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El triunfo de Emmanuel Macron: Lecciones para Europa y México

El triunfo de Emmanuel Macron: Lecciones para Europa y México
julio 01
07:15 2017

Si bien el resultado de las elecciones en Francia significó una crítica a la política tradicionalista, también dejó claro que no están de acuerdo con las ideas populistas, ultranacionalistas. Ese proceso resultó ser un ejemplo para México.

El resultado de la segunda vuelta de la elección en Francia es, sin duda, una buena noticia. En medio de un proceso caracterizado por las posturas antisistema y el avance del populismo, el triunfo de una opción socioliberal adquiere una enorme trascendencia, sobre todo porque mostró que el hartazgo ciudadano no necesariamente debe conducir a políticas rupturistas.

Conviene no perder de vista que la elección francesa no dio marcha atrás al progresivo descrédito de la política convencional. De hecho, ninguno de los dos finalistas provino de los dos partidos tradicionales de la V República. Mientras el candidato republicano ocupó la tercera posición, el abanderado del gobernante Partido Socialista ocupó el quinto puesto. Hay un severo cuestionamiento a la clase política.

Pero el hecho decisivo fue que, entre dos posiciones ubicadas más allá del sistema convencional de partidos, se haya impuesto la que apuesta a la sensatez y no pretende dinamitar el sistema político.

La victoria de Emmanuel Macron representó un revés a aquellos movimientos que, si bien apelan a las urnas para acceder al poder, no comulgan con los valores de la democracia. Ni el respeto a las diferencias ni la política entendida como debate e intercambio libre de ideas con miras a la construcción de acuerdos están en el radar cultural de estos movimientos. En tal virtud, la derrota del Frente Nacional significó, en su dimensión política y social, un rechazo al ultranacionalismo, al populismo y al prejuicio. Fue también una clara toma de posición de la sociedad francesa en contra del proteccionismo y los intentos por regresar a los supuestos buenos tiempos anteriores a la globalización.

No menos importante, y ante el golpe mortal que hubiese significado el triunfo de Marine Le Pen y la eventual salida de Francia de la Unión Europea, el resultado reconoce las bondades del proceso de integración europea, el cual, pese a errores y desgastes, todavía es una opción válida no solo porque abrió las puertas del desarrollo a las naciones más rezagadas de Europa, sino porque, desde que inició la integración hace seis décadas, el viejo continente no ha vuelto a ser desgarrado por una confrontación bélica entre sus miembros. Desarrollo y paz son las herencias a salvaguardar.

Con todo, no se puede perder de vista que el triunfo de Macron no significa una victoria definitiva frente a los extremismos. En todo caso, representa un respiro que brinda la oportunidad de llevar a cabo las reformas y los programas necesarios para que, por un lado, las instituciones europeas (tanto a nivel nacional como a nivel comunitario) renueven su carácter representativo y, por otro lado, promuevan la construcción de una economía más incluyente.

La relevancia de este último punto se evidencia al considerar que, pese a sus reveses electorales en Austria, Holanda y Francia, la ultraderecha ha venido incrementando sus porcentajes de votación. La lección es clara. Los sectores mayoritarios de la población rechazan el extremismo, pero tampoco están conformes con el statu quo. De ahí la relevancia de apostar en favor de la Unión Europea y de los valores democrático-liberales, pero de una unión y de una democracia más próximas a la ciudadanía.

Más allá del significado de los resultados para Francia y Europa, en México, la elección gala ha sido objeto de la atención de analistas, académicos y miembros de la clase política.

De repente, se descubrieron las virtudes de la segunda vuelta y de las candidaturas independientes. Aunque ambos temas (y otros similares como los gobiernos de coalición) llevan ya varios años en la arena de la discusión pública. La elección francesa fue interpretada a la luz de los desafíos que para la gobernabilidad del país plantea la creciente fragmentación del voto y el escenario altamente probable de que en 2018 se elija un presidente que haya obtenido un respaldo ciudadano de menos de 30 por ciento.

En relación con las candidaturas ciudadanas, la pregunta que empezó a poblar las redes sociales y las páginas de los diarios, así como a ocupar los espacios de los programas de análisis dela radio y la televisión, fue “¿dónde está el Macron mexicano?” La pregunta, con todo lo que de simplificador pueda tener, da cuenta de un claro sentido de insatisfacción en tanto que, de cara a los grandes problemas nacionales, ningún partido ni candidato parece creíble y capaz de despertar el entusiasmo
ciudadano.

Con las elecciones francesas, de pronto se descubrieron las virtudes de las segundas vueltas y de las candidaturas independientes”.

Lo que conviene destacar es la enorme diferencia que hay entre la situación francesa y la mexicana. El camino para una candidatura al margen de los grandes partidos está abierto en Francia, mientras que en México, la propia partidocracia se empeñó en poner el mayor número de obstáculos legales (desde el número de firmas, el tiempo limitado para obtenerlas y las disparidades abismales en materia de financiamiento y acceso a medios). En otras palabras, el triunfo de un eventual candidato ciudadano se antoja poco probable.

Por otro lado, el mecanismo de la segunda vuelta y la celebración de las elecciones legislativas en una fecha posterior a la elección presidencial brindan a un candidato independiente la oportunidad de conformar una oferta de candidatos al legislativo, que podría ser avalada por la ciudadanía y así dotar al jefe del Ejecutivo de mayores capacidades de gobierno. Y este es el punto clave. Como mecanismo que simplemente da al ganador una mayoría absoluta de votos, la segunda vuelta no necesariamente se traduce en mayor legitimidad ni gobernabilidad. Se requiere, de entrada, un compromiso firme de los participantes en el proceso electoral con el respeto al resultado. Pero sobre todo, la segunda vuelta ofrece la posibilidad de celebrar un acuerdo explícito o tácito entre la opción ganadora y otras fuerzas que no lograron calificar a la segunda vuelta y
así conformar un gobierno de coalición. Esta figura que ha sido discutida desde hace varios años, por fin se materializó en la reforma política de 2013, pero a medias. Se reconoció la figura en el texto constitucional, pero desde hace cuatro años están pendientes las leyes secundarias, indispensables para hacer operativo un gobierno de coalición. No es este un obstáculo menor. El verdadero objetivo de la segunda vuelta es conformar gobiernos con suficiente apoyo legislativo. Y este apoyo es cada vez más indispensable en la medida en que, como lo señalamos líneas arriba,el fraccionamiento del voto marca una tendencia clara.

Finalmente, es importante señalar que la segunda vuelta ofrece al elector la posibilidad de emitir en la primera ronda un voto en conciencia y sobre la base de la identificación ideológica y programática y emitir en la segunda vuelta un voto útil.

¿Convendría a México explorar opciones como la segunda vuelta, los gobiernos de coalición y realmente abrir las puertas al surgimiento de nuevas propuestas partidarias o de candidatos independientes? La respuesta parece a todas luces afirmativa.

México debe encarar el desafío de la gobernabilidad. No es suficiente un sistema electoral técnicamente bien manejado y garante de que el voto cuenta y se cuenta bien. Es momento de dejar de ser una anomalía entre los sistemas presidencialistas y multipartidistas.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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