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Elecciones presidenciales 2018. Tres candidatos, tres discursos y tres visiones

Elecciones presidenciales 2018. Tres candidatos, tres discursos y tres visiones
mayo 01
08:00 2018

Aunque ya ha pasado algún tiempo desde que los tres principales candidatos a la presidencia fueron nominados por sus respectivos partidos, vale la pena revisar el contenido y la forma de sus discursos.

Cuando José Antonio Meade Kuribreña fue registrado como precandidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ya era claro que el candidato enfrentaba un dilema de difícil solución: por un lado, debía convencer al priismo de que estaba identificado con el partido; por otro lado, de cara a la sociedad, debía mantener cierta distancia que hiciera creíble su compromiso de luchar contra el flagelo de la corrupción. Pero, a juzgar por el comportamiento exhibido durante la precampaña y por el discurso de su toma de protesta como candidato, hasta ahora los esfuerzos de Meade parecen estar dirigidos en exclusiva al priismo.

Se puede conjeturar que ello obedece al hecho de que su campaña no ha despegado y se encuentra, según la mayoría de las encuestas de intención de voto, en tercer lugar; de ahí su necesidad de apelar al apoyo decidido de las bases y de la maquinaria electoral del priismo. Mientras no se observe un aumento claro en sus posibilidades de dar la pelea, no habrá deslinde ni prudente distancia respecto a un gobierno con los niveles de desaprobación del actual.

Más aún, resulta hasta cierto punto chocante que un supuesto candidato ciudadano se haya ceñido de manera tan fiel al ritual priista. Los elogiosos saludos a personajes impresentables como Romero Deschamps y otros exponentes del más rancio corporativismo parecen indicar que Meade ha llegado a la conclusión de que el aparato partidario y gubernamental es su principal arma en estas elecciones. Tal vez por ello fue enfático al aludir el ejemplo del Estado de México, donde el PRI se alzó con la victoria revirtiendo un inicio adverso gracias a la eficaz operación de los aparatos partidario y gubernamental.

No hubo, pues, deslinde; ni siquiera cuando hizo mención a temas como la inseguridad y la corrupción. Por el contrario, reiteró su afirmación de que el país le debe mucho al PRI, constructor de instituciones y artífice de la modernización del país. De esta manera, su proyecto de futuro (hacer de México una potencia) parece depender de la continuidad: la profundización de las reformas estructurales sin alterar el statu quo político.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador inició su discurso reiterando los compromisos básicos de “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Insistió también en que en su gobierno se eliminarán la corrupción, la impunidad y los privilegios.

Con el propósito de reforzar la idea prevaleciente en determinados sectores sociales respecto a la inevitabilidad de su triunfo electoral, López Obrador se limitó en su discurso (el más breve de los tres) a presentar un largo listado de lo que hará una vez que ocupe el Palacio Nacional, aunque no dio ninguna pista sobre cómo piensa lograrlo.

Lo que sí queda claro es que la idea del “cambio verdadero” está inspirada en el pasado: la reconstrucción de un país cerrado que apuesta a la autosuficiencia (sobre todo en los terrenos alimentario y energético). Para ello, una de las medidas anunciadas consiste en revivir el mecanismo de los precios de garantía y en desplegar una amplia política social de corte inequívocamente asistencialista. Al respecto, recicló su viejo dicho de que “por el bien de todos, primero los pobres”.

Entre las muchas acciones que emprenderá de ganar la presidencia destaca la de desaparecer el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). El tres veces candidato pierde de vista que, ante las amenazas propias del mundo contemporáneo, desde el terrorismo hasta el crimen organizado, la mejor arma es contar con un aparato de inteligencia profesional. Es difícil creer que la poco realista amnistía ofrecida a las bandas criminales será suficiente para pacificar al país. Mención aparte merecen las reiteradas ofertas de revertir la reforma educativa y de construir dos pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía en sustitución del Nuevo Aeropuerto Internacional de la
Ciudad de México.

En realidad, no hay una propuesta de futuro y ni siquiera una línea ideológica precisa. Hay el deseo expreso de ser recordado como un buen presidente y una amalgama de viejas ocurrencias propias del nacionalismo revolucionario. Se advierte, asimismo, un pragmatismo dirigido a captar la adhesión de los personajes más disímbolos sin importar que tan impresentables puedan ser. Lo importante es que todo lo que pueda sumar algún voto es bienvenido en la coalición Juntos haremos historia.

Ricardo Anaya Cortés, candidato de la coalición Por México al frente, conformada por Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), protagonizó la presentación más novedosa. Esta giró en torno a la idea-eje de que el proyecto que propone es el del “cambio que México realmente necesita”.

A partir de los documentos preliminares del anteriormente llamado Frente Ciudadano por México (programa de gobierno y plataforma electoral) destacó la necesidad de combatir tres tumores cancerosos que aquejan al país: la corrupción, la violencia y la desigualdad. Y, en relación con cada uno, esbozó algunas propuestas como acabar con el pacto de impunidad de la clase política, trabajar de modo paralelo en la modernización y dignificación de las policía y en la restauración de los lazos de cohesión social, lograr el crecimiento sostenido de la economía, la adopción de la Renta Básica Universal y la elevación del salario mínimo.

Más allá de estas propuestas, en lo esencial, el discurso de Anaya buscó diferenciarse de sus dos contendientes. Criticó severamente al gobierno del Presidente Peña y, con especial énfasis, al PRI y lo que representa. Su idea central es que el régimen priista está agotado y se requiere un cambio. Y es precisamente a la luz de esta necesidad de cambio de régimen que adquiere sentido la idea de un gobierno de coalición, ya que “no hay nadie que pueda gobernar solo”.

Anaya Cortés está convencido de que el PRI no tiene manera de ganar la elección y de que, por consiguiente, esta se dirimirá entre él y López Obrador. En tal virtud, dedicó más argumentos a la crítica de los planteamientos de Morena. Si bien, en principio, ambas coaliciones se dicen portadoras del cambio, el abanderado de Por México al frente insistió en establecer que hay una gran diferencia entre proponer un cambio consistente en el reciclamiento de viejas ideas y fórmulas y proponer un cambio orientado por una visión de futuro. Y fue enfático al afirmar que no se pueden aplicar las variables del presente para planear el futuro.

Si algo positivo se puede colegir de los discursos de los tres principales candidatos es que, si bien no abundaron en propuestas concretas, s í aportaron elementos de juicio que nos permiten inferir su idea de proyecto de nación.

La de José Antonio Meade es claramente una apuesta por la modernización de la economía que, sin embargo, no es vista en el marco de una necesaria reforma a fondo del régimen político. En dicho sentido, la construcción de un mejor futuro dependerá de la continuidad de la actual estrategia de desarrollo.

Por el contrario, a López Obrador no parece seducirlo el proyecto de modernización de la economía; lejos de ello, para él se trata de regresar a los viejos tiempos de la hegemonía del nacionalismo revolucionario. Su idea de cambio político parece limitarse a promover una moralización del país inspirada en el ejemplo del gran líder. Quiere cambiar el estado actual de las cosas, pero para reciclar épocas que, para él, fueron mejores.

Finalmente, Ricardo Anaya busca un cambio con visión de futuro, uno que, a diferencia de Meade, no se limita a la dimensión económica, sino que enfatiza las dimensiones social y política. El proyecto es ambicioso y, en caso de ganar la presidencia, no hay garantías de que los objetivos puedan ser alcanzados.

Estas son, en resumen, las ofertas de los tres principales candidatos a la presidencia de la República.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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