en todos los sentidos. Ponerse en los zapatos de otro es uno de los retos más grandes que este agente infeccioso trajo en el cambio de era. Conocer y convivir con la familia, con sus necesidades materiales y espirituales, sin duda es el mayor desafío. Saber cómo interactuar con ellos o con los vecinos es un tema de conciencia y empatía, puesto que “a todo hombre le es concedido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente” (Heráclito de Éfeso).

En este sentido, esos dos valores ahora son los más importantes en el individuo. Intentar ser empáticos y conscientes con el distanciamiento social en esta crisis sanitaria, es vital.

Los virus son entes individuales que al entrar en un huésped se multiplican. Así también debería ser la capacidad del hombre para aplanar la curva de cualquier infección: trabajo en equipo. Los que están en la trinchera del aislamiento, quienes trabajan como recolectores de basura, en servicio de transporte público, servicios básicos (alimentos), seguridad pública, servidores públicos y privados que se encuentran en aeropuertos, aduanas, etcétera, pueden fortalecer de forma conjunta al sector salud, pues son quienes están en la primera línea de batalla.

Ellos, con sus estrategias, herramientas y precarias condiciones, pretenden superar esta situación tan difícil. No lo lograrán solos. Por eso merecen admiración, respeto, no maltrato y sí atención. La época de COVID-19 es un reto para unir fuerzas; invita a reflexionar sobre hacer lo correcto. Exige tener y elevar los estándares de disciplina en la limpieza individual y colectiva para no tener este huésped urbano conviviendo en la sociedad o en el hogar.

La información sesgada y tergiversada se vuelve viral, lo cual genera acciones negligentes, egoístas e irracionales, como acaparar artículos de primera necesidad, provocando su desabasto y encarecimiento. Los estragos de esta pandemia se prolongarán, incluso cuando el confinamiento cese. Por ello, será de vital importancia que todos mantengan la cautela de forma racional y controlada. El coronavirus no es el enemigo, la gente inconsciente, incrédula y sin empatía, sí.

Mtra. María Guadalupe Martínez Castañeda
Integrante de la comisión de Ética y Responsabilidad Profesional del Colegio
docencia_mgmc@yahoo.co.uk

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