Veritas Online

Político y Social

Elecciones 2016

Elecciones 2016
junio 22
2016

Las elecciones celebradas en catorce entidades del país revisten particular interés, tanto por los resultados que arrojaron como por la manera en que se desarrolló el proceso. Ambas perspectivas de análisis ofrecen lecciones importantes que dejan ver algunos de los desafíos más significativos que enfrenta no sólo lo electoral, sino el sistema político en su conjunto.

Desde el punto de vista del proceso y, en específico, de las campañas, llama la atención que, a pesar de contar con un marco jurídico que pretende regular todos y cada uno de los pasos y los aspectos involucrados en las contiendas electorales, las violaciones a la letra y al espíritu de la ley fueron generalizadas. La naturaleza sobrerreguladora de la legislación electoral responde a la supuesta voluntad de erradicar las deficiencias observadas en el desarrollo de los comicios y, para tal efecto, los legisladores no encuentran mejor solución que imponer prohibiciones, algunas de ellas absurdas y contrarias a la más elemental racionalidad de la lucha electoral, y establecer fuertes sanciones que, por regla general, son de difícil aplicación.

A este respecto, resultan elocuentes los casos del fallido modelo de fiscalización en tiempo real o la incapacidad para evitar la derrama de cuantiosos recursos de procedencia incierta. Lo cierto es que ni siquiera la mitad de los candidatos cumplió con el mandato de la ley de informar en tiempo real de sus gastos y, desde luego, la autoridad electoral no contó con la suficiente fuerza y autonomía para aplicar las draconianas sanciones previstas por la ley. El ejemplo más elocuente al respecto fue el fallido intento de cancelar la candidatura de David Monreal al gobierno de Zacatecas que fue revertida por el Tribunal utilizando un razonamiento que podrá ser congruente con el sentido común, pero que contradice abiertamente lo que la ley estipula.

Otro caso fue el de las llamadas campañas negras. Con el fin de evitarlas, en la ley se han establecido diversas prohibiciones que si bien han coartado la libertad de expresión de la sociedad, no han sido capaces de evitar que los candidatos y partidos recurran a ellas. Este es un claro ejemplo del fracaso de los intentos de control contra natura. El contraste y la puesta en evidencia de antecedentes de corrupción, mal gobierno o propuestas potencialmente peligrosas es parte esencial y necesaria de toda campaña. El problema es que no existe una línea clara que distinga una dura campaña de contraste de la difamación; mucho menos existe la posibilidad de aplicar las disposiciones legales a este respecto. Esta sí es una asignatura pendiente cuya solución, sin embargo, no transita por más regulaciones.

Ante estos problemas, ya se habla de una nueva reforma electoral. La pregunta es para qué. Resulta claro que hacer reformas electorales es, acaso, el deporte favorito de nuestros legisladores. Pero, hasta ahora, al abultamiento de las restricciones y regulaciones no ha contribuido a resolver las deficiencias que supuestamente debía superar, habida cuenta de que apenas una nueva restricción es aprobada, los partidos ya están buscando los atajos legales para eludirla. De esta manera, la judicialización creciente de los procesos electorales se ha convertido en un factor que los deslegitima.

Ahora bien, en relación con los resultados, las lecciones son claras. Hubo sorpresas. Y aunque a juzgar por los antecedentes y las problemáticas políticas locales las sorpresas no son tan grandes, como suma global de resultados la sorpresa sí fue mayúscula. Tomadas en lo individual, las derrotas del PRI en entidades que no habían conocido la alternancia distan de ser un hecho insólito si se consideran los resultados electorales previos (por ejemplo, en Veracruz y en Durango, el PAN había quedado muy cerca del PRI), el mal tino del “dedo presidencial” al seleccionar al candidato de unidad (principalmente en Quintana Roo) y, en general, el malestar ciudadano con la mala gestión y la corrupción de los gobiernos locales. Lo que, vale la pena insistir, sí fue sorprendente el marcado global adverso de 7 a 5 cuando el PRI se había trazado la meta de, al menos, obtener 9 de las 12 gubernaturas.

En síntesis, se puede afirmar que los resultados de estos comicios fueron el producto de la interacción entre los factores locales y los factores nacionales. El bajo nivel de aprobación de la gestión presidencial, la pérdida de credibilidad de la clase política y la creciente indignación frente al fenómeno de la corrupción convergieron con las fallidas gestiones de muchos gobernadores, el incremento del endeudamiento y el estallido de escándalos de corrupción. La dinámica local y el mal humor social imperante a nivel nacional se retroalimentaron.

Y en este juego, el perdedor fue el partido en el poder. Presenciamos un voto de castigo que perjudicó principalmente al PRI, no tanto porque este partido tenga el monopolio de la corrupción (que, por desgracia, es un vicio generalizado), sino porque hay una inevitable asociación histórica entre este partido y la corrupción como fenómeno sistémico. Asimismo, porque desde la perspectiva de la percepción ciudadana no se le reconoce al presidente Peña un compromiso serio para combatir este flagelo.

Pero incapaces de reconocer que la principal causa del descalabro sufrido por el priismo fue la corrupción, amén de una errónea selección de candidatos, se busca la explicación en las propuestas de matrimonios igualitarios y de despenalización del consumo de la marihuana. Como si todavía estuviéramos en el siglo XIX, algunos prominentes líderes del partido gobernante han sacado del armario el fantasma de la influencia clerical para explicar la derrota. El problema es que esta búsqueda de explicaciones en la influencia de la iglesia o en posibles traiciones internas parece más bien una coartada autocomplaciente para no reconocer el peso de la corrupción ni, por tanto, la imperiosa necesidad de avanzar en serio en su combate. Al parecer, siguen sin entender.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

Facebook Comments

Related Articles

Búsqueda

Sígueme en Twitter

A %d blogueros les gusta esto: